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65 años de euskal dantzak en Durango [eta bere konexio mexikarra] (El Correon)

2026/09/09

Varios jóvenes crearon la asociación Tronperri en el convento de San Francisco en 1961 para impulsar la cultura dirigida a los chicos y chicas del pueblo y este sábado cumplirá su aniversario

Lotura: El Correo

Javier García Legorburu. Una decena de jóvenes de Durango se juntaron en la parroquia del convento de San Francisco en 1961 y gracias a la mediación del capellán Don Eduardo Ryán, decidieron dar un impulso a las euskal dantzak y crear la asociación Tronperri, término con el que los vecinos de los municipios de alrededor de la comarca les llamaban a los propios durangueses. Este sábado, el colectivo cumple 65 años y ha preparado una serie de actos conmemorativos que incluirá un poteo entre, comida, bingo y una romería.

Los dantzaris fueron Nicolás Alberdi, Pedro Ugarriza, José Ignacio García, Javier Garrido, José Ignacio Andreu, José Ignacio y Javi Villanueva, Javi Idigoras y Jesús María Uriarte y junto a los preparadores José Ignacio Erdoiza y Andreu Erdoiza y los txistularis Juanan y Amaia Aroma y Anton Alberdi y el atabalero Juan Mari Zurikarai 'Boni' decidieron impulsar la cultura vasca.

Precisamente, Aroma, recuerda que poco antes se rompió un grupo anterior, Garbi Alayak, ya que un 18 de julio no quisieron bailar. «El párroco de Santa María nos dejó de autorizar el local y se deshizo el grupo. Nos llamaron desde la asociación Juventud Franciscana y al de poco surge el nombre de Tronperri. Parte de las herramientas habían quedado en la sacristía de Andra Mari y unos cuantos cogimos las espadas, los palos y chelines»

El nombre de Tronperri tiene una curiosa anécdota. «Nos presentamos en septiembre en fiestas de Erandio al primer concurso de danzas vascas y había que hacer un baile. Había cerca de 40 grupos. Entonces, José Ignacio Villanueva, cuando registró el grupo, le dijeron desde el jurado que no podía poner 'grupo de danzas de Durango' y entonces llamó a José Erdoiza y le dijeron pon Tronperri o Sapuherri o lo que sea y puso el primero. En aquellos inicios, también existió un grupo de chicas que había en San Francisco, denominadas como las Heralditas y parte de aquellas chicas son las que empezaron a bailar en Tronperri», recuerda.

Una de sus integrantes más veteranas es Onintze Villanueva, que lleva más de cinco décadas en el colectivo. «Durante los cinco primeros años de vida, se dedicó a la interpretación participando en una serie de concursos y exhibiciones por Euskadi. Después, se formaron los grupos de pequeños. El objetivo era tener un organigrama estable y continuista en la enseñanza gratuita de la danza. Los monitores nunca han cobrado nada y sigue en la misma tónica», resume orgullosa.

Durante este tiempo, han recorrido los diferentes rincones de Guipúzcoa, Álava, Navarra, Zuberoa, Lapurdi o San Juan de Luz. «Incluso llegamos a ir hasta Andorra para transmitir las danzas por todos los lugares. Además, participamos todos los años en las Umeen Euskal Jaiak, las fiestas patronales de Durango y en el festival de villancicos», resume.

Durante estas más de seis décadas de trayectoria, reconocen que han tenido que atravesar momentos más bajos pero siempre han superado las dificultades organizando campamentos, excursiones, salidas generales a otros sitios, colaborar con todas las sociedades de Durango, con el Orfeón, centro extremeño, txistularis… en forma de intercambio de actos.

Siempre fieles a la esencia de las danzas vascas

Ahora, entre 50 y 60 dantzaris, desde los cuatro años hasta en edad adulta, se afanan en transmitir la danza vasca todas las semanas en las aulas de la Merkatu Plaza de la villa. «En una época llegó a haber hasta 200 personas entre pequeños y mayores. En mi caso, aprendí las danzas vascas en México, ya que mi familia era refugiada por política, fuimos allí y aprendí a bailar en el centro vasco. Cuando vine a Durango, me dijeron que necesitaban gente para preparar. Empecé con un grupo de crías entre dos años y medio a cinco», afirma. A su vez, también tiene un especial recuerdo de Izaskun Aliende, integrante del grupo y alumna suya desde los 7 años y que falleció el pasado mes de agosto con 55 años.

Onintze también indica que lo mejor de Tronperri ha sido el deseo de la gente de no perder la danza vasca. «Al contrario, siempre hemos querido promocionar y aumentar y ante las dificultades superarlas para que el grupo siga. La enseñanza siempre ha sido gratuita, medio pueblo ha pasado por el Tronperri para aprender.

Mientras, el presidente actual, Alberto Izagirre, reconoce que se involucró hace más de dos décadas en la asociación, gracias a que sus hijos comenzaron a bailar. «Que no se pierdan las euskal dantzak, ese es el gran objetivo, ahora hay muchas más actividades o competencia que antes. Me gusta que seamos populares, somos más de bailar en el suelo y en el cemento que en el escenario. Hay que mantener la esencia y tradición. Estaremos ahí hasta que la gente de Durango quiera», prosigue.



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