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La Pampa: Juan Tellechea, el hijo del lechero que llegó a médico (La Arenan)

2022/07/10

Es un conocido profesional, respetado y querido por colegas y pacientes. Recibido en la Universidad de La Plata, completó su formación en Marsella, pero decidió que su lugar para vivir era Santa Rosa.

Lotura: La Arena

Mario Vega. Aunque ahora la podemos observar quizás algo paralizada, o más dificultosa para que se produzca, hubo un tiempo de clara movilidad de clases en la Argentina. Esto es que gente de la parte inferior de la pirámide haya podido ascender en la escala social. Y en ese sentido habrá que admitir que resulta indudable que la gratuidad de la enseñanza en nuestras universidades contribuyó grandemente para que eso sucediera.

Millones de estudiantes a través de los años -que venían de clases trabajadoras y en muchos casos de hogares muy humildes-, pudieron acceder a la posibilidad de graduarse y hacer realidad aquel sueño de "mi hijo el doctor".

En estos tiempos donde aires borrascosos amenazan los derechos de trabajadores, de estudiantes y de la sociedad en general -de la mano de políticos que están al acecho y no conciben que la educación es un derecho y no un privilegio-, vale la pena rescatar aquella realidad.

Quico para todos

Y algo de eso debe haber sucedido con Juan Alberto Nicolás Tellechea (69), médico desde hace alrededor de 45 años, que sigue firme trabajando en su profesión. "Quico" para sus amigos y allegados -era el sobrenombre de su padre, que adoptaron para él los compañeros del secundario y que le quedó para siempre-, es un médico muy querido en la ciudad, por su capacidad profesional, por su carácter afable, y por su facilidad para hacer y mantener amigos.

En estas horas él y su entorno íntimo se encuentran frente a una situación que tiene que ver con nuestra actualidad como país. Su hijo, Juan Ignacio (Nacho), también médico, se acaba de instalar en Barcelona, porque dedicado a lo que es la medicina de alta complejidad -lo que se dio en llamarse medicina con "inteligencia artificial"-, no encontró aquí campo fértil para desarrollarse.

Y precisamente este dato es trascendente en la vida familiar, porque aquí quedaron -Quico y su esposa- los abuelos de los tres hijos de Nacho que, naturalmente, sufren la lejanía aunque comprenden el contexto.

El hijo del lechero

Antes hacía referencia a la movilidad social, y justamente la vida de Juan Alberto Nicolás Tellechea está marcada por esa circunstancia. ¿Por qué? Porque su abuelo, y luego su padre, fueron lecheros en Alpachiri. Sí, de aquellos que andaban por el pueblo con el clásico carro tirado por un caballo, y con los tarros de leche repartiendo casa por casa.

Es decir, eran laburantes que -afirmados en su trabajo cotidiano- a lo mejor soñaban con que sus descendientes pudieran ascender socialmente, e incluso como en el caso de Quico graduarse de médico.

La familia

Lo cuenta con entusiasmo y lujo de detalles. Casi se diría con orgullo: "Soy segunda generación de inmigrantes vascos: uno de mis abuelos era Juan Bautista Tellechea, de Eskurra; y el otro Nicolás Lazarte, de cerca de San Sebastián; y en La Pampa vinieron a vivir en el campo en la zona de Alpachiri donde tenían una chacra. Mi papá también era Juan Bautista, y mi mamá Erna, de Alpachiri. Somos tres hermanos, Erna que se llama como mamá y tiene inmobiliaria; y Enrique que es arquitecto", puntualiza.

Casado con Ana Inés Tanco, de Pigüé, también médica ecografista de ginecología y obstetricia que trabajó siempre full time en el Lucio Molas (ahora jubilada), tuvieron dos hijos: Juan Ignacio (Nacho), médico, fanático de Rácing; y Lucía, farmacéutica.

Nacho se casó con Inés Molejón, de Santiago del Estero, joven profesional pos doctorada en Francia en Biología Molecular. Ellos les dieron a Quico y su esposa tres hermosos nietos: Juan Pedro (7), Francisco (5) y Esmeralda (2).

En la escuela rural

Le gusta precisar que nació en Alpachiri, que sus primeros años de primaria los hizo en una escuela rural de General Acha (a unos 20 kilómetros del pueblo) en la que sólo había tres alumnos, y que cerró cuando él quedó como el único concurrente en segundo grado. Más tarde sus tíos lo llevaron a Alpachiri y allí habría de terminar en la Escuela 63.

Cuando sus padres compraron una chacra en las afueras de General Acha lo llevaban todos los días a la escuela en sulky, o a caballo. El secundario también lo hizo en la misma ciudad, de donde -enfatiza- le quedaron "los amigos de toda la vida".

"El Vasco" Tellechea es de esas personas a las que les encanta volver sobre sus pasos para evocar otras épocas, y a lo mejor no deja de ser una buena manera de revalorizar el presente.

Los amigos

Se ríe cuando se lo digo y tiene una respuesta: "Lo que pasa es que esto de los amigos es como dijo Borges. Decía que 'los amigos son los del secundario', y me parece que tiene razón, aunque es verdad que en el camino de la vida uno va descubriendo que existen otras amistades", agrega.

A mi pedido, y aún con el riesgo de omitir involuntariamente algunos, menciona a algunos, de aquellas épocas y otros con los que se vincularía después, como Rubito Gutiérrez, Pablo Langlois, Juancho Jacques, Raúl Obieta, El Negro Pascio, Luisito Heguy, Pablo Balaguer, y El Vasco Bertcetche. Aunque tiene muchos otras relaciones de afecto logradas en los distintos ámbitos donde se ha movido desde siempre.

La adolescencia

Alguno de sus amigos fue quien mencionó que Quico cuando tenía 17 años ganó una beca del Rotary Club para un intercambio cultural, por lo que estudio algunos meses en el estado de Pensilvania (Estados Unidos). "Fueron algunos meses pero toda una experiencia porque me fui sólo y lejos, del campo a una ciudad y una cultura desconocida... y encima apenas balbuceando un inglés muy parecido al de Tarzán, el Rey de la Selva", se ríe.

Fue en 1970 que se fue a estudiar a La Plata, junto con varios de sus compañeros de secundaria. "¿Cómo fue que me decidí por Medicina? Por un test vocacional que nos hacían, que me dio que era esto, o Veterinaria u Odontología. Y bueno, aún cuando uno de mis tíos estaba decidido a pagarme la carrera de Agronomía me decidí por Medicina, y me recibí en 1978. Después hice la especialidad en el Hospital Posadas, donde incluso viví dos años en una piecita", cuenta.

En La Plata

Eran tiempos difíciles en nuestro país mientras Quico cursaba sus estudios universitarios en La Plata. "Era terrible, y junto a mi esposa pudimos ver un secuestro en plena Plaza Rocha... vimos cuando a un muchacho lo agarraron entre varios, lo tiraron dentro de un auto y lo llevaron tapado con algo... fueron épocas lamentables y peligrosas", agrega.

Pero hubo por suerte algunas historias más reconfortantes, como la participación en el crecimiento de La Casa de La Pampa en La Plata, donde se congregaban y ayudaban a estudiantes para poder estudiar en esa ciudad. "Fue una época hermosa, y me acuerdo que cuando se inauguró fue el gobernador Regazzoli, que nos hizo llegar un camión con leña para los asados... hacíamos grandes choripaneadas, famosas en La Plata; y vendíamos el vino de damajuanas", evoca.

Fue más o menos en esos años que se casaron con Ana Inés, que obviamente también estudiaba medicina.

En el Posadas y en Marsella

Después Quico ganó un concurso para poder realizar la residencia en Gastroenterología en el renombrado Hospital Alejandro Posadas, en Buenos Aires. "Tuve la suerte de tener la formación con los profesores Pablo Mazure y Luis Colombato, que fueron fundamentales en el crecimiento de la especialidad en nuestro país", se congratula.

Una vez finalizada su residencia continuó su experiencia y formación en el exterior, en el centro referente mundial y europeo que es el Hospital Santa Margarita en Marsella (Francia). "Estuve tres años y también me tocaron profesores fantásticos, sumamente reconocidos como José Sahel y Henri Sarles. Este fue autor de textos fundamentales en el campo de la Pancreatología", la rama que estudia las enfermedades que afectan al páncreas.

Regreso a La Pampa

Juan es, por herencia familiar "y por convicción", reafirma, militante radical, aunque no fue nunca candidato y no le interesa la política desde ese lugar. "Ahora mismo integro la mesa de Salud del Comité Provincia de la UCR, y hago algún aporte ahí, pero nada más", completa.

Precisamente fue con la vuelta a la democracia que recibió una invitación para regresar a La Pampa. "Aquí solamente hacían Gastroenterología Mario Vitoloni y Carlos Fanjul (uno cirujano endoscopista y el otro clínico) había bastante para hacer. En 1986 hubo un concurso abierto en el Hospital Lucio Molas, y me tocó ingresar", precisa. Allí iba a ser uno de los encargados de fundar el primer Servicio de Gastroenterología y Endoscopía Digestiva de la Provincia.

Es uno de sus amigos médicos quien reconoce que fue "el primero en llegar a la provincia con un título de Gastroenterólogo".

El doctor Tellechea, mientras cuenta su experiencia en el Molas, no quiere dejar de reconocer la tarea "de la entrañable enfermera Inés Coronel, que nos acompañó durante 25 años".

Gastroenterología en La Pampa

Y desde el servicio del Molas se ocupó de impulsar múltiples innovaciones en el campo de la Gastroenterología en La Pampa, como fue la primera videoendoscopía digestiva; y allá por 1987 -que ahora aparece como lejano-, la primera cirugía endoscópica de la vía biliar llamada Colangio Pancreatografia Retrógrada Endoscópica, entre otras muchas actividades.

Con posterioridad, cuando era subsecretaria de Salud la doctora Ema Rodríguez de Yep, Tellechea decidió que tenía que trabajar par time en el Lucio Molas; y pudo pasar a desempeñarse atendiendo en el Sanatorio Santa Rosa.

Eso hasta que surgió la posibilidad de abrir -junto con los doctores Líber Véliz y Carlos Fanjul (más tarde llegaría Marcelo Vassia)- el Centro de Enfermedades del Aparato Digestivo, que funcionó en Oliver y Alem.

Fue en 1999 que hizo realidad el proyecto que tenía en mente hacía mucho tiempo. "Ahí armamos Profensa (Profesionales en Salud, que funciona en Urquiza 164), donde trabajo desde entonces. Vengo a las 9 de la mañana y le pego derecho hasta las 3 de la tarde", indica.

El Centro Vasco... y Racing

Pero no todo debe pasar por el trabajo, o el desempeño de una profesión, y por eso Juan tuvo tiempo de ocuparse de distintas cosas. "Por un lado me encanta mucho leer, miro algo de televisión, pero también soy socio fundador del Centro Vasco, que se creó en 1991 y donde hemos llevado adelante muchas actividades", señala.

Se entusiasma cuando dice que es hincha de Racing de Avellaneda, y que es integrante de la Peña que reúne a los simpatizantes en Santa Rosa. "Siempre me gustó el fútbol, jugaba pero confieso que era malo... Pero sí, soy de Racing, aunque cuando vivía en La Plata seguíamos al Lobo (Gimnasia), sobre todo en los segundos tiempos, que era cuando habilitaban a la familia 'Miranda' (los que entran sin pagar), porque no siempre teníamos para la entrada", rememora.

Primer sueldo para la Academia

Narra con detalles cómo fue la primera vez que fue al Cilindro de Avellaneda (la cancha de Racing). "Cobré el primer sueldo en el Hospital Posadas, primero tomé el tren, y después en colectivo hasta la cancha... me hice socio enseguida y desde entonces fui muchas veces. Después aquí, con un grupo de amigos (Tiki Davini, Chamaco Lastiri, Alfredo Iturri, Nicolás De Niro, Pelusa Fuertes, El Vasco Bercetche, El Negro Troncoso, El Negro Prieto, Pablo Girard, etcétera) armamos la peña", dice sin ocultar su entusiasmo.

Quico agrega que le insufló el espíritu académico a su hijo, Nacho: "Es enfermo de Racing y hasta fue médico de las inferiores del club", apunta.

Por siempre médico

Su espíritu inquieto lo llevó a juntarse con otros descendientes y así participó activamente en la fundación del Centro Vasco de Santa Rosa, el Zelaiko Euskal Etxea, del cual fue integrante de su primera comisión directiva.

En ese sentido Quico reivindica que eso de participar puede tener que ver con una suerte de herencia familiar: "Mi padre participó de la fundación de tres cooperativas agrarias, las dos de Alpachiri y la que existió en General Acha, lamentablemente hoy desaparecidas", completa.

El doctor Tellechea ha sido, sigue siendo, un profesional inquieto, siempre dispuesto a dar un poco más. Cuando le pregunto si pensó en dejar de ejercer fue contundente en la respuesta: "¡Y que hago si no soy médico!". Toda una definición de un modo de vivir...

Como se ve, Quico sigue en lo suyo pero ahora extrañando a sus nietos y entendiendo que muchas cosas cambiaron. Reflexionando que habrá que tener la esperanza de que alguna vez llegará esa Argentina que todos queremos... pujante, plena de oportunidades para nuestros jóvenes, atractiva para los profesionales de cualquier profesión u oficio que no necesitarán emigrar para desarrollarse. Ojalá que podamos llegar a verla. Es lo que todos deseamos... ¿O no es así, doctor Quico?

Nacho, el hijo que ejerce en Barcelona

En un momento de la charla no puede evitar referirse a Nacho, su hijo, instalado ahora en Barcelona junto a su familia y desempeñándose en el Hospital de Tarragona. "Fueron ocho meses de insomnio desde que me contó de esa posibilidad, hasta que finalmente se concretó y bueno... uno tiene que aceptarlo. Aunque es duro porque Ana Inés y yo extrañamos errores a los nietos, y Lucía a sus sobrinos", admite.

Y enseguida explica porque emigró Nacho. "Es una crisis de crecimiento profesional... aquí nunca pudo entrar al Lucio Molas para poder hacer equipos, porque hace 30 años que no hay concursos; y por otra parte aunque tuvo algunos ofrecimientos del hospital Alemán y del Austral no los tomó porque no quiere vivir en Buenos Aires".

Y sigue: "Venía trabajando muchísimo: en Santa Rosa, Bahía Blanca, 9 de Julio y General Pico; pero era bravo porque salía a las 9 de la mañana y volvía a las 11 de la noche... y eso no es calidad de vida", argumenta.

Posibilidad para desarrollarse

Y completa: "A Nacho le interesa la medicina de alta complejidad, que aquí no se puede hacer... Lo suyo tiene que ver con la inteligencia artificial vinculada a la medicina, y allá puede ejercer con esa posibilidad".

Y Quico aporta otro dato: "Además hay que tener en cuenta que cuando se habla de renovar equipos es casi imposible. Cuando lo hice en un momento se necesitaban 10 mil estudios; y ahora eso se fue a unos 30 mil estudios, que son 20 años de trabajo... de modo que ni pensarlo", agrega.

Y completa: "Se puede decir que él es 'hiper especialista' y aquí no se podía desarrollar. Además a Inés, su esposa, por su especialidad allá la captaron de inmediato. Y entonces no nos queda más que aceptar esta situación", afirma convencido.

En el final evalúa que en La Pampa "hay un buen servicio de salud", que "aunque tuvimos demasiado encierro, en pandemia se hizo un buen trabajo, con un buen plan de vacunación y un personal comprometido en un momento tan difícil", concluyó.

Su vida en Santa Rosa

Cabe decir que pasó algunos momentos complicados Quico Tellechea. En 2016 recibió un trasplante de hígado, y por suerte todo fue bien. "De todos modos me tengo que cuidar, y por eso hago actividad física: dos días de gimnasio y dos de caminatas. Y aquí vamos...", cuenta.

Después se refiere a Santa Rosa, el lugar que eligió para vivir: "La siento muy amigable, con su gente poco clasista, igualitaria, y eso lo advertí en mis años en el Hospital Lucio Molas. Estoy muy identificado con la ciudad".



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