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Los pastores vascos, nexo de unión entre Utah y Jabaloyas (El Heraldo-n)

2020/05/31

La revista de historia del Estado de Utah, en los EE. UU., dedica un reportaje a su «historia compartida» con Jabaloyas, que a principios del siglo XX aportó 61 obreros a sus minas

Lotura: El Heraldo

Luis Rajadel. Los pastores vascos que desde el siglo XIX emigraron para trabajar en el oeste de los Estados Unidos propiciaron las primeras salidas desde Jabaloyas y otras localidades de la Sierra de Albarracín hacia el codiciado destino americano durante el primer tercio del siglo XX. Este fenómeno migratorio, que se centró en localidades del sur de la provincia, tuvo como principal foco emisor a Jabaloyas, que vio cómo en las tres primeras décadas del siglo pasado 125 vecinos partían en busca de un salario dignoal otro lado del Atlántico. El destino más habitual fue el estado de Utah, con 61 casos, seguido de Idaho, con 28. Trabajaron como mineros, principalmente, y también en el pastoreo.

El origen, evolución y balance del proceso migratorio desde la provincia de Teruel y más concretamente desde Jabaloyas a los Estados Unidos se refleja en un extenso artículo publicado en el último número de la revista oficial de historia de Utah, 'Utah Historical Quarterly' (UHQ). El reportaje, escrito por el investigador Raúl Ibáñez y traducido por Angélica Leal, cuenta como las relaciones personales entre los ganaderos de la sierra de Albarracín –una comarca tradicionalmente volcada en el sector pecuario– con pastores vascos estimularon las primeras salidas en dirección al Nuevo Continente en busca de una vida mejor.

Ibáñez relata cómo el primer "jabaloyano" cuya estancia se ha documentado en Utah, Bruno Monleón Domingo, partió del puerto francés de Le Havre el 24 de mayo de 1913 acompañado del vasco Román Mendiguren, que tenía "el mismo destino y persona de contacto" en la ciudad de destino, Ogden (Utah). Monleón, que acabaría casándose con una vasca, fue el pionero de una larga cadena que llevó a un centenar de paisanos de Jabaloyas a los Estados Unidos, la mitad de ellos a Utah.

Pero la corriente migratoria se extendió por otras localidades del entorno, como La Puebla de Valverde, Valdecuenca, Bezas, Terriente y Teruel capital. En total, la provincia aportó un millar de emigrantes en dirección a los EE. UU. en el primer tercio del siglo XX. La inmensa mayoría regresó a casa tras hacer unos ahorros y la huella de aquel fenómeno prácticamente se había "perdido" hasta que una investigación sobre el padrón de Jabaloyas de 1920 reveló la presencia de numerosos casos de emigrados a "Vinyan Canyon América del Norte". Al tirar del hilo y tras consultar archivos de Utah y de la isla de Ellis (Nueva York), se pudo documentar el éxodo desde el corazón de la Sierra de Albarracín a los EE. UU. Jabaloyas tenía en 1920, el año punta de la emigración a Utah, 719 habitantes.

Aunque las primeras salidas estuvieron marcadas por la tradición ganadera de Jabaloyas, la mayoría de los emigrados se dedicaron finalmente a la minería en la gigantesca explotación de Bingham Canyon, todavía activa y dedicada, principalmente, a la producción de cobre. Pero la actividad minera era dura y peligrosa, lo que animó a parte del contingente emigrado desde la sierra de Albarracín a cambiar de oficio para hacerse pastores, una actividad en la que su experiencia era muy bien valorada. En algunos casos, el trabajo de pastoreo se desarrollo en el estado vecino de Idaho.

El impacto económico, demográfico y cultural de la experiencia americana fue importante en Jabaloyas, con una población actual de 63 vecinos –tantos como emigrantes terminaron en Utah hace un siglo–. Los ahorros sirvieron para emprender una nueva vida de vuelta a casa y con el regreso se extendieron costumbres también importadas de los EE. UU. como el juego del poker o la afición al boxeo.

El Ayuntamiento de Jabaloyas ha iniciado las gestiones para el "hermanamiento" con la ciudad heredera de la desaparecida Bingham Canyon –desalojada por el crecimiento de la mina–, que podría ser la vecina Ogden. El proceso, paralizado por la epidemia del coronavirus, permitirá los vecinos de Jabaloyas "recuperar la conexión que sus padres y abuelos tuvieron con Utah hace un siglo", concluye Ibáñez en el artículo de UHQ, que ha titulado "La historia compartida de Jabaloyas y Utah".

El sueldo de un año para pagarse el billete a los Estados Unidos en 1920

El historiador Raúl Ibáñez cuenta que el largo periplo marítimo que un centenar de vecinos de Jabaloyas hicieron a principios del siglo XX hasta el puerto de Nueva York partiendo de Le Havre (Francia) estuvo salpicado de dificultades, empezando por el coste del billete, 300 pesetas en tercera clase. Con un sueldo diario de 1,40 pesetas, comprar el pasaje suponía "trabajar y ahorrar durante cerca de un año", explica el investigador. Cuando el ahorro no alcanzaba, los emigrantes recurrían a prestamistas o a familiares para pagarse el pasaje.

El empeño en cruzar el Atlántico se justifica por los mejores salarios estadounidenses, que oscilaban entre 11,70 y 20,70 pesetas –entre 2,20 y 3,90 dólares–, además de mejores condiciones de vida. Ibáñez cuenta en el artículo publicado en 'Utah Historical Quarterly' que, además, la tierra de la Sierra de Albarracín estaba acaparada en muy pocas manos, lo que dejaba a su capricho el trabajo de la mayoría.

Los emigrantes de Jabaloyas preferían partir desde Le Havre para atravesar los 6.000 kilómetros hasta Nueva York en lugar de tomar el barco en el puerto de Valencia, mucho más cercano, porque la duración de la travesía se reducía a 11 días, frente a los 20 que duraba partiendo de la capital levantina. Además, Raúl Ibáñez apunta otro motivo. Según explica, la mayor parte del contingente emigrado lo formaban jóvenes en edad del servicio militar y embarcando en Francia evitaban la posibilidad de ser detenidos como fugitivos que eludían un posible reclutamiento para la sangrienta guerra de Marruecos. Las salidas desde Jabaloyas se centraron en los hombres solteros de entre 16 a 20 años (el 40% del total), aunque también hubo algunos casados y un 5% de mujeres.

El agotador viaje se tradujo en mareos e indisposiciones de pasajeros que, en muchos casos, nunca antes habían visto el mar. Pero al llegar se enfrentaron a nuevas dificultades por la dureza del trabajo y ante un idioma totalmente desconocido para ellos.



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