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Venezuela: José Arriaga Guerriquechevarría, el emigrante en la sangre (Deian)

2023/01/16

José Arriaga Guerriquechevarría, nacionalista vasco, abrió el histórico ‘night-club Pasapoga’ de Caracas en la dictadura de general Pérez Jiménez

Lotura: Deia

Iban Gorriti. En los años 50, el vizcaino José Arriaga Guerriquechevarría inauguró un night-club en Caracas que fue el más famoso del momento en la capital venezolana y por el que desfilaron los mejores artistas del momento. Fue el lugar de moda de la élite de la ciudad y se llamó Pasapoga, nombre que compartía con otros locales famosos del mundo. Arriaga fue su propietario, uno de los primeros exiliados que llegaron a la república americana en el barco Cuba en 1939. Aconteció cuando finalizaba la Guerra Civil en el Estado español con el sanguinario dictador Franco como ganador y estallaba la Segunda Guerra Mundial desatada por la Alemania nazi y el imperio de Japón con la intención de establecer, por medio de la conquista militar, un dominio permanente sobre Europa y Asia, respectivamente.

Natural de Gernika, era el tío del editor de la revista vasco-caraqueña Jazoera, Pedro Javier Arriaga, quien lo califica de “tipo particular, muy emprendedor”, así como “siempre nacionalista vasco, celebrando con una botella de champán cada vez que existían rumores de la muerte de Franco, satisfacción que no vio en vida ya que José falleció en Maracay en 1975, pocos meses antes que el totalitarista español”. Desde que nació, Arriaga escuchó con mucha atención en casa las historias de su padre, Antonio Arriaga Guerriquechevarría, de cómo arribaron a Venezuela en el primer barco de exiliados vascos a aquel país, el paquebote Cuba, de la Compagnie Genérale Trasatlantique. “Mi imaginación se llenó de imágenes de todo lo que vivió aita junto al tío José y todos esos exiliados: de la vida en el barco, de las historias de los gudaris, de lo que vivieron cuando llegaron a Venezuela, de cómo fueron recibidos nada más y nada menos que por Arturo Uslar Pietri, el gran escritor, que para mí era referencia de literatura venezolana, de las personas que aita conocía y componían la comunidad vasco-venezolana, y de sus historias en Iparralde antes de partir”.

Todo aquel imaginario comenzó en aquella Gernika que en 1937 sería volatilizada por los aviones nazis alemanes y fascistas italianos con el beneplácito de los generales golpistas españoles. El matrimonio compuesto por Mateo Arriaga, natural de esta localidad, y Juana Guerricaechevarría –lectora empedernida–, de Erandio, habían vivido un tiempo en Estados Unidos. “Tenían, como decían, el emigrante en la sangre. Buscaban progresar”. Así, partieron una vez más, en esta ocasión a Lapurdi, en 1929, siete años antes de que estallara la Guerra Civil y se instalaron de forma concreta en Donibane Lohitzune, donde residieron diez años hasta que llegaron los primeros ecos de la Segunda Guerra Mundial. “En Iparralde mi padre y mi tío estudiaron y trabajaron en diversos lugares, entre ellos destacaron de caddie en el campo de golf, donde iban personas de toda Europa para disfrutar del deporte”.

En 1939, la familia vive una emigración más. Esta vez como primer grupo de exiliados a Venezuela a bordo del Cuba, gracias a las negociaciones tramitadas por el Gobierno vasco en el exilio y su homólogo venezolano. A su llegada a América, Mateo consiguió empleo en la ciudad de Mérida: cultivaría la tierra en la Hacienda La Otra Banda. Al poco tiempo, el instinto emprendedor de José le conduce a Caracas. Mérida se le quedaba pequeña, y partió solo a la capital, donde comenzó a trabajar como mesonero en el afamado hotel Majestic. Esto conllevó a que el núcleo familiar viajara a su lado. En ese momento, José comenzó lo que sería su vida, dedicarse al negocio de los restaurantes.

Negocios

El primer negocio que abrieron los hermanos Arriaga fue el llamado Pelotari, precisamente en la esquina La Pelota. Era una zona donde en la época colonial existió un frontón donde jugaban los vascos de la Compañía Guipuzcoana junto a otros locales. José conoció a Irma Uzcategui, con quien contraería nupcias y formarían una familia con sus hijos Maite, Irma y Joseba. Ayudó a Antonio, dos años menor, a abrir el restaurante Maitena, en El Paraíso, una de las 32 parroquias de Caracas. En ese tiempo, José inauguró el que, según su sobrino Pedro Javier, “ha sido quizás el mejor night-club que ha existido en Caracas, Pasapoga, en el Edificio Karam de la avenida Urdaneta, donde presentó y se hizo amigo de grandes personalidades del espectáculo como Josephine Baker, Bolita de Nieve, y según se dice la que sería la futura primera dama de Argentina, Isabel, a quien Juan Domingo Perón conoció allí”.

Aquel local de moda marcó época hasta el punto de que el periodista venezolano Óscar Yanes publicara un libro titulado Del Trocadero al Pasapoga. Esta obra de 1993 narra la vida venezolana desde 1948, cuando fue derrocado el gobierno constitucional del presidente Rómulo Gallegos, hasta el golpe de Estado del 1 de enero de 1948, que señala la caída del general Marcos Pérez Jiménez, quien murió en Alcobendas en 2001. Uno de los protagonistas de esta obra dice: “Venezuela ha sido un gran cabaret. Cada gobierno ha tenido su cabaret, su fichera, su chulo, su mesonero y su músico… Mi Trocadero representó pecados y virtudes en la época del presidente Media; después vino Pérez Jiménez y el país se sentía representado en el Pasapoga, el Plaza y el Tropical”. Pedro conserva una anécdota de su tío de esos días. “Al caer la dictadura de Pérez Jiménez, tío José, que vivía en la zona de Chacao, tocó las campañas de la iglesia por el júbilo de ver la llegada de la democracia”. Lo hacía mientras urdía nuevos proyectos: abriría otros establecimientos como fueron Politena o Chicote. Y llegaría su nueva época en Puerto La Cruz, donde regentó el hotel Guaraguo. En los años 60, José viajó a Maracaibo como representante de ventas del whisky Bells. “Y llegó Maracay a su vida, regentando el moderno autocine de la Avenida Las Delicias”.

En su ocaso vital, aquel Arriaga creó en su casa del callejón Paraíso de El Castaño el restaurante Maitena, “muy apreciado en la capital aragüeña”. Murió en 1975 un hombre que, en toda su andadura por Venezuela, “siempre fue consecuente en la comunidad vasca, siendo socio fundador de Euzko Etxea Caracas; accionista de Inmobiliaria Euskalduna cuando se construyó la sede de El Paraíso; en Maracaibo también fue socio del Centro Vasco y como aragüeño fue socio de Eusko Etxea de La Victoria. Y nacionalista, siempre nacionalista”.



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