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Kepa Junkera obtiene un gran éxito en el teatro O’Reilly de Dublin, después de recorrer medio mundo con su música, la trikitixa

24/05/2004

Kepa Junkera con su inseparable trikitixa.
Kepa Junkera con su inseparable trikitixa.

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El público del teatro O'Reilly de Dublín tuvo ocasión el sábado, 22 de mayo, de escuchar a Kepa Junkera, uno de los artistas vascos más internacionales. Portugal, Japón, China, Escocia y EE.UU. han sido también antes, testigos de su peculiar forma de vivir la música que surge de los instrumentos tradicionales, con los que afronta ahora nuevos retos. La suya ha sido una trayectoria marcada por un afán innovador que, en sus inicios, fue tratado con incomprensión y le costó muy duras críticas. Su último proyecto es una carrera superior de música tradicional en el Centro de Música Superior del País Vasco, llamado ‘Musikene’. A continuación les ofrecemos una entrevista realizada a Kepa Junkera en el diario Gara . Junkera asegura, que ‘la trikitixa tiene sus límites, no así la música, las ganas de hacer’.
¿Qué objetivos educativos se ha fijado para estos nuevos estudios?

Yo empecé en el mundo de la trikitixa de forma autodidacta. No había ni profesores, ni métodos y muy pocos discos. Con 17 ó 18 años decidí dedicarme a esto por entero. Me propuse entonces hacer un método para la trikitixa. Fui desarrollándolo y me fui dando cuenta de que existía un vacío enorme en cuanto a publicaciones, metodología. Me pareció que había que hacer algo, también para fomentar la futura cantera de músicos, ya con una formación algo más amplia.

¿En qué tipo de preparación piensa para sus alumnos?

Mucha gente toca la trikitixa pero no conoce cómo funciona la alboka o desconoce el mundo de la txalaparta. La triki, la alboka, la txalaparta forman parte de nuestra personalidad y a ese alma se le pueden unir otros instrumentos, otros colores, otras sonoridades, otros lenguajes. De esta carrera creo que va a salir gente muy bien preparada a todos los niveles, un músico mucho más abierto, conocedor de otras culturas. Pienso que en Euskal Herria tenemos que conseguir personas preparadas en nuestros sonidos pero sin que pierdan en improvisación, en creación. Mientras, alguien debería echar un vistazo a la base, a las escuelas de música, para ir mejorándolas.

¿Sería una carrera de cuántos años?

De cuatro años, muy exigente pero sinceramente muy bonita. Siento cierta envidia, porque me gustaría ahora ser alumno.

Persigue la idea de un músico integral.

Sí, es lo que va a marcar estos cursos, es el objetivo por el que he luchado. A mí me suelen relacionar sólo con la trikitixa, sin embargo, me gusta todo lo que rodea a la música. Ahora hago también producciones, me gusta participar en las portadas, los vídeos. Haber hecho piezas con músicos de jazz, de clásica, de cualquier campo, de distintos países me ha enriquecido mucho. Intento trasmitir eso, me parece muy importante, porque creo que suma. Cuando empecé a componer mis canciones hubo un sector que me criticaba y decía que lo que yo tocaba no era trikitixa. Yo creo que estaban equivocados porque yo conozco y puedo tocar la triki tradicional, soy un enamorado de esa triki, lo que ocurre es que he querido hacer mi camino y mi música. Vivimos en un país en el que si haces algo parece que estás restando. Hay que sumar y eso es lo que siempre he intentado e intento ahora. Ahora me han pedido dar algún curso en Finlandia, en Suecia y creo que es importantísimo que conozcan nuestra música; que haya gente interesada en esos países me parece clave.

¿Qué ha supuesto para usted la experiencia educativa?

Me encanta dar clases. He dado clases de pandereta, de trikitixa, de conjunto. Con las clases tienes la posibilidad de compartir tus experiencias, tú también aprendes. Al terminar el curso, los alumnos que he tenido este año en ‘Musikene’ me han dicho que ahora escuchan la música de otra forma. Para mí es el mayor éxito que hemos tenido en estos dos años y no el que me digan que conocen no sé cuántos acordes más o no sé cuántos temas más.

Con todos estos proyectos y aún saca tiempo para componer temas como «Oliene», que ha acaba de recibir en Madrid el galardón a la Mejor Canción en Euskara de los Premios de la Música. ¿Cómo compagina todas estas tareas?

Se compaginan con distintos equipos. Soy una persona inquieta, es una necesidad interna. A ese nivel, a mí sólo me para el tiempo, porque me gusta lo que hago, disfruto, estoy dispuesto a afrontar las críticas y a salir al ruedo, por decirlo de alguna forma, pero siempre tirando hacia delante, con sencillez y humildad. Es muy importante tener buenos músicos que te aporten sus ideas, sus arreglos. A lo mejor yo soy la punta del iceberg y de imagen, pero detrás hay un equipo de gente muy grande.

Además, también es padre de tres niños.

La paternidad es algo que deseaba. Es una experiencia vital importantísima. Por supuesto que te emociona y te da inspiración. Dentro de la vorágine de las giras, de los viajes consigue asentarte y te hace desear otras cosas. Te da otra visión.

Hace unos años se dio un ‘boom’ de grupos alrededor de los instrumentos autóctonos que ha ido apagándose. ¿Cree que puede darse un retroceso?

Cuando yo empecé, en Gipuzkoa se mantenían varias generaciones. Había gente de 20, de 30, de 40, de 50 años. Sin embargo, en Bizkaia había un vacío muy grande. Hay que agradecer a esas generaciones que mantuvieron estos instrumentos, que siguieron creyendo en ellos sin los medios que hay ahora, simplemente por las ganas de hacer música, de salir, de tocar, de reunirse, de cantar. Esa generación ha sido importantísima. Años después surge una generación joven, que es la que rompe con la idea de que la música es sólo solfeo. Salieron unos grupos pero no es tan fácil como llegar y saber tocar. Si lo que pretendes es mantenerte, te hace falta tiempo.

¿Cuál es la salud de nuestros instrumentos hoy?

Los músicos de este país deberíamos viajar más, estudiar más, abrirnos. Tenemos la suerte de tener nuestros ritmos, nuestra idiosincrasia y la podemos sacar pero siempre con humildad, sabiendo que es una labor de años, sabiendo aguantar. Lo que no podemos hacer es sólo música para que suene en las fiestas. Es muy enriquecedor poder tener otras alternativas. En el mundo de la triki, hubo un momento en que siempre se utilizaba la fórmula triki, batería, bajo y guitarra para sonar en la plaza. Puedes hacer otro tipo de formaciones y tocar en otros sitios, pero hay que luchar. Va a ser difícil. Yo tengo muchos discos que han pasado desapercibidos pero he seguido porque era mi sueño.

Recientemente ha viajado a Portugal y anteriormente a Estados Unidos, Japón... ¿Cómo nos ven en el exterior?

En Estados Unidos la cultura es muy importante. Hay un público muy hábil y deseoso de escuchar. La gente que va a los conciertos es muy emotiva, con ganas de aprender. En cuanto a los músicos, su forma de trabajar es diferente: tocan más, pero habitualmente son formaciones más pequeñas, con menos despliegue técnico. Es parecido en Canadá y en Europa. En Euskadi, generalmente los músicos hemos hecho música para nosotros, salvo excepciones como Oskorri, que ha intentado mostrar su música a otras culturas. Esto no es el Brasil de la música, somos un pueblo pequeño pero tenemos una gracia que creo que debemos aprovechar. Hay que ir poco a poco. Opino, sinceramente, que aquí hay un talento para la música, la música se siente muy profundamente, tenemos instrumentos, ritmos y nuestra forma de ser, así que podemos tener algo diferenciador. Tenemos un futuro. El querer mantener o buscar nuestra personalidad no debe impedir que sepamos también lo que se mueve a nuestro alrededor. En el mundo de la triki estoy viendo que se está volviendo a los sonidos más clásicos y por parte de gente joven; me choca un poco.

Existe la idea de que los grupos vascos no pueden competir fuera de nuestras fronteras, sobre todo si cantan en euskara, que están «condenados» a nuestro pequeño mercado.

Hay y puede haber problemas. La clave creo que está en hacer algo diferenciado. Tengo amigos en Madagascar y percibo que tienen un respeto y asumen con orgullo haber podido cantar en euskara y haber descubierto nuestra cultura. Si es un grupo formado por bajo, guitarra y el elemento diferenciador es una canción y el euskara a lo mejor es más complicado salir porque puede haber propuestas similares. Pero, quizás, con la txalaparta, con la trikitixa sólo estamos nosotros.

Ha experimentado mucho con la trikitixa. ¿Tiene infinitas posibilidades o hay un límite?

Son instrumentos limitados. Lo que no es limitado es la música, las ganas de hacer. Yo no estoy todo el día pensando en la triki, estoy pensando en la música. En el disco de Ibon Koteron, yo sólo toco la triki en un tema pero estoy también en otros temas aunque de otra forma. En la música puedes estar de muchas formas. Si me dijeran que el resto de mi vida sólo iba a poder tocar la triki, me darían un disgusto.

Uno de sus compromisos más inmediatos es su actuación en el Fórum de Barcelona. ¿Qué opinión le merece este evento? ¿Qué puede adelantar de su actuación con Gnawas d'agadir?

He visto que han hecho un gran despliegue urbanístico. Siempre miras de reojo a Barcelona por toda la actividad cultural que tiene, pero se me escapa un poco los motivos por los que ahora han lanzado esto. La propuesta que me hicieron para tocar con los Gnawas d'agadir me pareció muy interesante. El año pasado ya hicimos una gira en Marruecos y me encantó. Su música me gusta mucho, es muy lúdica, muy repetitiva, creo que engancha muy bien con nuestros ritmos.

‘Este tipo de sonidos no son para las discográficas multinacionales’

En la actualidad, disfruta de uno de los momentos más dulces de su carrera. No obstante, ha pasado también momentos duros. ¿Cómo los recuerda?

Desde que comencé con la trikitixa la sensación que he tenido ha sido siempre la misma. Recuerdo todavía cuando el tío de un amigo me dejó una trikitixa vieja. Tendría yo once o doce años. Era un trasto viejo. Lo subí a casa, empecé a sacar alguna canción. Me llamaron unos amigos, bajé al portal y les toqué lo que había sacado. Todo aquello fue para mí un sueño, una sensación increíble. Cuando descubrí un poco más profundamente el mundo de la triki me hice fan de los trikitilaris tradicionales, me emocionaba y me emociono ahora también cuando escucho su música, me trasmite algo que viene, creo, del pasado y me da energía para mirar hacia el futuro. Ese momento es muy dulce, me parece un sueño haberlo podido compartir siendo de aquí y no habiendo pertenecido a priori al mundo rural, donde está más arraigado. Encontrarme con ese mundo para mí ha sido toda una aventura, me he sentido muy afortunado. Cuando Oskorri me llamó por primera vez para tocar con ellos fue un sueño; del mismo modo, cuando participé en los concursos con mis canciones, cuando había aquella polémica, ya que tuve oportunidad de compartir el escenario con gente como Tapia, como Laja. Para mí han sido pasteles y tartas constantes. No me quedo con el año 88, cuando, a lo mejor, se creó más polémica. No tengo un recuerdo malo, todo lo contrario. Tengo sensaciones muy positivas: cuando hice mi primer disco, la ilusión que sentí, o cuando he tocado en todos esos sitios, los primeros viajes. Cierro los ojos y de repente me veo tocando con la Orquesta Sinfónica, nunca me lo hubiera esperado, o en un festival de jazz, o tocando junto a Dulce Pontes y Caetano Veloso. Pero tengo el mismo buen recuerdo de esos conciertos o de los recitales en Aia viendo bailar en un corro a treinta personas. Me siento tan orgulloso de una cosa como de la otra.

¿Cuándo percibe un cambio con respecto a su filosofía, que va ganando terreno?

Hace pocos años. Quizás en el mundo más directo de la trikitixa. Cuando te van conociendo y ven que eres un tío normal, que conoces el instrumento y que lo amas. Me parece que fue con la aparición de ‘Bilbao 00.00h’, un disco con muchas colaboraciones. Unido a que había colaborado antes también con Carlos Nuñez, me pareció el momento idóneo para dar el salto e invitar a otros músicos. Ahí sí empecé a notar que la gente se estaba dando cuenta de estas otras propuestas. Hablo de 1998 y 1999. Pero mi intención de hacer cosas ha sido siempre la misma.

¿El hecho de contar con el apoyo de una multinacional en qué medida le ha allanado el camino?

A mí me ha apoyado mucho Elkar y me sigue apoyando. Ha sacado adelante proyectos en los que yo he estado también metido, como el de Oreka TX y ahora el disco de Ibon Koteron. Tenemos una relación muy buena, creo que Elkar hace una labor muy importante. Luego dí el salto a Resistencia, que era una independiente de Madrid pero que estaba especializada en estos sonidos y esto me permitió hacer ''Bilbao 00.00h''. Quise saber cómo funcionaba una multinacional, no quería irme sin tener un disco y ver cómo funciona esta máquina. He de decir que he trabajado libremente y, cuando nos han conocido, han visto otra forma de trabajar en la música, más artesanal como es la nuestra. Creo que el aprendizaje ha sido recíproco. De todas formas, me parece que estas músicas no son de multinacional, sinceramente, creo que son más artesanales. Pero me llevo para mí haber conocido una maquinaria como la de EMI/Capitol, la historia de la música en el sigo XX, en cuanto a material discográfico. Yo quería tener esa experiencia para el futuro, para poder aplicarla en nuestras producciones. Es importante conocer las cosas de primera mano para poder eliminar fantasmas y tópicos, descubrir las virtudes, corregir defectos; todos tenemos nuestros lados más positivos y negativos.


Enlaces relacionados

Página web de Kepa Junkera.

Página web de la editorial y discográfica Elkar.

Página web del Centro Superior de Música del País Vasco, Musikene.


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