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Navarra, tierra de contradicciones

31/03/2005

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El articulista, Félix Martínez Campos, describe y reseña a través de este artículo la pluralidad y la real diversidad que compone Navarra, y que convive y da vida a una significativa actividad y producción de sus ciudadanos en los más diversos campos, aportes que en numerosas ocasiones pueden ser considerados como de signo contradictorio.
Cambia lo superficial
cambia también lo profundo
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo.
(Mercedes Sosa)

Por Félix Martínez Campos (*)

Navarra es tierra de contradicciones, desde muchos puntos de vista. Geográficamente, podemos encontrar desde un cachito del Sahara, como son las Bardenas, hasta el mayor bosque negro de toda la Europa occidental, la Selva de Irati. Culturalmente contamos con tradiciones tremendamente conservadoras junto con expresiones muy abiertas y tolerantes.

Pero si hay un ámbito en el que claramente se manifiestan estas tendencias contradictorias, ése es el de la política. El peso del carlismo, la Iglesia y los fueros y ley vieja (Jaungoikoa eta Lege >aharra) marcó el Viejo Reyno rural; heredando un predominio de lo tradicional, de valores como el sacrificio, la propiedad o la moral. Pero igualmente los defensores de los nuevos aires también han estado ahí. Cabe recordar los primeros focos anarquistas de principios de siglo pasado o la Ribera de tejados rojos. El cierzo y el bochorno siempre presentes.

Si seguimos caminando en el tiempo hasta nuestra historia oficial más reciente podemos ver cómo este legado anterior no se ha alterado y alternado mucho; la derecha sigue dominado los poderes económicos y políticos de la sociedad navarra. ¡Como toda la vida!

Pero la idea de la Navarra callada y conservadora, interiorizada por numerosa gente, no creo que sea cierta. Si escarbamos un poco en el tejido social podemos comprobar cómo Navarra resulta particularmente interesante por su pluralidad y por la exterioridad de las definiciones de esa sociedad política. Y esta situación nos lleva a contemplar fuertes disyuntivas y paradójicas situaciones.

Hace unos días, un afamado locutor radiofónico hablaba sobre los resultados del referéndum constitucional europeo. Dicho personaje estaba defraudado ya que "se esperaba un elevado porcentaje de voto 'no' en las comunidades traidoras de Catalunya o País Vasco, pero nunca este resultado en la sumisa Navarra". Este ejemplo es una pauta de cómo se nos ve en el exterior, pero también una muestra de que algo de viento se está moviendo en esta enredada tierra.

Pero la anécdota anterior no es algo aislado: podemos comprobar cómo mientras [el arzobispo de Pamplona] Fernando Sebastián alerta sobre los peligros de la epidemia homosexual, la Ley Foral de Parejas de Hecho (recurrida ante el Tribunal Constitucional por un centenar de diputados del PP) hace posible que por primera vez una mujer adopte a las hijas gemelas de su compañera.

Mientras la jerarquía eclesiástica manda al infierno a los usuarios del condón, el Gobierno de Navarra aprueba (con el voto en contra de quien tú sabes) instalar máquinas dispensadoras de preservativos en los institutos, bares o bibliotecas.

O que al mismo tiempo que UPN aprueba los presupuestos más retrógrados y socialmente injustos de la historia, una delegación oficial del Parlamento participa en el Foro Social de Porto Alegre.

"Si de algo soy rica es de perplejidades y no de certezas", canta Navarra a ritmo de jota y zortziko con voz porteña y enciclopédica. Te sorprenderá la manifestación que pasa por la avenida del Ejército pidiendo la abolición del ejército o la procesión de San Saturnino cuando se mezcla con la de San SinPermiso.

Incluso vemos cómo en la ola de frío de hace un par de semanas, el valle de Salazar marcó la temperatura mínima de todo el Estado; días después fue Pamplona la que alcanzó este récord, pero esta vez en su máximo. Parece ser que hasta en el mercurio tenemos nuestras contradicciones.

De nuevo frío y calor, cierzo y bochorno, hayas y secanos. La sociedad navarra, a pesar de los amigos de la tijera y el candado, está viva y es crítica: tiene un enorme tejido asociativo vecinal, un fuerte movimiento cristiano de base o un dinámico pensamiento alternativo. Este hogar de trasterrados y diásporas, alfombra mágica, colchón de viento para las mil y una noches y su desasosiego; sabe sacudirse la modorra.

Pero Navarra también te hace y te modela como los sopladores de vidrio. Puede convertirte en un tipo sobrio, adusto y seco o en un mimo de lo ingenuo. Puede mutarte en amargado policía del territorium o empujar tus velas por las sendas de la mestiza aldea. Navarra es Yehuda ha Levi tocando la txalaparta mientras Jóse Sanjurjo se pone hasta arriba de LSD. Navarra es Blanca I preguntando a un apuesto maqui: ¿vienes mucho por aquí?

Para poner la guinda a esta contradiccion de imágenes y paisajes, el próximo 14 de abril, el Parlamento de Navarra leerá solemnemente una Declaración Política recordando la Segunda República y el enorme legado que supone para nuestras generaciones. ¿Acaso la Navarra de Mola baila al son del Himno de Riego? ¿O es que a los requetés les mola la bandera tricolor? ¿Están locos estos navarros? Lo dicho: ¡todo cambia, todo cambia!

(*) Félix Martínez Campos es dirigente de Izquierda Unida de Navarra-Nafarroako Ezker Batua. Artículo originalmente publicado en Diario de Noticias


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