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«En Euskadi hay suficiente material para poner en marcha un museo del horror». El boletín Elkarri entrevista en su número de septiembre a Iratxe Momoitio, directora del Museo de la Paz de Gernika (en Elkarri)

20/09/2004

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Gernika es esa ciudad vasca que quedó arañada por las zarpas de la guerra cuando allá por el 37 los aviones de la legión Cóndor vomitaron sus bombas de fuego hasta las mismas cocinas de sus casas. Con el lastre de la barbarie, desde 1998 un Museo de la Paz recuerda las nubes con piedras de aquella mañana, además de reivindicar una cultura de reconciliación y verdad que nos permita creer que un futuro no violento es posible. Iratxe Momoitio es su directora y desde estas líneas cursa una invitación que nos lleve hasta Gernika para poder conocer el museo.

La paz en vitrinas. ¿Sirve para algo?

Por supuesto que sí, aunque la nueva museografía hace mucho que ha superado esa concepción de los museos con sólo vitrinas donde enseñar objetos varios. Es también nuestro caso. En el Museo de la Paz de Gernika hemos querido recoger, además de objetos significativos, por supuesto que sí, vivencias y sentimientos que nos ayuden a reflexionar a favor de la paz. Por ello, en nuestro museo se siente, se vive y, hasta cierto punto, se actúa. Queremos que las personas abran sus ojos y creo que nuestro esfuerzo puede ser un grano más a sumar a todo el activismo pacifista. No creo que sea un museo estático. El visitante no sale como ha entrado. Por lo menos, éste era nuestro deseo de inicio y en cierto modo creo que lo hemos conseguido. Algo cambia dentro de las entrañas de la persona que transcurre por las salas de la exposición y estoy segura de que en algún momento se pregunta, pero, ¿en qué mundo vivimos? Para más tarde pararse a pensar y preguntarse, ¿y qué puedo hacer yo para que las cosas cambien?

¿Vende más la guerra que la paz?

Me atrevería a decir que sí. El trabajo a favor de una cultura de paz y de reconciliación es más nuevo que el trabajo a favor de la guerra. El tema de la paz no vende, no es un tema atractivo. Me temo que un fusil con un cañón con cabida para un montón de balas expuesto en un museo vende mucho más que una exposición donde se enseñen valores de paz, reconciliación y recuerdo. Hablo también de Euskadi. En Euskadi es muy difícil vender la paz. Por desgracia, la palabra «paz» está demasiado usada y manipulada por lo que la gente no sabe con qué se va a encontrar en un museo de estas características.

¿Cuáles son las reacciones de la gente que visita el museo?

Es curioso que mucha gente extranjera en primer lugar pregunta por el museo de la guerra y del bombardeo de Gernika. Enseguida explicamos que es el museo de la paz, si bien también se explica el bombardeo. En el caso de la gente de Euskadi, en el tema del bombardeo se sienten muy reflejados puesto que lo hemos vivido muy de cerca. Además, el museo tiene una sección donde se refleja el conflicto vasco que padecemos en la actualidad y es aquí donde la gente es más crítica. Sobre todo, la polémica se centra en dos paneles donde se hace referencia a los casos de torturas y a la situación de los presos. Algunas personas no entienden su presencia y para otras la explicación que se da es insuficiente. En todo caso, al margen de esta cuestión, es una pena que esta exposición por la paz sea todavía una gran desconocida en Euskadi. También para los mismos dirigentes políticos de Euskadi. Muy pocos han visitado el museo. No es cuestión de decir quiénes. Pero, está claro que esto es una pena. Parece como que ni nosotros mismos nos creyéramos una Euskadi en paz.

¿Con qué dificultades os encontrasteis a la hora de poner en marcha la idea de un museo de este tipo?

Con muchas. Desde el primer momento teníamos muy claro que queríamos hacer un museo de la paz. Era evidente que teníamos que desarrollar la vertiente histórica en torno al bombardeo de Gernika. Al mismo tiempo, queríamos reflexionar sobre la paz en otras partes del mundo, también sobre su ausencia. Claro. Estábamos obligados hablar de la situación de Euskadi. No podíamos cerrar los ojos aunque reconozco que hubiera sido lo más fácil. De hecho, si el comité asesor del museo tuvo 25 reuniones, 21 reuniones fueron para ver cómo abordar el conflicto vasco en una de las salas del museo. Está claro: nos resulta mucho más fácil hablar de una tragedia que ha pasado hace 67 años, por mucho que nos duela, que hacerlo sobre algo que lo sufrimos hoy. A las personas que no hemos vivido la guerra, aquella contienda nos puede parecer un cuento. El sufrimiento y la violencia de hoy no. Por eso, con todo, el museo denuncia a ETA, denuncia todo tipo de violencia que crea muertes, destrucción y sufrimiento, aunque reconozco que fue difícil decidir cómo hacerlo.

¿Qué se puede aprender de Gernika en relación al conflicto vasco?

No lo sé. No veo a Gernika como referente para la solución al problema vasco. Aunque bien es cierto que desde Gernika podemos reconocer que en la vida hay conflictos que debemos saber cómo gestionarlos para poder llegar a un acuerdo. Gernika nos ha enseñado que ante una tragedia también hay que hablar y dialogar para poder seguir viviendo. Ante la destrucción y el odio que generó hacia la otra parte el bombardeo, Gernika ha sabido, muy poco a poco, porque estos procesos de reconciliación son muy lentos, buscar fórmulas de encuentro y reconciliación. Lo más seguro, el conflicto vasco en el futuro también deberá gestionarse en parámetros parecidos. El recuerdo del sufrimiento y el terror no nos los quita nadie, pero no podemos recrearnos en ello para no avanzar. Así no conseguimos nada. Tenemos suficiente material para poner en marcha un Museo del Horror del conflicto vasco, pero está claro que éste no es el camino.

La paz como utopía… ¿el esfuerzo vale la pena?

Por supuesto que sí. Gernika-Lumo acaba de ser premiada como «Ciudad de la Paz» por la UNESCO y esto supone una gran satisfacción. Este galardón no hubiera sido posible sin el trabajo de todos estos años de Gernika Gogoratuz, del Museo de la Paz, del Ayuntamiento, y de todas las personas que en Gernika-Lumo trabajamos en este campo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los frutos de toda esta labor se recogen a medio y largo plazo. Lo tengo muy claro. Trabajar por la paz merece la pena.

De hecho, el Museo de la Paz de Gernika está organizando un Congreso Internacional sobre museos de la paz. ¿Cuáles son los objetivos de este congreso?

Existe una red internacional de museos de la paz desde 1992 y cada dos años celebramos un congreso de estas características. El año pasado se celebró en Bélgica y fue entonces cuando presentamos nuestra candidatura para que organizáramos el próximo. Así lo haremos entre el 1 y 6 de mayo de 2005 bajo el lema «Museos de la Paz, una contribución al recuerdo, la reconciliación el arte y la paz». Lo cierto es que en la red internacional de museos de la paz no está muy claro qué es un museo de la paz y qué es un museo de la guerra. Es el caso del Imperium War Museum de Londres, aunque bien es cierto que en estos últimos años están creando nuevas secciones donde ya hablan de la paz y de la reconciliación. Sin embargo, hay mucha gente a quien le gusta las armas y todo el aspecto militar que les rodea y es aquí donde radica el éxito de este museo en concreto, por lo que según reconocen sus responsables todos estos cambios los tienen que hacer muy poco a poco.

¿Con cuántos museos cuenta esta red?

Hay más de 100 museos de la paz en el mundo. Hay muchos en Japón y en Alemania. La Historia particular de los países tiene mucho que ver. El Museo de la Paz de Gernika es el primero del Estado español, donde existe otro pequeño museo (que sólo funciona con actividades temporales) en la Vall d'Uixó y el proyecto de otro en Figueres.

La guerra niega la paz y a la inversa, también sucede lo mismo. ¿Cuáles son las características de un museo de la paz? ¿En qué se diferencia de una pinacoteca de la guerra?

Hay muchos museos de la guerra y sólo pretenden seguir ahondando en la guerra, en su horror, incluso exaltando las hazañas bélicas y cierto progreso armamentístico, pero que carecen de un mensaje positivo que vaya más allá del recordatorio mismo del acontecimiento armado. Por eso, los museos de la paz damos un paso más y subrayamos la necesidad de trabajar a favor de una cultura de paz para avanzar en el camino de la reconciliación, por muy duro que esto sea. En nuestro caso particular, si bien es cierto que recordamos todo el horror que supuso el bombardeo de Gernika, también destacamos la reconciliación de Gernika con Alemania y ésta es la diferencia que caracteriza un museo como el nuestro.

Estos últimos años se están desarrollando muchos trabajos que tienen como eje central lo acontecido durante la Guerra Civil con el propósito de recuperar la memoria histórica. El mismo Museo de la Paz de Gernika en torno al bombardeo puede ser otro ejemplo. ¿Es necesario el paso del tiempo para abordar el pasado?

Sí. No se trata de ninguna moda. Todo este trabajo responde a una necesidad de recuperación de acontecimientos que hasta ahora se nos habían ocultado. En referencia a muchos acontecimientos históricos no se quiso saber la verdad y las heridas se cerraron en falso. Las heridas sólo se cicatrizan cuando se sabe la verdad. Es entonces cuando podemos pretender la reconciliación. Las nuevas generaciones también tienen que saber lo que ocurrió durante todos aquellos años. A mi me preocupan mucho los chavales que vienen al museo y que no saben quién es Franco, que no saben cuándo se produjo la guerra, cuando no han pasado ni 70 años. Esto nos tiene que preocupar mucho. Podemos aprender mucho del pasado. Ahora mismo, la actualidad se ha centrado en la comisión de investigación de los atentados del 11-M. Cuanto antes, se tiene que saber toda la verdad y hay que atender todas las necesidades de las víctimas. De lo contrario, en un futuro no muy lejano las víctimas alzarán su voz insatisfecha.

A nivel personal, ¿cómo te imaginas la sociedad vasca dentro de 25 años?

Me considero una persona que intenta pensar en positivo. Vivimos un momento clave y creo que la conciencia social nos puede aportar mucho a la hora de salir de este atolladero. Para la conciencia social son necesarias la cultura y una capacidad de pensamiento crítico. La sociedad está cansada y más que nunca exige ideas y planteamientos nuevos. Por eso, espero que dentro de 25 años la violencia haya desaparecido de nuestras casas, calles y plazas y la cultura de paz sea una prioridad para todas las personas porque las consecuencias de la violencia irán más allá del día en que las armas callen para siempre.

¿Qué opinión tienes del trabajo de Elkarri?

El trabajo de Elkarri es muy valioso, pese a todas las adversidades y tendrá sus frutos en el futuro. Lo que ocurre es que este tipo de iniciativas a favor de la paz y el diálogo no se cosechan al momento. La sociedad cree en Elkarri puesto que de lo contrario nunca hubiera persistido durante todos estos años. Mucha gente apoyamos la idea del diálogo como instrumento para conseguir la paz en Euskadi y por eso defendemos movimientos sociales como Elkarri. No sé si esta nueva Conferencia de Paz conseguirá sus objetivos. No obstante, sea como sea, sé que estaremos un poco más cerca. También a vosotros, os pido constancia, paciencia y que tengáis siempre muy claro y presente qué es lo que queremos.

(publicado en el número de 09/2004 de la revista Elkarri, boletín del homónimo movimiento social por el diálogo y el acuerdo en Euskal Herria)


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