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Hoy se cumplen 70 años de la constitución el 7 de octubre de 1936 en la villa de Gernika del primer Gobierno Vasco

07/10/2006

José Antonio Aguirre Lecube presidió el primer Gobierno Vasco, constituido ante el Arbol de Gernika el 7 de octubre de 1936
José Antonio Aguirre Lecube presidió el primer Gobierno Vasco, constituido ante el Arbol de Gernika el 7 de octubre de 1936

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Hoy se cumplen 70 años de la constitución en Gernika del primer Gobierno Vasco, que presidiera el lehendakari José Antonio Aguirre. El pasado lunes se presentaba en Bilbao la que algunos consideran la primera biografía fiable sobre Aguirre. Bajo el título 'El profeta pragmático', Ludger Mees, historiador, profesor y vicerrector de Euskera en la Universidad del País Vasco repasa la figura del estadista vasco desvelando aspectos inéditos de su biografía y acción política. Alberto Surio, en El Diario Vasco, entrevistaba así al autor, investigador alemán instalado desde hace años en la ciudad costera vasca de Zarautz.
El historiador y catedrático de la Universidad del País Vasco Luger Mees (Essen, 1957) presentó el pasado lunes en Bilbao un libro sobre el lehendakari José Antonio Aguirre en el que descubre facetas inéditas de su perfil «profeta y pragmático» y de su trayectoria, precursora de la transversalidad y del pacto en Euskadi. El trabajo sobre Aguirre coincide con la conmemoración del 70 aniversario de la constitución en Gernika del primer Gobierno Vasco.

¿Qué pretende su libro sobre José Antonio Aguirre?

--Tiene dos sentidos. Llevo muchos años investigando la historia del nacionalismo vasco. Me di cuenta de que, sobre todo comparando con los catalanes y con el gobierno republicano en el exilio, aquí había una figura con un gran carisma que tuvo un logro muy importante que fue mantener unido el Gobierno Vasco en el exilio hasta la muerte de Franco.

El mito de Aguirre rebasa las fronteras del nacionalismo vasco, es un lugar de la memoria histórica que se proyecta para sus futuras generaciones y en el que tanto los nacionalistas como los socialistas pueden encontrarse cómodos. Y, sin embargo, choca que ese líder, que para mí fue el político vasco más influyente, más respetado y más popular del siglo XX, no tenía ningún tipo de biografía, sobre todo a partir de los largos años del exilio.

El libro también tiene un sentido didáctico. Una de las conclusiones a las que llego es la tremenda capacidad del lehendakari José Antonio Aguirre de entenderse con gente política muy dispersa, muy variada y muchas veces frontalmente opuesta a su propio pensamiento político, buscando siempre vías de encuentro para llegar a consensos. Creo que en el período que estamos viviendo actualmente en Euskadi conviene recibir y analizar este mensaje de consenso que hoy tanto necesitamos.

¿Pero se puede ser el «profeta pragmático» con el que titula su libro?

--El título expresa una evidente contradicción. Me baso en estudios de Max Weber, padre de la sociología moderna. El profeta es un político que cree que tiene una misión, un político extracotidiano, con un halo casi trascendental, que conoce el camino hacia la libertad y la democracia y cuyos fieles le adoran. Y Aguirre tuvo algo de esto, sobre todo después de su casi milagrosa vuelta de Alemania, en verano de 1941, con sus citas a la Providencia.

Y, sin embargo, hablo de «profeta pragmático», lo que es una contradicción porque un profeta nunca puede ser pragmático, pero que indica ese elemento corrector de su carácter político. Aguirre comete errores, pero es capaz de rectificar y de acomodar su política al pragmatismo.

¿Es quizá un precursor de la transversalidad política en el País Vasco?

--En parte sí se podría decir porque uno de sus objetivos era el de mantener unidos a todos los demócratas vascos en la lucha contra Franco. Pese a diferentes avatares, al final, por ejemplo, logra mantener a los socialistas vascos en el gobierno. En ese sentido, sí fue precursor de ese entendimiento transversal.

¿Qué faceta desconocida aporta sobre Aguirre?

--Hay muchas fuentes inéditas que revelan cosas desconocidas. Subrayo dos. Queda bien patente que si en el 45 se constituye en el exilio el gobierno republicano, pese a las tremendas facciones en su seno, es sobre todo gracias a la labor mediadora de Aguirre. Tuvo una gran confianza con todos los líderes del exilio republicano. Aguirre junto a su ministro Irujo dirigió desde la sombra la política y las finanzas de este gobierno. El máximo líder del nacionalismo vasco controló y dirigió en gran medida la política del gobierno republicano español.

Aguirre tuvo también una gran química personal con algunos de sus rivales políticos. La tuvo con Diego Martínez Barrio, que fue presidente de la República en el exilio, y que en dos ocasiones le ofrece la presidencia del Gobierno republicano en el exilio. También tuvo muy buena relación con Indalecio Prieto, en aquel entonces la bestia negra del nacionalismo vasco, su gran adversario, pero sin embargo mantienen una relación de confianza tal que he encontrado protocolos confidenciales de largas reuniones, como no en torno a una buena mesa, en las cuales se cuentan mutuamente secretos políticos.

Cierto sector insinúa que al comienzo del exilio hubo un coqueteo inicial entre Aguirre y la Alemania nazi. Pero usted desmonta esta tesis.

--Lo he investigado en los archivos alemanes, no aparece ninguna referencia a Aguirre pero sí muchos documentos sobre cómo ven los nazis al nacionalismo vasco. En determinados sectores de la derecha vasca y española se está intentando colocar a Aguirre en el sector filonazi. Creo que no hay ningún tipo de base documental para esto. Sí es cierto que durante la ocupación de Francia Aguirre personalmente autorizó contactos de sus hombres en París con los representantes nazis. Pese a un cierto trato inicial a favor de los nacionalistas vascos, el régimen nazi rechaza cualquier pacto con los vascos y los bretones que contravenga al gobierno colaboracionista de Vichy. Pero los nazis enseguida vieron a los nacionalistas vascos dentro de los rojos y separatistas que habían trabajado con la República.

(publicado el 30-10-2006 en El Diario Vasco)


SE SINTIO DEFRAUDADO CON EEUU PERO NUNCA LO EXTERIORIZÓ

Iñaki Esteban/Donostia. Cuando se instala en Nueva York, Aguirre cree que Estados Unidos va a ayudar a la libertad del País Vasco.

--Estaba totalmente convencido. La delegación de Euskadi en Nueva York, gracias a Jesús Galíndez y a Antón Irala, tenía contactos al máximo nivel con el Gobierno estadounidense. Aguirre conoce a esas personas influyentes y recibe muy buenas palabras y un trato amistoso y exquisito.Yo creo que esto se le sube un poco a la cabeza. Porque ahí están los cientos de páginas de los informes de Irala, un hombre que analizaba las cosas con mucha frialdad, y que se da cuenta de lo que estaba pasando. Franco, en el marco de la Guerra Fría, era un aliado mucho más importante que los republicanos o los vascos para los estadounidenses. Aguirre tardó mucho en darse cuenta de esto.

¿Se sintió muy defraudado cuando los estadounidenses pactaron con Franco en los años cincuenta?

--Sí, pero no lo exteriorizó nunca. He leído miles de cartas y notas suyas, algunas a amigos y familiares, y nunca expresó sus sentimientos. Un líder no debía hacerlo. Siempre buscaba el lado positivo de todas las situaciones, aunque es verdad que los sucesivos reveses llegaron incluso a dañar su salud, junto con las decenas de cigarrillos que fumaba al día.

¿Alguna lectura contemporánea de sus actuaciones políticas?

--Fue capaz, a través de su respeto a la pluralidad, de conseguir acuerdos con gente muy opuesta a él y a sus ideas.

¿Alguno que deba leer el libro más que otro?

--Mira, antes de la tregua hubo un tiempo de enfrentamiento total, en los que encontrarse era muy, muy difícil. Yo pensaba en esos tiempos cuando escribí el libro. Ojalá no vuelvan nunca más.

(publicado el 30-10-2006 en El Correo)


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