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Fiesta vasca en el Raval de Barcelona: Dulzainas, 'txakolí' y magia en el corazón mestizo y canalla de Ciutat Vella

24/09/2007

Zapatería vasca durante la pasada semana en la Fiesta Euskaldun del barrio barcelonés del Raval (foto CarlosMontañés-ElPeriódico)
Zapatería vasca durante la pasada semana en la Fiesta Euskaldun del barrio barcelonés del Raval (foto CarlosMontañés-ElPeriódico)

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Fiesta vasca o euskal jaia en las ingles de Barcelona, en el corazón mestizo y canalla de la ciudad, en el Chino de Carvalho y Biscúter donde Jean Genet escribió su Diario de un ladrón. La verdad es que el día se prestaba para la celebración euskalduna, con un cielo cántabro que no acabó de decidirse por el sirimiri. Mañana plácida de barrio. Paraguas inútiles. Gentes con el carro de la compra. El zapatero remendón, en el taller, pegando medias suelas y tapas. Olga Merino firma este artículo publicado en El Periódico de Barcelona.
El eje de las jornadas fue la rambla del Raval --los festejos, organizados por el centro cultural Euskal Etxea de Barcelona, continúan se desarrollaron a lo largo de todo el pasado fin de semana--, donde se instaló un mercadillo de artesanía y productos gastronómicos de la tierra: anchoas de Getaria, queso Idiazábal, txakolí y unas guindillas verdes que debían de ser abertzales porque picaban un pelo a pesar del vinagre. 'También podéis encontrarlas en el Eroski', comentó el vendedor.

En un chiringuito cercano elaboraban talo, tortitas de maíz rellenas de chorizo, ante la mirada atónita de algunos musulmanes, quienes no comen jalufo (cerdo) y encima están de Ramadán y se supone que no pueden probar bocado hasta la puesta de sol.

Reconforta la cohabitación en apariencia tranquila, ese cada uno a lo suyo sin invadir que se respira en el Raval. En el escaparate de una carnicería halal (permisible de acuerdo con la ley islámica), había un solo rótulo en castellano que decía: 'Toda la carne a muy buen precio y limpia'. Buena señal si los vecinos de toda la vida se acercan a comprar.

Chiquillos de piel oscura bailaban al son de las danzas vascas del grupo Hala Dzipo, que dirige una escuela de música tradicional en Barakaldo: dulzaina, alboka (gaita sin fuelle), pandero, cuerno y trikitixa (acordeón diatónico). 'En Catalunya siempre nos tratan muy bien -- explica Koldo-- pero en Jaca nos suspendieron un contrato. Yo digo lo mismo que el cantautor Joseba Tapia: 'Tengo muchos amigos en Madrid, hasta que empiezo a hablar en euskera'.

Explican los músicos que el grupo Betagarri, cuya actuación ha criticado el PP por considerarlo una formación musical 'proetarra', es muy famoso en Euskadi pero que su vinculación con el mundo abertzale es nula. Chavales majos estos de Barakaldo. Aunque amenizan la Mercè, no pernoctan en hotel, sino en la Casa Okupada de la Montaña.

Los festejos de la tarde los inauguró el Mago Txan, una especie de Arguiñano del ilusionismo con acento de Arrigorriaga y mucha más sal que perejil. Se ganó a la concurrencia con sus juegos de manos y simpatía. Largaba parrafadas en euskera y los críos, como por encantamiento, lo comprendían todo. Les enseñó a contar hasta tres en vasco --'bat, bi eta hiru'-- y, cuando lo aprendieron, les soltó: '¡Todos sospechosos!'. Dibujó un pez en un papel y fue capaz de convertirlo en uno de verdad, llamado Felipe pero que no era 'tan tonto como el de Madrid'.

Además de fascinar a los más pequeños, el prestidigitador vasco obsequió al público adulto con trucos verbales: 'Todo lo que sé me lo han enseñado los amigos y los libros'; 'la pureza está en la mezcla- ¡Cuántas vueltas dan los pueblos!'; 'las cosas no son tan complicadas como parece'.

Quién sabe, quizá lo del plan Ibarretxe sea cosa de este Mago Txan tan astuto: nada por aquí, nada por allá, alehop. 'Artxila, mortxila', que son las palabras mágicas que se utilizan allí arriba para los conjuros.

Carnavales navarros

Al caer de la tarde desfilaron los joaldunak de Zubieta. Se trata de una expresión ancestral de los carnavales en el Pirineo navarro que señalan el fin del invierno: con cencerros de casi tres kilos atados a la espalda, los portadores tratan de hacerlos sonar al unísono con movimientos rítmicos y acompasados. Dicen que su sonido metálico despierta a la madre tierra y aleja a los malos espíritus. Que sigan sonando, pues.

(publicado el 23-09-2007 en El Periódico de Barcelona)


Enlaces relacionados

Euskal Etxea de Barcelona
www.euskaletxeak.org

Fiestas de la Mercé en Barcelona, de mano de Euskal Etxea
Publicado en EuskalKultura.com el 14 de septiembre de 2007

Barnetegi de la Euskal Etxea de Barcelona en Arantza, Navarra
Publicado en EuskalKultura.com el 26 de julio de 2007


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