Buenos Aires, Argentina. El escritor labortano Alan Abeberry (Biarritz, 1972) cruzó el Atlántico el pasado mes de febrero para protagonizar un viaje de doble propósito, literario y genealógico. Actualmente residente en Hondarribia, Abeberry recaló en Argentina no tan solo para presentar su obra. Buscaba también encontrar y conocer a sus familiares sudamericanos, descendientes de su antepasado Martín Abeberry, quien a mediados del siglo XIX dejó Lapurdi con 16 años para establecerse, tras una escala en Uruguay, en la ciudad bonaerense de Azul. Allí, Martín formó su familia junto a Mathilde Etchébéhére y se convirtió en una figura clave del progreso local, ocupando diversos cargos públicos que hoy le valen el nombre de una calle en la localidad. Presidió el Primer Consejo Escolar, integró la Corporación Municipal, fue referente de la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos y el más antiguo Agente Consular de Francia en Argentina.
La primera escala cultural del visitante tuvo lugar el miércoles 18 en la ciudad de Buenos Aires, en la sede de Iparraldeko Euskal Etxea. Tras recorrer las instalaciones y conversar con los y las estudiantes de euskera, Abeberry ofreció el recital "Poesías y cuentos vascos", en una modalidad bilingüe euskera – castellano, que incluyó la participación del público en la lectura. Sus poemas, nutridos por sus viajes por India, China y el Tíbet, proponen una mirada breve y profunda que captó la atención de los presentes. Entre los asistentes se encontraban los lehendakaris del Centro Navarro de Buenos Aires, Daniel Remondegui, y de la casa anfitriona, Beltrán Maillot, además de familiares del poeta residentes en la capital porteña.
Especial emoción en Azul
El tramo mas personal del viaje tuvo lugar el viernes 20 en Azul, donde el interés la llegada del escritor fue notable. En el centro Gure Txokoa, Abeberry brindó una presentación ilustrada de su libro Poesías de paseos. Bideak Bertsoak, entrelazando sus versos con relatos de su propia trayectoria vital. Durante el acto, la lehendakari de la institución, María Inés Etchevers, le hizo entrega de un documento de alto valor simbólico: una copia de la ordenanza de 1956 que bautizó una calle azuleña con el nombre de Martín Abeberry, en reconocimiento a su labor docente. El autor también recibió una pieza cerámica, realizada por la socia Pierina Castiglione, de manos de la vicepresidenta Hilda Zubeldia Garciarena, cerrando así un un viaje que brindó la oportunidad de rescatar la identidad, la memoria y estrechar, una vez más, los lazos entre ambas orillas del Atlántico.

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