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Itziar Leizaola Azpiazu, la anfitriona de una casa sin pestillos (en Deia)

21/01/2022

Tras una vida de mudanzas y de reinventarse, la sobrina del 'Lendakari-zarra' deja para el recuerdo su sonrisa y su modo de enfrentarsr la vida

Enlace: Deia

Iban Gorriti  Bilbao. Un paquete de Winston es su compañero a la eternidad. Itziar Leizaola fue enterrada en Lekeitio junto a sus inseparables cigarrillos, aquellos que también emanaron humo en las bocas de sus hermanas, unas mujeres que habían vivido el moderno y colorista Caracas de los años 50. Aquella capital venezolana hospitalaria que les acogió en el exilio mientras en aquel Euskadi que veneraban imperaba el color negro, las ropas negras con lunares de otros lugares y las mantillas.

A los 89 años, "la del medio" -como se autocalificaba- de un total de nueve hermanos falleció tras una vida de mudanzas y de reinventarse en Donostia, Ustaritze, Caracas, Lekeitio y Fika. Mientras pedía su tiempo muerto, su ver pasar el humo del cigarrillo desde aquellas casas en las que fue la mejor anfitriona; hogares que tenían un común denominador: tener las mejores vistas ante sus ojos. Y lo logró en todo momento: fuera al puerto de Lekeitio, al Hotel Victoria Eugenia de Donostia, al monte€ La sobrina del, según la grafía de la época, lendakari-zarra Leizaola, ha pasado sus últimos años viendo pasar las nubes llegadas desde Galicia al guerrillero monte Sollube, a Fika, al ritmo de sus bocanadas de humo, de sus pensamientos, e incluso comunicándose en el francés de su infancia.

Itziar Leizaola Azpiazu nació el 28 de mayo de 1932 en Donostia, en días de democrática Segunda República. Tan solo cuatro años después, estalló la guerra tras un golpe de Estado impulsado por militares totalitaristas españoles. Junto a sus padres Ricardo Leizaola -impresor y editor en Sagües que publicó la histórica publicación euskaldun Argia, o El día- y María Azpiazu y hermanos pasaron la muga en busca de cobijo a Ustaritze, localidad de Lapurdi con casi siete mil habitantes en la actualidad. Rikardo y Maritxu tuvieron nueve hijos: Iñaki, Xabier, Maite, Karmele, Joseba, Itziar, Paul y Ana Belén. Itziar conoció a Jon Aldamiz-etxebarria en Caracas y fue madre de Estepan, Jone, Paul, Ander e Iñaki.

Exiliados en Caracas, Rikardo y Maritxu abrieron el Hotel Zumaia, casa familiar también, y a continuación el Hotel Bidasoa, donde dieron refugio a numerosos vascos exiliados obligados a volver a empezar una nueva vida.

Itziar creció en ese ambiente y quizá por ello "en la familia, todos coinciden en decir que era la anfitriona con mayúsculas. En Euskadi se sale a los bares, pero ella prefería abrir las puertas de su casa. Su hogar era la casa de tócame Roque€", rememora su hijo, el periodista Estepan Aldamiz-etxebarria.

El investigador Koldo San Sebastián recuerda con cariño a la finada. "La recordaré siempre como muy lectora y meticulosa. Le gustaba hacer puzles de interminable número de piezas. También era muy dada al punto de cruz. Itziar era el colmo de la dulzura, como también lo fue su madre, María Azpiazu".

Otra persona que ha conocido muy bien a la donostiarra es Iñaki Anasagasti. El exsenador subraya que perteneció a una saga "muy, muy, muy importante de la historia reciente de Euzkadi". A su juicio, no solo y únicamente porque su tío Jesús Leizaola fuera el lehendakari en el exilio tras el fallecimiento de José Antonio Aguirre, sino como núcleo muy enraizado con Gipuzkoa y el Centro Vasco de Caracas. "No se entiende aquel centro sin la familia Leizaola", enfatiza el exsenador del PNV.

Anasagasti evoca cómo Itziar contrajo matrimonio con un maquinista naval y que fue "una madre de las clásicas". "La última vez que la vi, me dijo que iba al dentista con su personal sentido del humor y fumando. Era peculiar, simpática y muy agradable", concluye.

En Caracas, Itziar estudió secretariado, oficio del que trabajó en la capital venezolana. En 1960, poco antes de la muerte del lehendakari Aguirre, cumplieron un sueño: regresar a Euskadi. El padre de Itziar retornaba con el proyecto de montar un periódico nacionalista. "Soñó con ello, pero por lo que fuera no salió el periódico. Paradójicamente, más adelante nació DEIA y él quedó al margen y murió al mismo tiempo con su proyecto idealizado". Su hijo Xabier, hermano mayor de Itziar, sería más tarde presidente del Grupo Noticias.

Itziar siguió su vida como embajadora con su "casa sin pestillos" y "sin horas". "Recordamos que, de pronto, nos levantábamos a las dos de la mañana porque alguien había venido de Caracas y había que ponerles algo para cenar tras llegar de Madrid en coche y hacerles las camas", sonríe Estepan.

A aquellas mesas de la poblada cocina familiar también se sentó el lendakari-zarra. "Para nosotros era el tío Jesús, uno más de la familia. Eso sí, nos contaba muchísimas cosas que a renglón seguido nos decía que no se podían decir a nadie ni publicar, que podían ofender a otras personas. No quería zaherir a nadie", amplía Estepan y saca una nueva sonrisa: "El tío Jesús reía mucho y a carcajadas, éramos pequeños y nos hacía gracia cómo le bailaba la dentadura".

Su sobrina Itziar, "la del medio", la anfitriona veinticuatro horas al día todos los días, la lectora empedernida, la exiliada, la auténtica, la del paquete Winston, falleció el lunes 10 de enero tras casi nueve décadas plenas.



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