El sentido de pertenencia y la memoria colectiva son hilos invisibles pero indestructibles que atraviesan océanos y generaciones. Así lo demostraron Emilia Roma y Luciana Galarregui, dos jóvenes integrantes del centro vasco ‘Denak Bat’ de Cañuelas, quienes junto a Lourdes Aguirre representaron con orgullo a su comunidad en el prestigioso programa de intercambio cultural Gaztemunduri Ateak Ireki 2026.
Tras tres semanas intensas de inmersión total en la cultura euskaldun, las jóvenes regresaron a la Argentina no solo con un bagaje repleto de anécdotas, sino con herramientas concretas, nuevos saberes y un renovado compromiso institucional para nutrir la vida de la colectividad local.
El marco del regreso no pudo haber sido más propicio. El pasado domingo 2 de agosto, el centro vasco local abrió las puertas de su sede para celebrar un doble hito de profunda significación: el 66.º aniversario de la fundación de la entidad cañuelense y la conmemoración de San Ignacio de Loyola, patrono de Euskal Herria.
Las actividades conmemorativas habían tenido un punto de partida sumamente espiritual el miércoles 31 de julio con una misa en la parroquia Nuestra Señora del Carmen. Posteriormente, el almuerzo festivo de la comunidad se transformó en una verdadera jornada de encuentro donde socios, familias, directivos y amigos compartieron la mesa, festejaron el camino recorrido y le dieron una calurosa bienvenida al contingente de jóvenes embajadoras.
Un sueño de la infancia, la emoción en Gernika y el sabor de la tradición
El programa Gaztemunduri Ateak Ireki, impulsado de manera conjunta por las iniciativas Gaztemundu del Gobierno Vasco y Ateak Ireki de la asociación Batzen Kultur Elkartea, reunió entre el 27 de junio y el 19 de julio a más de 50 jóvenes de la diáspora vasca provenientes de países como la Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Canadá y Australia. Durante casi un mes, los participantes compartieron jornadas de convivencia, formación intensiva y un recorrido exhaustivo por la geografía humana e histórica del territorio vasco.
Para Emilia Roma, haber sido seleccionada para esta edición significó la materialización de un anhelo que acunaba desde muy pequeña. "Representar a Cañuelas fue un sueño. Nunca me imaginé que iba a quedar seleccionada. Desde chica veía a gente que conocía del Centro Vasco que viajaba en este tipo de programas y yo deseaba estar ahí, que de grande me eligieran para aprender más sobre la cultura", confesó Emilia en diálogo con El Ciudadano.
Durante su estadía en Europa, el momento de mayor densidad emotiva para Emilia tuvo lugar en Gernika, el pueblo originario de la familia que la acogió en su hogar mediante el sistema de residencia del programa. "Era el lugar que más me conmovía, sobre todo por la historia del bombardeo de Gernika. Quería entender todo más a fondo y la familia que me recibió fue increíble. Lo más hermoso del intercambio es la convivencia diaria: ellos viven lo que nosotros intentamos transmitir acá en la Argentina de un modo cotidiano, totalmente natural y sin forzar nada. Me llevaron a conocer otros pueblos y hasta me llevaron al lugar de donde eran originarios mis antepasados; me sentí súper afortunada", relató sobre el trato recibido.
En el plano estrictamente formativo y de aprendizajes prácticos, Emilia enfatizó el impacto de las disciplinas culturales y gastronómicas. Rememoró con admiración la presentación de danzaris locales en el Museo Euskal Herria de Bilbao y la formación culinaria recibida tanto en el municipio pesquero de Bermeo como en el afamado Basque Culinary Center de San Sebastián —considerado uno de los institutos gastronómicos más importantes del planeta—, donde aprendió a elaborar recetas tradicionales como marmitako, chipirones, chistorra, pimientos y panchineta. Asimismo, destacó los avances logrados en el dominio del euskera gracias a las clases intensivas semanales, un estudio que planea profundizar en el país para lograr la fluidez en el mediano plazo.
La resiliencia del euskera, vida comunitaria y legado familiar
Por su parte, Luciana Galarregui, quien está ligada a las actividades del Denak Bat desde la primera infancia gracias a los talleres de danzas tradicionales, valoró el viaje como una experiencia integradora que superó cualquier expectativa previa. "Representar al centro fue hermoso porque soy parte desde muy chiquita. Había aprendido a bailar, aprendí muchísimas cosas y construí lazos con gente que al día de hoy es indispensable para mí y para mi familia. Enterarme de que formaba parte de este programa fue un honor inmenso", remarcó.
Luciana subrayó con especial énfasis el orgullo y la determinación con la que el pueblo vasco sostiene y difunde su identidad en el escenario contemporáneo. "Ellos no se consideran una simple comunidad autónoma; se sienten un país y te muestran su cultura con una pasión e intensidad increíbles. Lo que más me conmueve es el valor que le dan a su lengua. Durante mucho tiempo existió el mito de que el euskera iba a desaparecer, pero hoy está más vivo que nunca: se habla en las casas, hay grupos de música, literatura, series y producciones audiovisuales. Es conmovedor ver cómo un pueblo pequeño defiende lo suyo con tanto amor", afirmó.
A su vez, Luciana observó ciertos puntos de contacto culturales entre ambas orillas del Atlántico, señalando la fuerte vocación de sociabilidad que caracteriza a las comunidades locales de Euskal Herria. "Les apasiona estar en comunidad, reunirse en grupos de amigos y organizar actividades populares en pueblos muy chicos donde interactúan todas las edades, desde los niños hasta los adultos mayores. Esa calidez y esa sensación de familia constante es algo muy similar a la cultura argentina, donde también somos muy amigueros y sociables", analizó.
Proyectos para el Denak Bat y una invitación
Tanto Emilia como Luciana coinciden en que la vivencia en el País Vasco marca un punto de inflexión decisivo en su relación con el centro de Cañuelas. Tras haber experimentado la cultura euskaldun "en primera persona y sin intermediación de fotos o videos", las jóvenes ya diseñan una serie de proyectos para volcar sus conocimientos en la institución. Entre las propuestas inmediatas se destacan la organización de talleres de danzas con los pasos aprendidos en Bilbao, la incorporación regular de platos típicos de la gastronomía vasca en las festividades del centro y la promoción activa del uso y enseñanza del euskera entre la juventud local.
Para finalizar, las representantes cañuelenses formularon una calurosa invitación a los jóvenes de la comunidad para que indaguen sobre su árbol genealógico y se acerquen a las instituciones de la colectividad. "Argentina es un país construido sobre la base de la inmigración. Invito a los jóvenes a que se animen a investigar sobre sus raíces, a averiguar quién fue la primera persona con su apellido en pisar nuestro país. Hoy en día, gracias a las herramientas digitales, la información está al alcance de la mano", señaló Luciana.
Emilia, por su parte, concluyó: "Para quienes tengan interés en la cultura vasca, acercarse al Centro Vasco es la mejor manera de empezar a aprender. Y si tienen la oportunidad de anotarse en estos programas de intercambio, no lo duden: es una experiencia transformadora e inolvidable".
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