M. Belver. «Kaixo, gabon» (Hola, buenas noches). Así arranca cada lunes Sonia Hernández las clases de euskera en el Centro Regional Gure Txoko de Valladolid. Allí, una docena de alumnos se afana por aprender una lengua cuyo habla se circunscribe, casi de forma exclusiva, al País Vasco, a Navarra y al suroeste de Francia, a lo que se conoce como Euskal Herria.
Sonia es de Eibar, pero lleva desde 2000 en Valladolid. A su marido, alicantino, le gustaba el tema de las sociedades, de los txokos, y así dieron con la Casa Vasca de la capital castellana, el Gure Txoko. «Al poco tiempo nos enteramos de que hacía falta una profesora de euskera. Yo tengo el EGA (título que certifica un nivel del idioma tanto hablado como escrito) y me propusieron dar las clases», recuerda Hernández. Era 2012 y desde entonces ha sido la profesora de euskera de decenas de vallisoletanos.
Este año cuenta con entre 12 y 14 alumnos a los que da clases tres días a la semana. Los lunes lo hace de manera presencial y online; mientras que martes y jueves, solo de manera virtual: «Lo empezamos a hacer así desde la pandemia». Además, cada primer domingo de mes hace una clase presencial con niños (este curso cuenta con seis entre los 6 y los 10 años).
La pregunta es obligada: ¿Quién estudia euskera y por qué en Valladolid? «Hay gente que quiere opositar en el País Vasco; otros tienen ascendencia vasca y otros han vivido allí o su familia reside allí», responde Sonia. Sobre todo en el primer caso, sus clases sirven de preparación para presentarse al B1.
Alberto Sánchez es uno de esa docena de alumnos que arrancó este año las clases. Vallisoletano de Las Delicias asegura que estudia euskera porque le gusta la cultura ligada al País Vasco, «sobre todo las canciones. Así podré ir allí y entender el idioma». A sus 26 años es uno de los jóvenes y asegura que lo que más le cuesta son «los verbos».
Jesús Salamanca y Agustín Beltrán son de los veteranos, ambos con 67 años. Jesús lleva tres años acudiendo al Gure Txoko a estas clases. Aunque es de Cuéllar (Segovia), explica que le gusta la cultura vasca y que tiene nietos euskaldunes, en Zarátamo (Vizcaya), así que está aprendiendo para poder ayudarles con sus tareas cuando esté con ellos: «Lo más difícil son los verbos, el nor nori nork. Y lo más sencillo, el que de una palabra salen 3 o 4 más con el mismo origen». Agustín es de Zalla (Vizcaya), aunque se vino a Valladolid en 2001 ya que su mujer es castellana. Estuvo primero unos años en las clases de euskera y ahora ha vuelto: «Estoy motivado y quiero aprender». Además, el primer domingo de cada mes trae a su nieta Elaia para que vaya cogiendo nociones.
Esther Flórez nació en San Sebastián hace 56 años. Aunque desde 1983 reside en tierras castellanas, primero en Burgos y ahora en Valladolid. Su madre hablaba euskera y algunas cosas le suenan: «Tengo la espina clavada de no haberlo aprendido de pequeña. Ahora me lo he propuesto».
«No lo tengo claro, pero creo que solo se imparte euskera en Castilla y León en la Escuela Oficial de Idiomas de Miranda y aquí», apunta la profesora Sonia. En su caso, y en el del resto de las Casas Vascas repartidas por la península, recibe soporte y ayuda del Instituto Vasco Etxepare, organismo público del Gobierno Vasco dedicado a la promoción internacional de la lengua y la cultura vasca: «Una vez al año nos convoca a todos los profesores y nos da una masterclass, además de material, a través de plataformas». En toda Europa, vinculados a Casas Vascas, serán 14-15 profesores.
Las clases en Valladolid, gratuitas para socios y no socios del Gure Txoko, arrancaron en octubre y finalizarán en junio. Son dos horas por jornada y, aunque hay diferentes niveles, Sonia trata de unificarlo lo más posible: «Tenemos plataformas para hacerlo». Para todos está ese nor nori nork, un sujeto que realiza la acción (nork), un elemento u objeto que la recibe (nor) y alguien a quien va dirigida dicha acción (nori).
45 años del Gure Txoko Valladolid
El Centro Vasco de Valladolid, el Gure Txoko, dio sus primeros pasos en 1981 cuando, como se recoge en su web, «tras algunas reuniones previas en domicilios particulares, se pasó a encuentros continuados semanales en establecimientos diversos de la industria hostelelera vallisoletana, con particular incidencia en el mesón Don Claudio, propiedad de un iruñés». A principios de 1984 ya tuvieron un local, en la calle Alonso Pesquera. Y los Estatutos de la asociación fueron aprobados por el Gobierno Civil en marzo de ese 1984 mientras que el acta fundacional fue firmada el 27 de ese mes por 25 socios fundadores. En 1993, el Gure Txoko estrenó nueva ubicación, ya propia, en lo que había sido un solar de 150 m2 de la calle de la Estrella, en el barrio de La Farola.
Actualmente su presidente es Aitor Aranzabal, cuenta con siete decenas de socios y unas instalaciones con planta baja y dos alturas más; además de una amplia parcela. Tienen coro, con diversas actuaciones anuales tanto en Valladolid como fuera; con actividades culturales (excursiones, charlas, catas, campeonato de mus, de futbolín, actuaciones musicales...), clases de cocina, manualidades, euskera... además de celebraciones, como la diáspora, Euskal Jaia... y comidas cada dos semanas.
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