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El guitarrista vasco de los Black Crowes (El Diario Vasco-n)

2024/05/05

El músico argentino Nico Bereciartua, descendiente de una familia de Segura, explica su vinculación con Euskadi, en donde ha actuado varias veces en los últimos veinte años

Lotura: El Diario Vasco

Alberto Moyano. Qué hace un 'hijo del Goierri' tocando la guitarra en la gira del grupo estadounidense Black Crowes es algo a lo que Nico Bereciartua ha empezado a acostumbrarse a responder en este último año. La respuesta corta es que los hermanos Chris y Rich Robinson han remodelado de arriba abajo la banda en su nuevo disco, 'Happiness Bastards' y han recurrido a su destreza instrumental. La respuesta larga es que Bereciartua grabó hace años una versión del 'Baby' de Rich Robinson, la colgó en Facebook, se la hizo llegar al guitarrista de los Black Crowes y tiempo después, ya amigos, éste le llamó para que se sumara a la banda como parte de la nueva formación encargada de aportar «sangre fresca» al grupo. Orgulloso de sus orígenes vascos, Nico acostumbra a llevar una pegatina con la ikurriña en sus guitarras.

Cuando fue reclamado por los Robinson, Bereciartua no salía de la nada. Con una sólida carrera tanto en solitario como miembro de Viticus, la banda de su padre, Víctor Bereciartua 'Vitico', y del grupo Riff, el guitarrista argentino garantizaba su solvencia instrumental y su conocimiento de las dinámicas de una gira. Ahora, en pleno tour estadounidense, atiende a DV en algún lugar entre Nueva York y Boston. «Un gustazo. Me da mucha ilusión contar algo en el diario de San Sebastián y del País Vasco que tanto quiero».

Y arranca con su historia: «Mi tatarabuelo Domingo Bereciartua vivía en Segura. Se casó con Celestina Zumalacarregui y tuvieron cinco hijos: María Nieves y María Eduarda fueron monjas en Orduña; Gregorio fue sacerdote en San Sebastián; y Andoni y Pascual se vinieron a Argentina para instalarse en Santa Fe. Allí nació mi abuelo, Víctor Bereciartua, cuya familia regresó por un tiempo a Segura e incluso hizo allí la primera comunión». Luego, regresaron a Argentina, pero Nico Bereciartua visita el pueblo de sus antepasados vascos cada vez que tiene la oportunidad y deposita flores en sus tumbas en el cementerio de la localidad.

Y han sido unas cuantas las veces porque en lo que va de siglo su carrera musical le ha traído con relativa frecuencia al País Vasco, «en estancias de hasta un mes. Se siente un hogar. Me dicen: 'Bienvenido a casa'. Es un lugar en el que me siento cómodo, en el que todo está bien, algo que no pasa en todas las ciudades cuando uno va de gira».

«Estudié euskera»

La primera visita a Segura la hizo hace ya casi veinte años en compañía de su padre, Víctor Bereciartua 'Vitico'. «Estábamos de gira con su banda, Viticus, con la que hemos tocado en salas de San Sebastián, en el frontón de Ormaiztegi en el aniversario del general Tomás Zumalacarregui o en la Aste Nagusia de Bilbao, que me voló la cabeza». Sobre aquella primera estancia en el Goierri señala que «fue alucinante. Estuvimos estudiando euskera y aproveché para practicarlo un poco, aunque después se me hizo muy difícil continuar el aprendizaje. Pero algo me manejo, aún me defiendo».

«Los conciertos que dimos en San Sebastián con Viticus fueron en lugares chiquitos -la sala Doka entre otras-, y obviamente no había mucha gente. A la tercera vez que estuvimos en el País fue cuando pudimos organizar una estancia. Íbamos a comer, a la playa, a caminar por la bahía de San Sebastián...». La última vez que estuvo en Donostia fue hace seis años. «Me fui al Museo del Whisky a tomar unos maltas con chocolate blanco... Una linda noche. Y también sé que hay una sidrería llamada Bereziartua -con 'z', en Astigarraga-, que entonces estaba cerrada y ojalá ahora pueda visitar. Tengo en casa una botella cerrada que me trajo un amigo, pero nunca la abrí. No tengo ganas. Ahora trataré de comprar unas cuantas para disfrutarlas en Buenos Aires».

Fruto de estas visitas, Bereciartua tiene un notable conocimiento del rock vasco y algunas amistades. «Me acuerdo que compartimos cartel en un Bilborock con un grupo que se llamaba Arima Beltza, de rock and roll setentoso, muy bueno. Y luego tengo conocidos, como Jokin Salaverria, cuyos proyectos musicales son siempre muy buenos. Obviamente, Fito 'Fitipaldi' me gusta muchísimo también y lo mismo el rock de España. Soy muy amigo de Leiva y tengo una linda relación con Carlos Tarque, de M-Clan». Y no sólo eso: también participó con Viticus en la versión que Kepa Junkera grabó del tema 'Ala kinkiri' «que luego también incorporamos a nuestro propio repertorio en los conciertos en el País Vasco».

Sobre la ikurriña que luce en sus guitarras, explica que ya lo hacía antes de su primer viaje al País Vasco. Aquella primera bandera vasca se extravió durante una actuación, «no sé si le di con la púa o con la mano, la había ubicado mal. Me quería morir y entonces un amigo -Gurmendi, también de ascendencia vasca-, viajó a Euskadi y me trajo cuatro pegatinas. Después, cuando fui ahí me compré varias y se las puse a todas mis guitarras». Ahora muchos vascos le escriben al ver en las plataformas los vídeos de algunas de sus actuaciones. «Se siente muy lindo, es muy emocionante». Asegura que poca gente en su país le pregunta qué significa «porque la mayoría ya lo sabe. Argentina es un país que tuvo muchísima migración del País Vasco».

Sin embargo, aún no ha encontrado la pegatina que necesita ahora para la guitarra que está utilizando en la gira con los Black Crowes, pero en una loca pirueta del azar, se encontró una bandera vasca pegada en la maleta del cantante y líder del grupo. «Es lo más loco de todo -cuenta, divertido-. Chris Robinson tiene un amigo vasco y cuando empecé a tocar con el grupo y vi que tenía esa pegatina en su valija, le dije: 'Ah, mira, con la ikurriña'. Y me explicó que había estado de vacaciones en San Sebastián, que le encantaba porque le gusta mucho la gastronomía. Creo que esa ciudad debe ser el lugar del mundo en el que mejor se come».

«Bancar las raíces vascas»

Reconoce Nico Bereciartua que en algún momento se le ha pasado por la cabeza la idea de solicitar la nacionalidad española -también podría optar a la italiana por la vía materna-, «pero lo que pasa es que tendría que lograr que mi padre se hiciera la visa para luego yo solicitarla y mi padre es un tiro al aire, así que está por ver si logro convencerlo para que se haga la nacionalidad española». Y preguntado sobre si solicitaría la vasca en caso de existir, responde con claridad: «Claro. Cuando íbamos allí mi padre me decía: 'Nosotros no tenemos la nacionalidad española, pero deberíamos tener la vasca' porque él estaba muy metido con todo lo de Euskadi y con lo de bancar las raíces vascas».De vuelta a su tour con los 'crowes', reconoce que es «un sueño, inimaginable hace un tiempo. Me emociona mucho y no quiero darlo por sentado. Por la mañana me tomo un ratito para agradecer y volverme a repetir que no tengo que acostumbrarme, sino disfrutar de cada segundo».

Entre la pasión por los Stones y la fascinación por la tragedia de los Andes
En su whatsapp, luce una fotografía con el legendario Keith Richards. «Conocí a los Stones cuando vinieron a Argentina a través de algunos amigos comunes. Y cuando estuvimos en Los Ángeles, ellos estaban ensayando para esta gira. El pianista, Chuck Leavell, grabó en el primer disco de los Black Crowes y es muy amigo de los hermanos Robinson, así que vino con Ronnie (Wood) y Bernard Fowler (corista)». Y aunque su calendario de conciertos le impedirá asistir a alguna de las actuaciones de la gira que acaban de iniciar los Rolling Stones, sí tuvo oportunidad recientemente de compartir escenario con Ron Wood, que acompañó a los Black Crowes en el tema 'Stay with me'. «Para mí es un sueño tocar con los Black Crowes, lo fue tocar con Ronnie Wood, y para Chris y Rich hacerlo fue como un recontrasueño», explica. «Estábamos todos muy excitados, escuchando a The Faces porque aparte de que es un 'rolling stone', su trabajo en los setenta con The Faces fue algo muy inspirador para mí. Todo esto es seguir coronando este sueño».
Fuera del ámbito musical, Bereciartua también ha dedicado parte de su tiempo a profundizar en la tragedia que tuvo lugar en 1972 en los Andes y que J.A. Bayona ha devuelto a la actualidad con su película 'La sociedad de la nieve'. «Hasta un poquito antes de que sucediera aquello, mi tío jugaba en el equipo de rugby del Old Christians -al que pertenecían los jóvenes del avión accidentado-. Conocía a todos los que iban en el avión y cuando yo tenía doce o trece años leí el libro de '¡Viven!' y la historia me flipó». Fascinado por el tema, se puso a indagar. «Con los años, empecé a escribirle a Carlitos Páez -un superviviente-, que venía mucho a Buenos Aires porque estaba casado con una amiga de mi madre. Después, conocí a Eduardo Strauch -otro de los supervivientes-, que organizaba esos viajes al lugar del accidente en la montaña y le acompañé en uno de ellos».
Bereciartua se muestra «muy contento de que ahora, con 'La sociedad de la nieve', haya resurgido el tema y se le dé un poco de importancia y reconocimiento que no siempre tuvieron. En un primer momento no contaban mucho su historia por el tema de los familiares de los que quedaron en la montaña. Ahora, los supervivientes están teniendo un reconocimiento un poco tardío, pero que sirve porque hay muchas generaciones, como los actores de la película, que no tenían ni idea de lo que había pasado». El guitarrista considera «abrumador que siendo tan jóvenes hayan podido sobrevivir a algo tan duro y quedar tan bien, pero lo bueno que tiene esa historia es que Eduardo te cuenta que lo que hicieron ellos lo podía haber hecho cualquiera si hubiera estado ahí». Y añade otra enseñanza que se puede extraer de la tragedia: «Cuando pensás que no puedes estar peor, siempre puedes estarlo, aunque se puede salir manteniendo la cabeza con ideas claras y pensando que es posible sobrevivir a cualquier cosa que pase», concluye.


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