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Tras 6 días aislados por la nieve, la familia colombiana Rojas, cuidadora de San Miguel Aralar, baja a Lekunberri

14/03/2005

Alfonso Rojas con su hijo Mikel y su esposa Jaqueline Ríos junto al santuario
Alfonso Rojas con su hijo Mikel y su esposa Jaqueline Ríos junto al santuario

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Alfonso Rojas llegó hace cinco años junto a su mujer, Jaqueline Río, desde Colombia, y sus dos hijos, Mikel y Laura, de 3 años y 4 meses de edad, han nacido en el santuario de San Miguel de Aralar, uno de los centros espirituales más importantes de Euskal Herria. De hecho, Alfonso Rojas es quien se encarga de cuidar el santuario. En este tiempo, los Rojas se han ido acostumbrando al lugar y a las gentes, aunque quizás algo menos a la nieve y las temperaturas extremas que se están viviendo estos días en todo el país. Esta semana pasada estuvieron seis días aislados por la nieve, según recoge el reportaje publicado por El Diario Vasco.
Han sido seis días aislados en San Miguel de Aralar. Alfonso Rojas y su familia bajarán hoy por fin a Lekunberri para «llenar la despensa». Una máquina de rodillo fue la encargada ayer de abrir la carretera que permanecía cerrada desde la casa del guarda de Aralar.

Alfonso Rojas, cuidador del santuario, se mostraba muy contento al ver que podía salir y ver a sus vecinos. «Hemos estado aislados desde el jueves y la verdad, ya teníamos ganar de que llegaran las máquinas, pero también sabíamos que la cosa estaba bastante mal».

Desde la primera nevada de este año en enero, la nieve alcanzaba más de dos metros y medio de espesor en muchos puntos e incluso tres metros de altura alrededor del santuario. La carretera estaba cortada desde el kilómetro 14. Las máquinas quitanieves habituales no podían realizar su trabajo «porque la gran capa de hielo les impedía avanzar y la nieve almacenada sobrepasaba la cuchilla. La nieve que arrastraban se almacenaba en el centro de la carretera y no podían limpiarla. Hace unas semanas ya se veía que sería necesario que trajeran una máquina de rodillos, viendo la cantidad de nieve que había en ambos lados de la carretera. Ahora, ya la han abierto y esperamos que para el fin de semana habiliten los dos carriles para que la gente pueda subir».

Nieve, nieve y más nieve

Alfonso Rojas llegó hace cinco años junto a su mujer, Jaqueline Ríos, y sus dos hijos, Mikel y Laura, de 3 años y cuatro meses de edad, respectivamente han nacido en el santuario navarro. Según el colombiano de Aralar «éste es el invierno más duro que hemos pasado hasta ahora. Cuando llegamos era mayo y estaba nevando. Pensamos: 'No vamos a durar mucho aquí'. Pero poco a poco, nos fuimos haciendo al lugar».

Su hijo Mikel es el que peor ha llevado estar aislado porque durante todo ese tiempo no podía ir a la escuela de Uharte Arakil. Algunos días salía con su trineo a jugar con sus padres, pero se aburría. «La anterior nevada estuvo sin ir a clase dos semanas y esta vez tampoco ha podido ir. Era imposible bajar debido a la cantidad de nieve que había y además se nos estropeó el todoterreno». Mikel verá hoy a sus amigos y podrá jugar con ellos.

La gran cantidad de nieve caída y las bajas temperaturas registradas durante los últimos días --que han sobrepasado los 16 grados bajo cero-- han hecho que la nieve permanezca casi intacta desde la última nevada de este fin de semana. Alfonso Rojas y su familia cuentan de calefacción y fuego de leña para calentarse y según comentaba «mientras tengamos agua, luz y teléfono no nos preocupamos, porque alimento ya tenemos». Lo que sí echan de menos es el pan «pero tenemos barras congeladas. Las preparamos en el horno y no hay ningún problema». Alfonso y su mujer Jaqueline aseguran que se están cansando de tanta nieve. «Estamos un poco aburridos. Hasta ahora no ha pasado nada malo, los niños se han puesto enfermos ni ha habido ningún otro problema, pero queremos que empiece a hacer buen tiempo. Sólo deseamos volver a la normalidad, que empiece a llover y baje la nieve. De lo contrario, estaremos así hasta verano».

Los colombianos han sobrevivido a un duro invierno en Aralar, pero peor suerte han tenido algunas de las yeguas que se quedaron aisladas a la intemperie. Desde principios de año ya han aparecido algunos ejemplares congelados en la zona de Igaratza y Albi.

(publicado el 10-03-2005 en El Diario Vasco)


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