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La foto con Aguirre de la decana de la diáspora caraqueña (en Deia)

04/10/2020

La niña de la guerra elorriarra Mari Cruz Díez Lazcano cumple 103 años en la Venezuela que le acogió junto a su marido Vicente Alberro e hijos (ver la foto en la edición original)

Enlace: Deia

Iban Gorriti. El 14 de septiembre la vasca decana de la comunidad de la diáspora venezolana cumplió 103 años. Se llama Mari Cruz Díez Lazcano y es natural de Elorrio, aunque reside en Caracas desde que buscó el exilio en un país en paz cuando era una niña de la Guerra Civil. Su retentiva se ha ido perdiendo los últimos años en el país americano. Pero quienes mejor la conocen aseguran que sobrevivió al histórico bombardeo fascista contra Durango del 31 de marzo de 1937, aunque también pudiera ser que fuera testigo del ataque aéreo que sufrió su pueblo Elorrio aquel mismo día, horas antes de que los italianos acabaran con más de 300 personas inocentes el pueblo durangués, la mayoría mientras estaba oyendo misa. "No queda claro. Siempre se ha dicho que estuvo en el bombardeo de Durango, porque ellos, a pesar de ser de Elorrio, tenían una casa a las afueras de Durango y pudo ser que lo viera desde allí", teoriza la familia con Maite Alberro –nieta– y Pedro Alberro –hijo– como portavoces directos para Deia.

Un hijo de Mari Cruz que reside en Miami, Pedro, cree que su madre "estaba en Durango cuando el bombardeo y por Elorrio pasaban y disparaban (no sé si bombardearon en Elorrio). Sí contó que salían corriendo a refugiarse en un puente pequeño de carretera cerca de su casa en Elorrio. También que los aviones pasaron varios días pero no fijo todos los días, unas veces volaban muy alto y otras muy bajo".

Fuera como fuere, la comunidad del centro vasco caraqueño celebró por todo lo alto el aniversario número 103 Mari Cruz Díez Lazcano, nacida en 1917 en Elorrio e hija de Felipe Díez y María Fernanda Lazcano. Esta mujer hizo frente a los primeros compases de la Guerra Civil que tras el golpe de Estado militar estalló cuando la vizcaina tenía 19 años. Tras los bombardeos de Durango o Elorrio, residió en Donostia, donde se casó con Vicente Alberro Echeverría, oriundo de Bermeo, y en la denominada Bella Easo nacieron sus dos primeros hijos, Fernando y Pedro. Por cuestiones políticas y económicas se exiliaron a Venezuela, donde nació su tercer hijo, Antonio. "La familia se integró en la Eusko Etxea de Caracas, desde donde junto al resto de la colectividad apoyaron a los vascos de Euskadi y al Gobierno vasco en el exilio, participando de la activa gran hermandad y solidaridad vasca que impregnaba la vida de aquella porción de Euskadi arraigada en tierra venezolana", valoran desde Euskal Kultura.

Llegados aquí, merece la pena echar la vista atrás y hacerlo junto a una nieta de Mari Cruz como es Maite Alberro, a la única que la longeva mujer reconocía hasta hace escasos días. Así, se nos transmite que en los días de la guerra militar, Díez Lazcano se encontraba en Elorrio y Durango y por ponerse la situación cada vez más difícil debido a los bombardeos y la aviación italoalemana, su padre decidió salir de allí e ir con su familia a Donostia. "El ejército de Franco estaba asesinando sin contemplación y unos primos de la propia Mari Cruz fueron fusilados por los requetés, boinas rojas, junto a sus padres (tíos de Mari Cruz) porque se habían quedado en el caserío...", lamenta Maite Alberro desde el otro lado del Atlántico.

En la capital guipuzcoana, la hoy centenaria conoció a su esposo, Vicente Alberro, quien había estado preso. "Cuando salía de permiso restringido, Mari Cruz lo esperaba en la salida del taller", evoca Maite. Las anécdotas del matrimonio se solapan. Así, por ejemplo, Vicente estuvo retenido en un taller de artes gráficas y, tras cuatro meses preso, lo empezaron a dejar salir seis horas y volver a presentarse. "Así anduvo por un tiempo mientras estaban supervisados dentro del taller haciendo mapas para los nazis". Mari Cruz lo buscó y le permitían llevar comida. Otro recuerdo familiar es que Vicente tenía que ir a hacer guardias para la Intendencia Militar de Euzkadi en Tolosa, y Mari Cruz, como buena costurera, le cosía la chapa que lo identificaba, en el abrigo. La pareja contrajo nupcias en la iglesia Santa María de la parte vieja de Donostia en 1940.

En esa misma parroquia, en una capilla trasera del altar, fueron bautizados Fernando, primer hijo del matrimonio, y años después, Pedro. Tiempo después, decidieron emprender nuevos caminos escogiendo como destino Venezuela. El barco no atracó directamente en ningún puerto venezolano, sino en la cercana isla de Aruba, porque el gobierno de Venezuela no tenía entonces relaciones con España. De Aruba salieron en avión a Maiquetía, llegando en enero del año 1948 Vicente Alberro, Mari Cruz Díez y sus dos hijos Fernando y Pedro, y pocos años después nació en Venezuela su tercer hijo, Antonio. En el país tuvieron nietos: Miren Itziar, Maite, Alexander y Jon Andoni, y una bisnieta, Isabella Carolina. "La vida social de amama en Venezuela siempre fue en el centro vasco de Caracas, donde cultivó grandes amistades", entre ellas, la del lehendakari Aguirre, con quien se fotografió gracias al pulso acertado de su marido Vicente.

POSITIVA. A Mari Cruz y Vicente les encantaba bailar, así se conocieron, yendo a los bailes de los pueblos aledaños. "Amama siempre ha sido una mujer alegre, siempre positiva, con buena actitud. Querida por todo el que la conociera", agrega Maite, quien rememora que "no le gustaba hablar de su vida de niña y la guerra". Como mucho han heredado oralmente que la familia tenía un caserío y huertas entre Elorrio y Durango. En Elorrio contaban con una casa en la calle San Juan con el río fluyendo por la parte trasera, y un edificio que era del patrimonio familiar. Narra Maite: "Al lado de la casa donde vivían, había un local de venta de vino; y al final de la calle había una fuente donde los animales tomaban agua y más abajo había un aserradero". La familia recuerda que Vicente Alberro fue gudari, pero no saben la afiliación. "A pesar de ello, la amona nunca recibió una paga extra del Gobierno vasco que daban por haber sido gudari", lamentan.

El contacto para migrar les llegó por un amigo. "Vicente trabajaba en una fábrica llamada Nerecan que estaba a la salida de Donostia hacia Pasajes y le ofrecieron un buen trabajo en Madrid, en la casa de La Moneda como impresor, pero un amigo de él llamado Manuel le dijo que en Venezuela tenía trabajo al día siguiente de llegar y que, lo que ganaría en un mes en Venezuela, en España le costaría 5 o 6 meses, que el clima de Caracas era verano todo el año, y que había muchos vascos exilados, por lo que pidió dinero prestado a la familia para llegar a Venezuela y a la semana de trabajar, pago el préstamo". Cuando llegaron a Venezuela ya tenían una casa arrendada que le habían conseguido con el trabajo. En esa casa nació su tercer hijo, Antonio. En esa misma casa, por ser tan grande, Mari Cruz y su esposo Vicente recibieron a personas que llegaron a Venezuela en las mismas condiciones que ellos y les prestaban habitación hasta que consiguieran dónde ir sin cobrar nada a nadie. "En esa época, los vascos eran una hermandad", aporta Maite.



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