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María Elena Etcheverry de Irujo, una mujer que honra al pueblo vasco, su cultura y su lengua (en Caminos Culturales)

02/10/2020

Entrevista a la doctora María Elena Etcheverry Rando de Irujo, nacida en un hogar que la impulsó a hacer realidad sus sueños. 

Enlace: Caminos Culturales

Patricia Ortiz. Desde muy joven observaba a su padre, quien investigaba, por ejemplo, sobre la elevada presencia factor RH negativo en población de origen vasco y sobre las particularidades y características de la comunidad vasca: su historia, cultura y lengua, el euskera. Etcheverry comenzó sus estudios de euskera tiempo después al conocer a su esposo, Don Andrés María de Irujo Ollo. El tiempo y sus nobles ideales transformaron sus intereses personales en conocimientos que necesitaba compartir: desde hace quince años ejerce la docencia y hoy preside la Eusko Kultur Etxea (Casa de la Cultura Vasca), donde dicta clases de euskera y continúa, así, con el legado de su esposo, hombre generoso y culto que siempre buscó iluminar las ideas de quienes lo rodeaban.

C. C.: ¿En qué etapa de su vida se encuentra?  

En una etapa interesante. He cumplido ochenta y dos años y no me he dado cuenta del paso del tiempo. Agradezco a Dios mi memoria y mi entusiasmo para trabajar; me permite llevar a cabo proyectos personales y profesionales en comunidad. Me he jubilado hace varios años como médica, habiéndome graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires a mis veintitrés años de edad. Siempre he tenido un gran interés por aprender el euskera, una tarea emprendida con paciencia y dedicación, aun en épocas de profesión y docencia como médica. Al terminar esa época de gran demanda, hace quince años, sentí la necesidad de transmitir mis conocimientos. Hoy en día, en la institución que presido —Eusko Kultur Etxea— dicto aproximadamente dieciocho horas semanales de euskera con intensidad y pasión.

C.C.: ¿Qué objetivos persigue la Casa de la Cultura Vasca?   

La Eusko Kultur Etxea es una institución cultural que difiere un poco de otros centros vascos que hay en el país y que trabaja en equipo para difundir los elementos identitarios del pueblo vasco, como sus mitos, leyendas, costumbres y lengua.  Dictamos, por ejemplo, clases virtuales en las que incluimos la mitología vasca. El año pasado iniciamos un taller de autores argentinos de origen vasco, que incluye el análisis de la obra y contenidos donde aparecen las características de la personalidad vasca, la persistencia, la paciencia y la constancia en los proyectos que emprende.

C. C.: Además de presidir esta institución, ¿tiene alguna otra responsabilidad relacionada con la difusión de la cultura vasca?

Sí, soy la responsable de la editorial vasca Ekin, fundada por mi esposo Andrés de Irujo e Isaac López Mendizábal, ambos exiliados nacionalistas vascos de la Guerra Civil Española. Contaron con la ayuda de Don Sebastián de Amorrortu, quien procedía de la emigración que hubo durante la primera década del siglo XX y tenía una empresa de artes gráficas. En ese entonces, los libros se destruían; ese genocidio cultural motivó a Andrés a contrarrestarlo. Él siempre decía: “mi trinchera son mis libros”.  La editorial ha superado ya los cien libros editados sin contar con muchos medios económicos. Yo era socia de la editorial y por eso, luego de la muerte de Andrés en 1993, continué con su obra.

C. C.: ¿Y qué contenidos publica la editorial?

Hoy tenemos dos áreas de actividad. Una, que comenzó en 2016 y contiene títulos de autores que incluyen la cultura vasca en sus obras. Son textos muy interesantes y un homenaje a la editorial de quienes, viviendo en el exterior, brindaron sus títulos. Entre ellos encontramos: Unamuno y el vascuence, de Martín de Ugalde —un trabajo muy interesante—, cinco libros de Leizaola, y El hombre prehistórico en el País Vasco, de Barandiarán. José Antonio Aguirre pudo publicar también De Guernica a Nueva York pasando por Berlín, un libro que ayudó mucho a dar a conocer la problemática vasca en el mundo. La otra es el catálogo de libros en euskera, entre los que hay uno muy curioso titulado Euskaldunak Argentina’n.

C. C.: Volviendo a las raíces, ¿cómo es el pueblo vasco?

Es un pueblo paciente que ha sufrido mucho. No ha sido conquistador ni guerrero y es muy diferente a otros grupos humanos europeos de siglos pasados. Por ese motivo, ocupaban en Europa un espacio amplio mucho mayor al actual. En el siglo I empieza a retraerse el área de localización de su lengua, el euskera, que define al Euskal Herria o “País de los vascos”, un concepto que evolucionó hacia un plano antropológico y cultural y designa a un territorio con rasgos culturales bien definidos. Aun así, ha sido un pueblo permeable a lo nuevo: de los celtas adquirió, por ejemplo, la labor en el cultivo y pasó de ser un pueblo nómade a uno sedentario y labrador (nekasari). Otra cosa que adoptó fueron distintas técnicas para trabajar el hierro, el metal y la madera.

C. C.: ¿Puede describirnos el origen del euskera?

El euskera es un idioma preindoeuropeo cuyo origen está perdido en el paleolítico, no se le conoce parentesco con otras lenguas y persiste dentro de las originarias del continente con el mérito de haber sobrevivido a las expansiones e invasiones culturales de otros pueblos.

C. C.: ¿Qué valores del pueblo vasco se representan en los escudos?

Los escudos de cada territorio tienen un simbolismo determinado. Si nos centramos en el árbol de Guernica, que está en el escudo de Bizkaia, habla del ser, porque el árbol para los pueblos y culturas primigenias tenía un simbolismo particular. El pueblo vasco se reunía alrededor de un árbol para hablar de sus problemas y dictaminar sus leyes. Hay una evolución importante desde que el hombre primitivo descubre el fuego y lo lleva a su casa. “Su”, por ejemplo, es fuego en euskera y hay una expresión que destaca el hecho de reunirse alrededor del fuego, del calor, de la cocina de la casa, donde la familia comparte sus tradiciones, historia y valores, donde cultiva y preserva la lengua materna, tan propia y conservada a lo largo del tiempo.

C. C: ¿De dónde provienen los valores de la democracia vasca?

En la mitología vasca, el sol y la luna son femeninos. Hablamos de lo que genera la vida o Amalur, la Tierra Madre. El vasco se reunía alrededor del fuego cuando tenía problemas en la pequeña comunidad, su familia, y el hombre y jefe llevaba luego su voto a la reunión de juntas, alrededor del árbol, donde decidían cuestiones que se transforman en leyes. Esta es la esencia de la democracia vasca, no es vertical, sino una construcción que parte del antiguo fuego hogareño y que hoy llega a entidades como el Ayuntamientos o el Parlamento.  

C. C.: ¿Cómo comenzó su inquietud por estudiar euskera?

Tuve un hogar y unos padres maravillosos. Tengo ascendencia vasca por parte de padre —Baigorri (BN) y Aizarnazabal (G)— y mi madre, hija de andaluces de Vélez-Málaga, siempre me hablaba de mis abuelos vascos, aunque sin definir a qué zona pertenecían. Siempre quise conocer esa lengua y buscaba palabras en un diccionario, aunque no tenía el método para hacerlo. Con el tiempo, mi padre —el médico argentino que hizo la descripción de una mayor presencia de factor RH negativo en la población vasca— despertó aún más ese deseo. Siendo una joven de dieciséis años a punto de empezar la universidad escuchaba sobre esta característica de distribución especial del pueblo vasco. Y entonces me preguntaba, ¿qué misterio existía en esos pobladores que, además de tener una lengua isla tan particular presentaban esa disposición genética que hacía  pensar que Europa era la fuente primigenia del  RH negativo?

C. C.: ¿Existían entonces otras teorías acerca del descubrimiento genético realizado por su padre?

La investigación de mi padre coincidió con las teorías de antropólogos que hablaban del desarrollo del hombre de Cromagnon in situ; mi padre encontró una mayor frecuencia inusitada técnicamente. Algunos han dicho que era una hipótesis o teoría, pero no fue así: la mayor frecuencia de un factor es un hecho de observación concreta y real, que no quiere decir que pertenezca al pueblo vasco, pero hay pueblos que no tienen prácticamente rasgos de ese factor y son casi cien por ciento RH Positivo. Esto contribuyó a determinar que, posiblemente, el pueblo vasco era un pueblo originario de Europa desarrollado en el mismo lugar que hoy ocupa. Si bien esa ubicación —producto de retraerse para protegerse de invasiones— lo ha llevado a ambos costados del Pirineo y a cabalgar en una zona montañosa a la que no llegaban fácilmente los carros, esto no significa que estuviera aislado. El vasco pactaba con otros pueblos y tomaba elementos de ellos sin perder su característica identitaria, lengua y cultura. Esto tiene que ver con su carácter persistente, ¡nos dicen cabezas duras! También destaco que si existe una persona noble, franca y consecuente con sus valores, ese es el vasco. A eso lo lleva también su propia lengua, de características directas entre la pregunta, la respuesta y la acción.

C. C.: ¿Qué importancia tiene el vasco en la emigración que llegó a la Argentina?

Ha tenido épocas, en las modernas se lo vincula con las guerras carlistas en el norte y sur del Pirineo. Los cambios culturales y el modo de vida del vasco le inculcaron el deseo de ser libre y de no formar parte de las milicias porque no tenía que ver con intentos de conquistas de pueblos como el francés. Eso lo hubiera llevado a guerrear en contiendas como las de Cuba o Filipinas: a raíz de estas guerras francesas se sintió agredido y decidió emigrar. En la Argentina, un 10% de la población tiene origen vasco; en Uruguay, un 25%. Por otra parte, los cuarenta y cinco años de oscurantismo total y de actitudes sangrientas de la dictadura de Francisco Franco también fueron tiempos de emigración intelectual: esto permitió el desarrollo y la formación de los Centros Vascos. La Argentina cuenta con cien centros, superando a cualquier otro país. 

C. C.: ¿Qué siente al poder dictar ahora clases de euskera, una lengua que usted siempre valoró?    

Al principio, aprenderla fue una necesidad personal, pero luego llegó el momento de volcarla a los demás a través de la Casa de la Cultura Vasca. Creo que el hombre no solo tiene la necesidad de satisfacer necesidades básicas como la comida, el trabajo, la educación o el descanso; es terrible no poder hacerlo, pero también es importante  inclinarse hacia lo que busca el espíritu. Pienso en un hombre que no ha podido conocer a su hijo o viceversa, ese hecho siempre dominará su vida. Lo mismo ocurre con la cultura de los antepasados, lo hacemos como homenaje, anhelando captar así algo más de su historia y entender características de la personalidad de la familia que permiten decir “me gusta”.

C. C.: ¿Qué trabajos realiza con la Comunidad Autónoma del País Vasco?

Hay una relación dentro de la estructura de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Gracias a Dios, existen estas estructuras y realizan un trabajo activo: hay un área del territorio de Euskal Herria que fomenta las actividades culturales, la promoción de la lengua y todo lo relacionado con la cultura del país. En otros territorios no se da esto con facilidad, pero sabemos que Euskal Herria, el país vasco, está limitado a esta comunidad. Tenemos un gran afecto por todo lo que proviene de la comunidad vasca y hay cargos de relación, una Delegación del Gobierno para Argentina y el Mercosur, y una Dirección de Relaciones de la comunidad vasca del exterior. La llamada diáspora, un pueblo disperso en el mundo que ha perdido el nexo y no tiene un territorio de origen, nunca ocurrió con el país vasco, que quedó retraído en el Pirineo pero no perdió su territorio originario.  Esa vinculación con el territorio y sus habitantes, el mirar y desear eso, hoy nos encuentra vinculados y existe un apoyo con subvenciones pequeñas pero que nos da la posibilidad de hacer lo que hacemos.

C. C.: ¿Cómo se enriqueció su vida con la compañía de un hombre maravilloso como don Andrés de Irujo Ollo?  

Andrés fue el hombre con quien desarrollé y perfeccioné mis ideales y anhelos. La diferencia de edad —nos casamos teniendo él setenta años y yo cuarenta— nos acercó mucho y vivimos años muy felices. Siempre me decía: “Nunca te dejaré”. Y cumplió. El camino recorrido a su lado me ha dado proyectos para el resto de mi vida. Y ahora me encuentro aquí con el desafío diario de entusiasmar a quienes toman las clases en el Centro.

C. C.: Si él estuviera aquí, ¿qué proyecto realizarían?

Los mismos que estoy llevando a cabo en la actualidad. Él vivió por y para dejar un legado transmitiendo la Cultura Vasca, algo que yo he continuado: es como darnos la mano día a día y continuar enriqueciéndome de una manera increíble. Pienso que el trabajo que se brinda para los otros nos hace sentir cómodos con nosotros mismos, más plenos, vivos y comprensivos de las particularidades de los demás.

Patricia Ortiz
Corrección: Ailen Hernández
Crédito fotográfico: Casa de la Cultura Vasca y Caminos Culturales 



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