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Una mirada literaria a los vascos de EE UU (en El Diario Vasco)

07/09/2023

Hace 100 años nació en Alturas (California) Robert Laxalt, un autor que con su característica modestia se autodefinía como «un vasco que escribe», pero que llegó a convertirse en el intérprete literario por excelencia de los vascos de EE UU.

Enlace: El Diario Vasco

Por David Río Catedrático de Literatura Norteamericana UPV/EHU

Lo cierto es que Laxalt, hijo de emigrantes de Zuberoa y la Baja Navarra que llegaron al Oeste americano a principios del siglo XX, en un principio se centró en labrarse una carrera como periodista en Nevada y era bastante escéptico sobre sus posibilidades de triunfar como escritor dados sus orígenes humildes y su entorno socio-económico. De hecho, en sus inicios literarios llegó a escribir a su agente en los siguientes términos: «He nacido y he sido criado aquí, soy hijo de un pastor y estoy llevando a cabo un experimento muy interesante: '¿Cuánto tiempo tarda un escritor en morirse de hambre?'». Irónicamente, esos mismos orígenes humildes se convertirían en la clave de su éxito literario, puesto que Laxalt alcanzaría su sueño americano cuando decidió escribir un libro sobre la vida de su padre, Dominique, pastor en Nevada durante 47 años, y la visita que ambos realizaron al País Vasco a mediados de los 50. Esta obra, la emblemática 'Sweet Promised Land' (Dulce tierra prometida), publicada en 1957, no solo fue fundamental para impulsar la carrera de Laxalt como escritor, sino también para la visibilidad cultural y social de los vascos en EE UU.

El libro refleja a través de la historia de Dominique las peripecias de gran parte de la diáspora en aquel país, fundamentalmente de los pastores vascos en el Oeste. Es una obra que rescata del olvido a una comunidad que hasta entonces apenas había conseguido una visibilidad significativa, por cuestiones demográficas y por su vinculación al pastoreo, una actividad escasamente valorada en el Oeste norteamericano, donde el 'cowboy' y su mitología ejercían un protagonismo casi absoluto. De hecho, la publicación de 'Dulce tierra prometida' sería decisiva para que en 1959 se celebrase el Primer Festival Vasco del Oeste en Reno-Sparks (Nevada) e influiría notablemente en la creación en 1967 del Programa de Estudios Vascos de la Universidad de Nevada en Reno. La repercusión de 'Dulce tierra prometida' va mucho más allá del ámbito vasco-norteamericano, ya que la obra desde un primer momento fue recibida como un libro reivindicativo de la historia de los emigrantes en aquel país y, en particular, de las minorías, en una época en la que todavía no se había producido el auge del multiculturalismo. La obra lógicamente también contiene un significado muy especial para los vascos del Viejo Mundo, a los que permite familiarizarse con las experiencias de los vascos en el Oeste norteamericano y conocer cómo se ve nuestra tierra desde la perspectiva de estos emigrantes cuando regresan y de la de sus descendientes.

Es una obra que se tradujo pocos años más tarde al alemán y al francés, pero que tardó bastante en publicarse en euskera (1988) y en castellano (2000). Todavía no es un libro muy conocido entre nosotros, particularmente entre los más jóvenes. Sin embargo, como recordaba Bernardo Atxaga en el documental 'Basque Hotel' (2011), es un libro que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas e institutos de Euskadi, primero porque es una obra maravillosa, y segundo, porque nos muestra que los vascos somos más plurales de lo que pensamos. Las obras de Laxalt sobre los vascos no se reducen a 'Dulce tierra prometida', sino que a lo largo de su carrera literaria, que abarca diecisiete libros y varias nominaciones al Premio Pulitzer de Narrativa, podemos encontrarnos con notables novelas semiautobiográficas, como 'The Basque Hotel' (traducida al castellano como The Basque Hotel: Nacido en América), 'Child of the Holy Ghost' o 'The Governor's Mansion', e interesantes obras basadas en sus estancias en el País Vasco, como 'A Cup of Tea in Pamplona' (traducida al euskera como Kafea hartzea Iruñean).

Lamentablemente, la mayoría estas obras todavía son desconocidas para buena parte del público lector vasco, y lo cierto es que, aunque en 1986 se le concedió a Laxalt el Tambor de Oro por parte del Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián, todavía la sociedad vasca tiene una importante deuda con este autor, que además marcó el camino para posteriores generaciones de escritores vasco-norteamericanos, como Monique Laxalt (su hija), Gabriel Urza (su nieto), Frank Bergon, Martin Etchart, Gregory Martin o Gretchen Skivington. Confiemos en que el centenario de su nacimiento permita una mayor divulgación de su obra y el justo reconocimiento a un autor que siempre será recordado como el pionero literario de los vascos de Norteamérica.



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