LOS HIJOS y los descendientes de los y las vasco-estadounidenses que participaron en la SGM quieren saber, y rendir homenaje a sus familiares que contribuyeron en aquellos convulsos años de la 2GM a la defensa de la democracia frente al embate del totalitarismo. Ese mismo proceso y reivindicación llevará próximamente hasta Okinawa (Japón) a familiares de seis soldados vasco-estadounidenses fallecidos durante y tras la Batalla de Okinawa, que participarán por primera vez en el Día de Conmemoración de Okinawa —Irei no Hi (慰霊の日), una fecha que se conmemora en Okinawa con la mayor de las solemnidades— el 23 de junio de 2026.
El Dr. Pedro J. Oiarzabal, investigador principal de “Fighting Basques”, asistirá en poco más de una semana, en representación de Sancho de Beurko y de la Federación Norteamericana de Entidades Vascas (N.A.B.O.), a esta imponente ceremonia que paraliza cada año la vida en Okinawa. Los seis soldados vasco-estadounidenses vinculados a Okinawa fueron Lawrence Amoriza, Alejandro Itcea, Dominique Laxague, Felix Ordoquihandy, Steven Sahargun y Joseph Uriola.
Ochenta y un años después de la batalla, el viaje representa mucho más que una visita conmemorativa. Para las familias, supone la posibilidad de viajar al lugar donde las vidas de sus familiares terminaron abruptamente, conectando la memoria familiar con uno de los espacios de recuerdo y reconciliación más importantes asociados a la Segunda Guerra Mundial. Celebrado anualmente en el Cornerstone of Peace, Irei no Hi conmemora el final de la Batalla de Okinawa —la última gran campaña de la Segunda Guerra Mundial y una de las más devastadoras— y honra a las más de 240.000 personas que perdieron la vida durante aquel terrible episodio, entre ellas más de 14.000 estadounidenses y al menos 100.000 civiles okinawenses cuyos nombres están hoy memorializados en el monumento.
Del recuerdo a la conexión humana
El antecedente de este viaje se remonta a diciembre de 2023, cuando el propio Dr. Pedro J. Oiarzabal viajó a Okinawa en representación de Sancho de Beurko y de la North American Basque Organizations (N.A.B.O.) para rendir homenaje a los soldados vasco-estadounidenses fallecidos en el teatro del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.
Aquel primer viaje, realizado en el marco del proyecto de investigación “Fighting Basques: Memoria de la Segunda Guerra Mundial”, dio comienzo a una relación continuada con las instituciones relacionadas con el Peace Memorial Park de Okinawa y el Cornerstone of Peace.
Con el tiempo, lo que comenzó como un acto de recuerdo terminó adquiriendo una dimensión mucho más humana.
Algunas familias volvieron a conectar con historias que prácticamente habían desaparecido con el paso de los años y acabaron creando nuevos vínculos entre Okinawa, Euskal Herria y la diáspora vasco-estadounidense.
Como parte de este trabajo, uno de los seis soldados, el marine Felix Ordoquihandy, cuyo nombre todavía no figuraba en el Cornerstone of Peace, será inscrito oficialmente antes de las conmemoraciones del 23 de junio. Además, la inscripción de otro de los soldados, Alejandro Itcea, será actualizada para asegurar que su nombre quede fielmente representado en el memorial.
La participación en los próximos días en Irei no Hi supondrá asimismo la primera presencia vasca formal en una de las conmemoraciones anuales más importantes del mundo dedicadas a la paz, el recuerdo y la reconciliación.
Durante su estancia en Okinawa, el Dr. Oiarzabal participará en encuentros y conversaciones centradas en la diáspora, la memoria histórica y los vínculos personales que siguen implementándose más de ocho décadas después de la Segunda Guerra Mundial.
Seis vidas jóvenes
No formaban un grupo por decisión propia, sino por las circunstancias de la guerra.
Sus nombres eran Lawrence Amoriza, Alejandro Itcea, Dominique Laxague, Felix Ordoquihandy, Steven Sahargun y Joseph Uriola y fueron seis soldados vasco-estadounidenses cuyas vidas terminaron cruzándose en Okinawa.
De ellos, cinco de ellos eran hijos de inmigrantes vascos que habían llegado a Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX para construir una nueva vida en el Oeste Americano. El sexto era nieto de inmigrantes. Sus familias procedían de ambos lados del País de los Vascos —Bizkaia y Nafarroa en el sur, Nafarroa Beherea y Zuberoa en el norte.
Crecieron en California e Idaho, en comunidades rurales, en ranchos y pequeños pueblos marcados por la migración y el trabajo duro.
Cuatro sirvieron en unidades de infantería del Ejército de los Estados Unidos. Dos fueron marines del 5.º Regimiento de la 1.ª División de Marines, una de las unidades más intensamente desplegadas en el Pacífico.
Algunos ya habían combatido en el Pacífico, desde las Aleutianas hasta Kwajalein, Leyte, Tarawa o Saipán. Joseph Uriola, de Boise (Idaho), había participado en varias campañas y recibió la Estrella de Bronce por salvar la vida de un compañero en Filipinas. Steven Sahargun, de Bakersfield (California), había combatido en algunos de los escenarios más duros de la guerra antes de llegar a Okinawa.
Felix Ordoquihandy, marine de San Francisco, sobrevivió a duros combates en el Pacífico, incluida Okinawa, pero no murió en combate. Falleció en un trágico accidente en el mar tras el fin de los combates. Su cuerpo nunca fue recuperado.
Otros llegaron a Okinawa sin experiencia previa en combate.
Dominique Laxague, Lawrence Amoriza y Alejandro Itcea formaban parte de un reemplazo enviado directamente a uno de los escenarios más brutales de la Segunda Guerra Mundial.
Para ellos, Okinawa fue su primera batalla. Y la última.
Tenían de media cuando murieron poco más de 21 años.
Lawrence Amoriza y Alejandro Itcea eran dos de los más jóvenes y con menor experiencia y sus historias nos ayudan a comprender la vida que hay detrás de seis nombres.

Lawrence Amoriza
El marine Lawrence Amoriza sirvió en la Compañía A, 1er Batallón, 5º Regimiento de Marines, 1ª División de Marines. (Fotografía cortesía de la familia Amoriza).
Lawrence Amoriza nació en 1925 en Pocatello, Idaho, en el seno de una familia de inmigrantes vascos procedentes de entornos rurales de Bizkaia.
Su padre, Tomás “Thomas” Amoriza Zubero, llegó a Estados Unidos en 1916, con dieciocho años. Su madre, Asunción Guerricagoitia Bengoechea, lo hizo pocos años después. Como tantas familias vascas de aquella generación, construyeron su vida a través del trabajo agrícola, primero como pastores de ovejas, después como trabajadores del campo.
Siendo Lawrence aún niño falleció su madre. Su padre trasladó a la familia a California, donde continuaron trabajando la tierra.
A comienzos de la década de 1940, Lawrence trabajaba en labores agrícolas junto a su padre y sus hermanos.
Con 18 años fue llamado a filas e incorporado al Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. En abril de 1945 se encontraba ya en Okinawa, formando parte de la 1.ª División de Marines.
Lawrence murió en combate el 1 de mayo de 1945, cuando su unidad participaba en intensos enfrentamientos en la zona conocida como Awacha (Ahacha) Pocket, al sur de la localidad de Ahacha (安波茶). Tenía 19 años.
Su hermano Thomas se había alistado en las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos en 1943 y fue licenciado con honores en 1946. Sobrevivió a la guerra.

Alejandro Itcea
El soldado de primera clase del Ejército de los Estados Unidos Alejandro Itcea sirvió en la Compañía E, 306.º Regimiento de Infantería, 77.ª División de Infantería. (Fotografía cortesía de la familia Itcea).
Alejandro Itcea nació en 1922 en Walnut, California, en el seno de una familia de inmigrantes vascos procedentes de Nafarroa. Su padre, Pablo Itcea Ariztia, llegó a Estados Unidos en 1911. Su madre, Paulina Zualet Ithurria, en 1920.
Creció trabajando en el rancho ganadero y los campos de cebada de su familia. Se graduó en el instituto La Puente High School en 1942. Estaba comprometido con una chica local y, como tantos jóvenes de su generación, su vida se vio interrumpida por la guerra.
En 1944 se alistó en el Ejército de los Estados Unidos.
Poco después fue enviado al extranjero, primero a Hawái, después a Saipán y finalmente a Okinawa.
El 30 de mayo de 1945, tras resultar herido en combate durante intensos enfrentamientos en condiciones especialmente duras, falleció a consecuencia de sus heridas.
Tenía 22 años.
Fue condecorado con la Estrella de Bronce a título póstumo.
Un significado que va más allá de Okinawa
Lo que sucederá en unos días en Okinawa no es simplemente una conmemoración vinculada al pasado.
Refleja, en muchos sentidos, algo mucho más profundo: la necesidad humana de volver a conectar nombres con vidas, familias con su propia historia y la memoria con las personas que continúan transmitiéndola con el paso del tiempo.
Para los familiares de estos seis vasco-estadounidenses, el viaje a Okinawa representa mucho más que una ceremonia oficial. Significa reconectar con su propia historia, que en el mejor de los casos solo les fue parcialmente transmitida, y conocer el lugar en que sus seres queridos vivieron los últimos momentos de sus vidas, transformando antiguas historias familiares en algo tangible y profundamente personal.
Pero Okinawa también habla de algo más profundo.
Durante la última década, el proyecto de investigación “Fighting Basques: Memoria de la Segunda Guerra Mundial”, desarrollado por Sancho de Beurko en colaboración con N.A.B.O., ha permitido identificar a más de 2.160 hombres y mujeres de ascendencia vasca que sirvieron en las Fuerzas Armadas y la Marina Mercante de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Los seis soldados vinculados a Okinawa forman parte de una historia mucho más amplia, marcada por la emigración, la guerra, el sacrificio, la separación familiar, la supervivencia y el recuerdo a lo largo del tiempo.
Okinawa no constituye un episodio aislado. Se integra dentro de un esfuerzo continuado por recuperar, preservar y dar visibilidad a historias personales y a una historia comunitaria que corren el riesgo de desaparecer con el paso de los años.
Es el mismo espíritu que impregna el futuro National Basque WWII Veterans Memorial (Memorial Nacional a los Veteranos Vascos de la Segunda Guerra Mundial) que pugna por salir adelante en Gardnerville (Nevada). Impulsado por N.A.B.O. será el primer memorial nacional dedicado en Estados Unidos a los veteranos vascos y vasco-estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial.
Separados por miles de kilómetros, el Cornerstone of Peace de Okinawa y el futuro memorial de Gardnerville comparten, en el fondo, un mismo propósito: evitar que las personas que vivieron la guerra queden reducidas únicamente a estadísticas, fechas o nombres olvidados, que caigan en el olvido.
Mientras las familias se preparan para reunirse en los próximos días en Okinawa, quizá lo más importante no sea únicamente el propio acto de recuerdo, sino la constatación de que estas historias siguen teniendo significado porque siguen estando ligadas a personas, familias y recuerdos que continúan vivos en el presente. Que conforman nuestra historia, como parte que son de la historia de nuestra diáspora en Estados Unidos.
La construcción del futuro National Basque WWII Veterans Memorial depende del apoyo continuado de familias, organizaciones, instituciones y personas comprometidas con mantener viva esa memoria, nuestra memoria y la(s) historia(s) de toda aquella generación que antecede a la actual comunidad vasca norteamericana.
Izan zirelako gara, izan garelako izango dira, dice el viejo adagio vasco (porque fueron, somos, porque hemos sido serán).
El Memorial constituye una apuesta de la comunidad vasca por rescatar su historia y rendir un tributo permanente al sacrificio de quienes nos precedieron. El proyecto es fruto del trabajo voluntario y de la contribución de mucha gente, y mantiene abierto un crowdfunding, que no es otra cosa que el tradicional auzolan de los vascos.
Sigue haciendo falta tu contribución, la contribución de nuestra gente y de nuestras instituciones.
Si deseas apoyar el proyecto puedes hacerlo aquí. Eskerrik asko.

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