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Alberto Arregui: de Chile a Normandía, a través de París hacia el corazón del Tercer Reich

27/05/2022

Un joven Alberto Arregui (a la izquierda), de apenas 17 años, posa junto a su padre, el guipuzcoano Francisco Arregui, y su hermano Eduardo, alrededor de 1930, en Lima, Perú. (Foto cortesía de Marita Arregui).
Un joven Alberto Arregui (a la izquierda), de apenas 17 años, posa junto a su padre, el guipuzcoano Francisco Arregui, y su hermano Eduardo, alrededor de 1930, en Lima, Perú. (Foto cortesía de Marita Arregui).

Mientras el músico vasco-chileno Alberto Arregui contemplaba la Estatua de la Libertad a su entrada al Puerto de Nueva York, las palabras del alcalde de la ciudad alemana de Hamburgo, Carl Vincent Krogmann, resonaban en su cabeza, “¿Por qué no te uniste a nosotros en el saludo? ¿No sientes simpatía por nuestra causa?” [1]. Alberto —quien dominaba el francés, alemán, inglés y flamenco, además de su español nativo— se encontraba trabajando para el Consulado de Chile en Hamburgo, cuando se vio abocado a huir de Alemania para salvar su vida [2].

Durante una recepción organizada por el Consulado, Krogmann, invitado al evento, pronunció un discurso sobre la superioridad de la cultura alemana. El alcalde concluyó su charla con el habitual saludo nazi de “Heil Hitler”. Los asistentes respondieron al saludo levantando los brazos. Sin embargo, Alberto no lo hizo. A la mañana siguiente, dos hombres de la Gestapo entregaron una notificación al Consulado ordenando a Alberto que abandonara el país en 24 horas [3]. Su tiempo en la Europa nazi había llegado a su fin. El 20 de enero de 1943, Chile rompía relaciones con el Eje.

De Amberes a Nueva York, pasando por Hamburgo

El periplo europeo de Alberto se había iniciado en 1939. Siendo tenor, había llegado a Europa para continuar sus estudios de música. En la universidad de la ciudad belga de Amberes estudió durante un par de años, hasta que la invasión del país por parte de Alemania —iniciada el 10 de mayo de 1940— y su posterior ocupación los interrumpieron. Amberes fue objetivo de la Luftwaffe alemana desde el comienzo de la guerra, así como de la aviación aliada en su intento de disuadir a las fuerzas nazis de tomar el control del estratégico puerto de la ciudad.

Marita Arregui, la hija de Alberto, nos habló sobre un cuadro que tiene en su casa y que fue pintado durante la guerra por Emil Kammerer, “un hombre judío a cuya hija mi padre sacó de Bélgica diciendo que era su esposa. Este hombre le dio el retrato a mi padre en reconocimiento por llevar a su hija a Irún”. Un hecho que habla por sí solo de la humanidad y de la valentía de Alberto. Tras la invasión, la persecución de los judíos belgas comenzó muy pronto, excluyéndolos primero de la vida económica y pública, a lo que siguió su deportación al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Se estima que 25.000 de ellos fueron asesinados [4]. Tras Amberes, Alberto tuvo la oportunidad de retomar sus estudios, esta vez en Hamburgo, siendo empleado en el Consulado de Chile.


Retrato de Alberto Arregui en uniforme de soldado del Ejército de Estados Unidos pintado por Emil Kammerer en 1945. Aunque se desconoce el paradero de los Kammerer, ciertamente Alberto continuo en contacto con ellos durante o al finalizar la guerra, y al parecer, afortunadamente, sobrevivieron a ella (foto cortesía de Marita Arregui).

Frenar a Hitler

Inmediatamente después de desembarcar en Nueva York en septiembre de 1943, Alberto dirigió sus pasos al centro de reclutamiento del ejército más cercano con el único objetivo en mente de frenar a Adolf Hitler. “Una historia como la de los Caballeros de la Corte del Rey Arturo que van a pelear en las Cruzadas es la de Alberto H. Arregui, de Lima, Perú”, escribió el soldado David A. Bridewell en noviembre de 1943 en un periódico militar sobre el que llegaría a ser su compañero de armas. “Sus experiencias en Alemania y su observación de las condiciones en Europa”, explicó Bridewell, “lo convencieron de que el nazismo debía ser aplastado y que debía ayudar a los aliados luchando con ellos” [5].

Sin embargo, su esperanza de alistarse fue momentáneamente truncada. El agente de reclutamiento le rechazó no solo por ser extranjero sino por no estar registrado en el Sistema de Servicio Selectivo, que requería que todos los hombres entre las edades de 21 y 45 años, en aquel momento, se registraran para el servicio militar obligatorio. “Una carta escrita por la Embajada de los Estados Unidos en Perú despejó estos obstáculos para él” [6]. Después del centro de alistamiento, Alberto fue enviado a una junta de reclutamiento local en la ciudad de Nueva York. Saltándose los tiempos establecidos por los protocolos, Alberto rechazó incluso el permiso obligatorio de tres semanas otorgado a todos los reclutas para poder organizar sus asuntos civiles antes de su incorporación a la vida militar. Él sólo quería unirse al ejército. No había tiempo que perder. Alberto fue admitido el 25 de septiembre de 1943 en la ciudad de Nueva York. Tenía 30 años.

De Gipuzkoa a Perú, pasando por Chile

Hijo de Francisco Arregui Berasaluce y Adela Herrera Heredia, Alberto nació el 15 de marzo de 1913 en Santiago de Chile. Francisco, nacido en el caserío Belozaki, en Mendaro, Gipuzkoa, en 1886, había emigrado a Chile hacia 1908 siguiendo la estela de sus primos. Lo hizo via Mendoza, Argentina, atravesando la cordillera de los Andes por el Puente del Inca. “Estaba muy orgulloso de su legado vasco,” nos confesó Marita. Un legado que supo fielmente transmitir a sus descendientes.

La madre había nacido en 1890 en Santa Rosa de Los Andes, Valparaíso, Chile, en el seno de una familia española asentada en Los Andes, San Felipe. Fue en la ciudad natal de Adela donde los padres de Alberto contrajeron matrimonio en 1910, estableciendo, posteriormente, su domicilio en la capital del país. Allí nacerán los hermanos de Alberto: Eduardo en 1911 e Inés en 1919. Ya por aquel momento Santiago de Chile se había convertido en un importante destino de la emigración vasca. De hecho, en 1912 la comunidad vasca en la ciudad había fundado el Centro Vasco, que a fecha de hoy cumple 110 años de existencia ininterrumpida. En 1915, parte de la comunidad vasca de Valparaíso se organizaba en torno al Centro Vasco Chileno de Socorros Mutuos [7].

Adela falleció en 1919 al dar a luz a Inés, un trágico evento que marcará a Alberto de por vida. Tenía seis años y Eduardo ocho (el padre fallecerá en 1976, en Lima. Un año antes lo hacía Eduardo). Hacia 1920 la familia se trasladó a Perú, permaneciendo Alberto y su hermano en Santiago de Chile, donde estuvieron internados en el Colegio de San Ignacio durante algunos años. Los veranos los pasaban en Chillán, en el sur de Chile, en casa de unos familiares. Alrededor de 1928, Alberto y su hermano se trasladaron definitivamente a Lima, donde el padre tenía una fábrica de sombreros de fieltro, Industrial Sombrerera S.A., fundada en 1928. En 1931 abrió otra fábrica, también en Lima, bajo el nombre de Arregui y Cía. S.A.

Liberar Europa

Una vez alistado, Alberto fue enviado desde Nueva York a Fort Sill, cerca de Lawton, en Oklahoma, para recibir entrenamiento en el 29º Batallón de Artillería de Campaña. Será destinado finalmente a la Batería B de dicho batallón.


Alberto Arregui posa con un subfusil Thompson, posiblemente durante su periodo de instrucción (cortesía Marita Arregui).

El 29º Batallón fue el principal apoyo de fuego del 8º Regimiento de Infantería de la 4ª División desde su despliegue en el Teatro de Operaciones de Europa. Según relató el comandante del 29º, Joel T. Thomason, “el batallón, con un 15% más de efectivos para cubrir las bajas iniciales, constaba de unos 700 hombres, incluidos 45 oficiales. La unidad estaba equipada con obuses autopropulsados Howitzer ​​de 105 mm” [8]. Los howitzers M105 se montaban en los vehículos oruga M7. En palabras de Irving Smolens, compañero de Alberto en la Batería B, “el personal normal de una pieza de artillería constaba de 12 hombres. Seis hombres eran designados como personal ‘activo’ y seis como ‘reserva’. En realidad, solo se necesitaban 3 hombres”, matizó Smolens, “para apuntar, cargar y disparar el obús una vez que estaba en posición” [9].

Durante la Segunda Guerra Mundial (SGM) el 29º participó en cinco campañas principales —Normandía, Norte de Francia, Renania, Ardenas-Alsacia y Europa Central— en cuatro países —Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alemania [10].

Normandía: Desembarco el Día D en Utah Beach

“Cuando la oscuridad dio paso a la luz de la mañana, pude ver una gran armada de botes y barcos de todo tipo; fue una vista impresionante. Eran tan numerosos que parecía que uno podía caminar sobre ellos desde Inglaterra hasta Francia. El ambiente era emocionante y ese fue mi sentimiento, uno de gran emoción. Este era el día para el que habíamos entrenado y esperado tanto tiempo” [11]. De esta manera describió Thomason la primera oleada de asalto de la Hora H del Día D.

Alberto y sus camaradas del 29º Batallón de Artillería habían llegado a Axminster, Inglaterra, en enero de 1944, iniciando un intenso entrenamiento anfibio en Slapton Sands, entre febrero y mayo. Se convirtieron en la primera unidad de artillería en desembarcar en Utah Beach, Normandía, en el Día D. “Durante la invasión”, explicó el soldado Smolens, “las baterías dispararon [proyectiles de alta trayectoria sobre las playas en apoyo a la infantería] desde la cubierta de las LCT [Landing Craft Tank; lanchas de desembarco]. Nuestros M7 se cargaron en las LCT, dos al frente y dos atrás, cada uno con su personal ‘activo’. La dotación de ‘reserva’ estaba ubicada en otros barcos” [12].

John C. Ausland, oficial de enlace con el 29º, llegó en la misma lancha de desembarco que el coronel James Van Fleet, comandante del 8º Regimiento de Infantería, en el asalto inicial a Utah Beach. Dejó por escrito cómo “el sonido de las fuertes explosiones de bombas de aviones y proyectiles navales no dejaba ninguna duda de que la playa era un infierno […] Cuando la lancha de desembarco golpeó la playa y la rampa delantera se abrió, vadeé un poco de agua poco profunda y corrí hacia el refugio del malecón que corría a lo largo de la playa, sin apenas mirar a varios soldados que yacían en la arena como si estuvieran dormidos. Podía escuchar disparos de rifles y ametralladoras más allá de las dunas, y algunos proyectiles de mortero cayeron no muy lejos de mi” [13]. La misión de Ausland en tierra era guiar las tres baterías de artillería del 29º a las posiciones de tiro. Sin embargo, pronto supo por Thomason que una de las baterías había sido destruida.


En la imagen un grupo de lanchas de desembarco LCT (5) en el Puerto de Falmouth, Inglaterra, durante mayo y junio de 1944, en preparación para la invasión de Normandía. La LCT-209 está cargada con dos tractores de recuperación de tanques/transportadores de tanques pesados blindados M26. (Foto de US National Archives; NavSource Naval History, http://www.navsource.org/archives/10/18/1018020902.jpg).

Durante las primeras horas de la invasión, el 29º perdió una batería de tiro completa cuando la lancha de desembarco (LCT-5) que la transportaba chocó con una mina flotante enemiga a una milla de la costa. Se trataba del elemento de asalto de la Batería B, que constaba de cuatro howitzers. Se hundió casi inmediatamente. Así lo relató, Peter N. Russo, testigo de aquel suceso, y en aquel momento integrante de la Batería C; posteriormente cuando la Batería B fue reformada, Russo sería transferido a la nueva Batería B, como jefe de la tripulación de la pieza de artillería número uno.

“Ya se acercaba la luz del día y se notaba el volumen de aviones que nos sobrevolaban. Las bombas caían en la playa, con la esperanza de destruir los emplazamientos de las armas enemigas. Los cañones de la Armada se unieron en la destrucción de la misma área […] Nuestra atención fue desviada por un gran estruendo hacia nuestro flanco izquierdo a no más de 15 metros de nuestra posición. El estallido fue seguido por una enorme bocanada de humo. La Batería B lideraba al Batallón de Artillería hacia el lugar de desembarco en Normandía. Golpeó una mina en el agua y desapareció. Pudimos ver muy pocos escombros y algunos cuerpos mientras pasábamos. Todos en las lanchas de desembarco nos levantamos y miramos lo que quedaba del personal de la Batería B, la lancha de desembarco y el equipo. El mareo fue reemplazado por el horror y el miedo. Por primera vez nos vimos expuestos al combate. Nos fijamos en la artillería enemiga que avanzaba a lo largo de nuestra zona de desembarco y pensamos en las pérdidas que se sumarían a las de la Batería B […] No se escuchó ni un sonido más en nuestra lancha hasta que desembarcamos. Nos convertimos en veteranos antes de que se disparara una sola ráfaga en apoyo de nuestra Infantería” [14].

Según comentó John K. Lester, otro miembro de la Batería B, conductor de un Jeep para un grupo de observación avanzado, “cuando llegué a la playa en otra lancha de desembarco y me enteré de la pérdida, estaba devastado. Qué rápido perdí a tantos buenos amigos y compañeros. Qué manera de entrar en conflicto. El resto de ese día quedó en blanco. No puedo recordar mucho más […] No sabíamos lo que estaba pasando. Todo era muy confuso” [15].

Un total de 59 oficiales y soldados fueron bajas, con 39 muertos. Los 20 restantes resultaron gravemente heridos en tal grado de que solo 3 o 4 pudieron volver al servicio activo y reunirse con sus compañeros meses después. El 29º “había perdido un tercio de su potencia de fuego incluso antes de que entráramos en combate […] Fue una gran tragedia”, afirmó Thomason [16]. La razón por la que Alberto y el resto de sus compañeros de la Batería B, incluido Smolens, sobrevivieron fue que no formaban parte del personal 'activo' y se mantuvieron en la reserva en otro barco. Al final de la tarde, hacia el anochecer, Alberto y los hombres restantes de la Batería B fueron transportados a la playa. Habían tenido mucha suerte. Tal y como señaló Thomason, “De los 28.000 hombres que desembarcaron en la playa de Utah el Día D, el total de bajas fue notablemente bajo —un poco menos de 200—. Desafortunadamente, alrededor de un tercio de ese número provino de un pequeño batallón de artillería, el 29º Batallón de Artillería de Campaña” [17]. El 29º fue galardonado con la Citación Presidencial por su participación en Normandía en el Día D del 6 de junio de 1944.

De la liberación de París al Día de la Victoria en Europa, el 8 de mayo de 1945

Siendo su principal unidad de apoyo de fuego, el 29º Batallón de Artillería continuó apoyando al 8º Regimiento de Infantería durante 11 meses de combate en Europa continental, participando en la captura de Cherburgo, en el avance hacia St. Lo., en la liberación de París y Bélgica, en la entrada en Alemania en septiembre de 1944, en la Batalla de las Ardenas en diciembre de 1944, en el cruce del río Rin en marzo de 1945, y en el final de la guerra en Baviera en mayo de 1945. Por la encarnizada lucha protagonizada en la Batalla del Bosque de Hürtgen por el 29º, este fue bautizado por la Wehrmacht como “Las bestias del Bosque de Hürtgen”. Justo al inicio de esta batalla, el vasco-neoyorquino Julián Oleaga, soldado de la Compañía B del 1er Batallón del 18º Regimiento de la mítica 1ª División de Infantería, la “Big Red One”, fue herido en combate a las afueras de la ciudad de Aquisgrán el 18 de septiembre de 1944, por lo que recibió el Corazón Purpura. Casi un año después de su huida desesperada de la Europa nazi, Alberto regresaba a Bélgica y Alemania, esta vez como libertador.


“En algún sitio de Alemania, abril de 1945” reza el título de la fotografía en la que posa Alberto Arregui en actitud relajada (Foto cortesía de Marita Arregui).

El 29º Batallón también contribuyó con su apoyo a la 2ª División Blindada francesa en la liberación de París. “Estuve con los primeros estadounidenses en París el 25 de agosto de 1944”, afirmó entusiastamente Lester, soldado de la Batería B. “Fue un día muy emocionante” [18]. Según comentó su compañero Smolens, “fuimos designados como la división para liberar París, junto con la 2ª División Blindada francesa. Nuestras unidades de avanzada, según los soldados de infantería con los que he hablado, podrían haber entrado en la ciudad antes que los franceses, pero se les dijo que les esperaran. Penetramos hasta el corazón de la ciudad, alrededor de Notre Dame, la Plaza de la Concordia, el Hôtel de Ville y la famosa Jefatura de Policía. Nos negaron el honor de desfilar por los Campos Elíseos. Nuestro trabajo consistía en perseguir a los alemanes a través del río Sena y Bélgica, hasta Alemania” [19].


Alberto Arregui montado en un Jeep de la 2ª División Blindada francesa, presumiblemente en París, tras su liberación (foto cortesía Marita Arregui).

El 29º Batallón de Artillería disparó un total de 182.000 cartuchos de munición contra el enemigo en Europa. La 4ª División regresó a Estados Unidos en julio de 1945 para prepararse para la invasión de Japón. Sin embargo, la guerra terminó antes de que la invasión pudiera ocurrir [20]. Alberto y sus compañeros fueron repatriados y la Batería B fue desactivada el 14 de febrero de 1946 en Camp Butter, Carolina del Norte.

Alberto fue licenciado con honores con el grado de sargento técnico. Como todos los veteranos de las Fuerzas Armadas de EEUU dados de baja con honores en la Segunda Guerra Mundial (SGM), Alberto recibió asimismo una carta de reconocimiento firmada por el presidente Harry S Truman [21].

“Mi padre”, nos confiesa la hija de Alberto, “era muy reservado sobre todo lo que se refería a la guerra y lo que ocurrió durante esos años”. Los testimonios de sus compañeros de la Batería B que aquí hemos recogido hablan por los silencios que ahogaron la voz de Alberto durante gran parte de su vida y nos transmiten fielmente las sensaciones de los primeros momentos de la invasión de Normandía o de la propia liberación de París.

Alberto recibió la Medalla de la Defensa Americana, la Medalla del Teatro Americano, la cinta del Teatro de Operaciones Europeo con punta de flecha de bronce y cinco estrellas de campaña, la Medalla del Ejército de Ocupación de Alemania con broche, la Citación Presidencial, la Cruz de Guerra de Bélgica, y la Medalla de la Victoria de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su servicio al país, nunca obtuvo la ciudadanía estadounidense.

Cumplió con creces la misión que le impulsó a viajar a Nueva York por primera vez. Era tiempo de volver a casa. El alcalde de Hamburgo Krogmann fue arrestado e internado en Bielefeld, Alemania, siendo multado con 10.000 marcos en agosto de 1948 por pertenecer a una organización criminal. Posteriormente fue puesto en libertad. Falleció en 1978, a la edad de 89 años.

De Estados Unidos a Lima, Perú

A su regreso a Lima, Alberto se unió al negocio familiar. Desafortunadamente, su carrera musical había terminado. Se hizo ciudadano peruano después de la guerra cuando empezó a trabajar en la fábrica. En 1946 conoció a su futura esposa, La Vern Betty De Ny (Sheboygan, Wisconsin, 1920-1995, Lima) mientras ella visitaba a un tío suyo que trabajaba para City Bank en Lima.

Se casaron en 1949 en la ciudad natal de La Vern, estableciendo su residencia en Lima. Tuvieron dos hijos en su matrimonio: Francisco (Lima, 1951-2007) y Marita. Alberto dirigió las dos fábricas familiares hasta su jubilación.


Foto de la familia Arregui-De Ny. De izquierda a derecha, Marita, La Vern, Francisco, y Alberto en 1960. (Foto cortesía de Marita Arregui)

Alberto falleció en 1980 en la Clínica Anglo Americana, en Lima, a los 67 años. En 2016, fallecía su hermana Inés, la última persona de la primera generación de la familia Arregui nacida en Chile.

“Lamentablemente muchas cosas quedaron sin decir y ahora más que nunca desearía que hubieran sido respondidas”, concluye Marita. “Mi padre fue una persona muy extraordinaria, pero dos hechos marcaron su vida. La muerte prematura de su madre y la guerra. No solo fue el hecho de luchar durante la guerra sino vivir una vida después de haber tomado parte en ella y vivir con las cargas y pesadillas de una guerra. Siempre sentí que había dos Alberto Arregui, uno tapando al otro”, asevera.

Recién cumplido el 77º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, en un contexto marcado por la invasión de Rusia a Ucrania, queremos recordar a todos aquellos hombres y mujeres cuyo sacrificio posibilitó la liberación de Europa de las garras del totalitarismo nazi, y muy particularmente de aquellos de origen vasco como Alberto, quienes, desde diferentes países de la diáspora vasca, ya fueran Argentina, Chile, Cuba, Filipinas, México o Uruguay, se unieron a las fuerzas aliadas.

REFERENCIAS

1, 3, 5, 6. Bridewell, David Alexander. “Modern ‘Knight’ trains for his crusade after arguing way into Army”. (5 de noviembre de 1943). Bridewell (Forrest City, Arkansas, 1909-1999, Winnetka, Illinois) sirvió en la Batería B del 29º Batallón de Artillería de Campaña y como capitán en el Cuerpo del Abogado General del Juez del Ejército de Estados Unidos (JAG, en sus siglas en inglés).

2. En 1940 Miguel Cruchaga Ossa fue nombrado Cónsul General de Hamburgo. Fue reemplazado por Eugenio Palacios Bate el 18 de noviembre de 1940. (Archivo General Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores del Gobierno de Chile (https://www.minrel.gob.cl/ministerio/archivo-general-historico); (https://www.archives.gov/iwg/research-papers/breitman-chilean-diplomats.html).

4. “Antwerp commemorates World War II

7. Oiarzabal, Pedro J. (2012). “En nuestro propio mundo”. Basque Identity 2.0., EITB

8, 11, 16, 17, 20. Thomason, Joel T. (April 30, 1994). “The 29th Field Artillery”. Thomason fue nombrado comandante del 29º Batallón el 1 de septiembre de 1942, a la edad de 24 años. El 12 de junio de 1944 fue ascendido al rango de teniente coronel

9, 12. Smolens, Irving. “Reflections of a crew member

10. “29th Field Artillery Regimental History”; y Smolens, Irving. “29th Artillery Battalion played big role in Fourth Div. actions.” USTS Hermitage Newspaper. (July 1945)

13. Ausland, John C. “A soldier remembers Utah Beach.” The International Herald Tribune. (June 6, 1984). Es el autor de “Letters home: A war memoir” (1993)

14. Russo, Peter N. “The Great Pinochle Game!

15, 18. Lester, John K. “I served with the 4th Infantry Division during World War II

19. Smolens, Irving. “B Bty, 29th FA Battalion. D-Day and Beyond...!

21. Harry S Truman también había sido entrenado al servicio de la Artillería de Campaña en Fort Sill, siendo comandante de la Compañía D del 129º Artillería de Campaña durante la Gran Guerra



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Sancho de Beurko Elkartea

Sancho de Beurko Elkartea

El blog Ecos de dos guerras, 1936-1945 tiene por objetivo divulgar la participación de vascos y navarros en dos de las contiendas bélicas que definieron el devenir de buena parte del Siglo XX. La Asociación Sancho de Beurko pretende rescatar del anonimato a los miles de personas que constituyen la columna vertebral de la memoria histórica de las comunidades de vascos y navarros, en ambos lados de los Pirineos, y de sus diásporas de emigrantes y descendientes, con principal énfasis en la de EEUU durante el periodo de 1936 a 1945.

Autores

Guillermo Tabernilla es investigador y fundador de la Asociación Sancho de Beurko, una organización sin ánimo de lucro que estudia la historia de vascos y navarros en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad es su secretario y community manager, así como editor de la revista digital Saibigain. Entre 2008 y 2016 dirigió el catálogo del “Cinturón de Hierro” para la Dirección de Patrimonio del Gobierno Vasco y es, junto con Pedro J. Oiarzabal, investigador principal de Fighting Basques, un proyecto de memoria sobre los vascos y navarros en la Segunda Guerra Mundial en colaboración con NABO, la federación de Organizaciones Vascas de Norte América.

Pedro J. Oiarzabal es Doctor en Ciencias Políticas-Estudios Vascos por la Universidad de Nevada, Reno (EEUU). Desde hace dos décadas su trabajo se ha centrado en investigación y consultoría sobre políticas públicas (ciudadanía en el exterior y retorno), diásporas y nuevas tecnologías, y memoria social e histórica (historia oral, migración y exilio), con especial énfasis en el caso vasco. Es autor de más de una veintena de publicaciones. Blogs “Basque Identity 2.0” de EITB y “Diaspora Bizia” de EuskalKultura. En Twitter @Oiarzabal.

Josu M. Aguirregabiria es investigador y fundador de la Asociación Sancho de Beurko. En la actualidad es su presidente. Especialista en la Guerra Civil en Álava, es autor de varias publicaciones relacionadas con esta temática entre las que destaca “La batalla de Villarreal de Álava” (2015) y “Seis días de guerra en el frente de Álava. Comienza la ofensiva de Mola” (2018).

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