La historia de Maite Baztán está atravesada desde muy pequeña por la cultura vasca. Su padre nació en Navarra en 1954 y apenas un año después llegó junto a su familia a Comodoro Rivadavia. Su tío mayor, que arribó con 16 años, fue quien sintió con mayor fuerza la distancia de su tierra natal y decidió acercarse al Centro Vasco. Ese paso terminó incorporando a toda la familia a una institución que, con el tiempo, se convirtió en una parte fundamental de sus vidas.
“Mi historia personal y familiar está muy vinculada al Centro Vasco”, contó Maite en diálogo con Crónica. Las fotografías de su padre, siendo apenas un niño y ya participando de los bailes, y el hecho de que sus propios padres se casaran en el Centro Vasco, son parte de ese recorrido familiar.
Para Baztán, ser vasco trasciende las fronteras y las definiciones administrativas. Se trata, principalmente, de una cuestión de identidad. “El ser vasco es una cuestión de identidad. Hoy no está reconocido, un pasaporte no te dice que sos vasco, pero para quienes nos sentimos vascos es una cuestión del ser”, explicó.
La identidad que reivindican desde la colectividad se vincula con Euskal Herria, territorio cultural e histórico compuesto por siete provincias: las tres que actualmente conforman Euskadi, Navarra y otras tres provincias vascas ubicadas en el sur de Francia.
Su padre nació precisamente en Navarra, territorio que Maite pudo conocer por primera vez en 2006, cuando viajó gracias a una beca del Gobierno Vasco. Era muy joven y aquella experiencia tuvo un fuerte impacto.
“Me deslumbró completamente. Era muy loco ver lo que uno veía en libros, verlo en realidad”, recordó. Desde entonces tuvo otras oportunidades de viajar y asegura que cada visita significó una nueva conexión con sus raíces. Sin embargo, remarca que su identidad vasca convive con su identidad argentina.
“Ante todo soy argentina, pero me siento muy vinculada a lo vasco y también me siento vasca”, afirmó.
Una casa que encontró en la adolescencia
El vínculo de Maite con la colectividad comenzó cuando era pequeña, aunque en aquel momento no logró sentirse completamente integrada. Recién durante su adolescencia volvió a acercarse al Centro Vasco, y allí encontró un espacio en el que pudo construir amistades y sentirse parte. “Estaba en la adolescencia, cuando uno intenta buscar su lugar, y me encontré eso, donde hice amigas, éramos todas mujeres y fui creciendo. Fue encontrar mi lugar, mi casa”, relató.
Para explicar lo que significa formar parte de una colectividad, Baztán compara estos espacios con un club: lugares donde las personas llegan, crecen, hacen amigos, participan de actividades, viajan y construyen vínculos. “A veces el que no la vive le cuesta entender lo que nos pasa cuando nos sentimos parte”, sostuvo. Para ella, esa pertenencia no necesariamente está determinada por la descendencia. “Más allá de la descendencia, si te sentís parte, bienvenido sea. Creo que tiene que ser el fin de estos espacios”.
La música, las danzas y las tradiciones también forman parte de su vida cotidiana. Incluso reconoce que sus gustos musicales están fuertemente ligados a sus raíces. “Siempre me preguntan qué música me gusta y la verdad que ves mis listas y es un embole porque es toda música vasca”, bromeó.
Entre las costumbres que intenta llevar a su vida diaria destaca una en particular: la llamada “palabra de vasco”, una expresión vinculada al valor de la palabra dada. “El vasco no necesitaba firmar un papel, con que te diera su palabra implicaba que lo iba a cumplir, y trato de que eso sea ley en mi vida”, explicó.
Del escenario al rol de coordinadora
A los 17 años, Baztán fue elegida reina de la colectividad vasca y también representó a la comunidad en la elección de reina de comunidades extranjeras. Más allá del título, recuerda aquella experiencia como una oportunidad para representar a su familia y a sus compañeros. “Yo era feliz representando a mi familia, a mis compañeros. No me importaba mucho el título. Para mí, uno lo vive muy propio de mostrarle al resto lo que te gusta, lo que sos”, recordó.
Pero su vínculo con las danzas comenzó mucho antes de asumir responsabilidades de coordinación. En 2004 empezó a trabajar con los más pequeños del Centro Vasco, una tarea que disfruta especialmente. Tres años después, en 2007, comenzó a trabajar con los grupos de mayores.
Su llegada al rol de coordinadora representó un desafío, principalmente porque tenía una edad similar a la de sus compañeros. “Me dijeron: ‘Vos vas a coordinar a tus compañeros’. Fue difícil al inicio porque éramos todos de edades similares”, relató. Con el tiempo logró consolidar su lugar y continúa desempeñando esa función hasta la actualidad.
Baztán reconoce que coordinar un grupo implica también poner límites y sostener una mirada colectiva por encima de las individualidades. “Siempre el objetivo, más allá de las individualidades, es pensarnos como un grupo y ese grupo tiene que representar al Centro Vasco”.
También admite que tiene fama de ser una coordinadora exigente, especialmente durante los meses previos a las presentaciones. “Sí, me considero estricta. Me gusta que las cosas salgan bien y para eso, yo siempre digo, hay que trabajar”, aseguró.
Incluso bromea con que sus bailarines conocen perfectamente sus cambios de humor a medida que se acerca la Feria de las Colectividades. “En marzo yo soy pura alegría y en agosto es otro mi carácter, porque el tiempo nos corre. Quiero que salgan bien y como a ellos les gusta bajarse del escenario y sentirse aplaudidos y reconocidos, entienden que alguien tiene que hacer la mala”.
El corazón del Centro Vasco
Cuando habla del cuerpo de baile, Baztán deja de lado cualquier intento de objetividad. Para ella, los jóvenes son una pieza fundamental de la institución. “Los jóvenes son el corazón del Centro Vasco”, afirmó.
En ese sentido, considera que las colectividades pueden funcionar como espacios de contención y crecimiento para las nuevas generaciones. “Es un espacio donde el joven se realiza, es contención”, explicó.
Cuando comenzó a coordinar el cuerpo de baile, eran alrededor de 20 integrantes. Actualmente, el grupo se acerca a los 40, un crecimiento que celebra y que atribuye también al compromiso de quienes participan.
Ese crecimiento se prepara durante todo el año y se intensifica especialmente en agosto, cuando comienzan los trabajos vinculados a la Feria de las Colectividades. Habitualmente ensayan dos veces por semana, pero en la previa de una presentación pueden llegar a cinco ensayos semanales.
Actualmente, el grupo se encuentra preparando una presentación para la Noche de los Centros Españoles y, posteriormente, concentrará sus esfuerzos en la Feria de las Colectividades.
Una colectividad con más de un siglo de historia
La presencia vasca organizada en Comodoro Rivadavia se remonta al 20 de mayo de 1923. Ese día, 33 vascos se reunieron en el Hotel Vasconia con un objetivo común: hacer frente a la distancia de su tierra y generar una red de acompañamiento.
La institución nació como una asociación de socorros mutuos, destinada principalmente a la ayuda económica y social. Con el paso de los años, fue transformándose hasta convertirse en una casa cultural.
En 2023, la Asociación Vasca Euskal Echea celebró sus 100 años, una fecha que representó uno de los grandes desafíos para una nueva generación que había asumido responsabilidades dentro de la comisión. “Llegamos los chicos jóvenes a la comisión y fue nuestro gran debut”, contó Baztán.
Los festejos incluyeron una cena por el centenario en el Parque Saavedra, la participación de autoridades y una velada de danza en el barrio General Mosconi, una actividad que para Maite tenía un significado especial. “A mí me gusta mucho lo que es bailar. Se trabajó muchísimo, los jóvenes al hombro se pusieron el festejo”, recordó.
Para ella, el acompañamiento de las generaciones mayores fue fundamental. “El joven viene con mucha energía, pero nos gusta tener a la gente grande acompañándonos y marcándonos los límites y hasta acá va bien, por acá vayan chicos”.
La Semana Nacional Vasca y las romerías
Otro de los grandes encuentros de la comunidad vasca es la Semana Nacional Vasca, que cada año reúne a integrantes de distintos centros vascos de Argentina en una ciudad diferente. En 2026, el encuentro tendrá lugar en Villa María durante octubre.
Aunque se la denomina “Semana Nacional”, las delegaciones suelen concentrar sus actividades principales entre viernes y domingo. Son jornadas intensas, atravesadas por la música, las danzas, la gastronomía y los encuentros entre jóvenes y familias de distintas partes del país.
Uno de los momentos centrales son las romerías, celebraciones que Baztán compara con las peñas tradicionales argentinas. “Es como una peña de las que se conocen acá, obviamente hay música vasca, bebida, fiesta y bailes”, explicó.
Más allá de lo festivo, considera que estos encuentros tienen una fuerte función de integración y pertenencia. “Para los jóvenes, claramente volvés de una Semana Nacional Vasca y no querés irte. Decís: ‘Esto es para mí’”.
“Aupa”: una palabra que también es una arenga
Dentro de la cultura vasca existen expresiones que se incorporaron naturalmente al vocabulario de quienes participan de la colectividad. Una de ellas es “Aupa”, palabra que puede utilizarse como saludo o expresión de aliento. “Es lo que nosotros nos decimos para dar aliento. Antes de bailar es el momento donde decimos: acá dejamos todo”, explicó Maite.
En el contexto de los grupos de danza, la palabra funciona prácticamente como una arenga. “Cuando uno lo traduce es ‘vamos’”.
Aunque Baztán reconoce que no habla euskera, conoce algunas palabras y expresiones básicas. Destaca especialmente el trabajo de Eneka, la profesora de idioma de la institución, quien comenzó su formación desde cero. “Admiro a la gente que realmente lo habla. En la cole tenemos nuestra profe, se formó desde cero, Eneka, y realmente la admiro por el tiempo que le dedicó y por lo difícil que es”, expresó.
La Feria de las Colectividades, un escenario de todo el año
La Feria de las Colectividades representa uno de los momentos más esperados para las instituciones extranjeras de Comodoro Rivadavia. Si bien la preparación se intensifica durante agosto, detrás de cada presentación hay meses de trabajo.
Baztán espera que la comunidad acompañe una vez más y remarca que las colectividades forman parte de la historia de la ciudad. “Las comunidades extranjeras forman parte de Comodoro”, afirmó.
También pidió mirar más allá de los puestos gastronómicos y los platos que se ofrecen durante los días de feria. Detrás del escenario hay meses de ensayos, organización y esfuerzo, especialmente de los jóvenes. “Sé que hay gente que va a solo comer, pero detrás hay un escenario donde hay mucho trabajo desde marzo en adelante. Los jóvenes se preparan para la Feria”, señaló.
Una invitación con las puertas abiertas
A la hora de invitar a quienes todavía no se acercaron a la colectividad vasca, Baztán es clara: no hace falta tener ascendencia vasca para sentirse parte.
El Centro Vasco ofrece diferentes actividades, desde danzas hasta gastronomía e idioma, y busca mantener sus puertas abiertas a toda la comunidad de Comodoro Rivadavia. “Las colectividades, en este caso voy a hablar del Centro Vasco, siempre van a tener las puertas abiertas a la comunidad de Comodoro Rivadavia, a quien quiera conocernos”, afirmó.
Y agregó: “Tenemos danzas, pero también tenemos grupos de cocina, también tenemos idioma. Creo que si alguien tiene ganas, tiene que acercarse y le vamos a encontrar un lugar”.
La invitación tiene incluso una expresión propia en euskera: “Ongi etorri”, que significa “bienvenido”.
Tres sabores vascos para descubrir en la Feria
Para quienes quieran acercarse a la cultura vasca también desde la gastronomía, Baztán recomienda tres platos.
El primero es la txistorra, una salchicha condimentada y de sabor intenso que suele acompañarse con huevo revuelto. También recomienda la piperrada, preparada con ajo, jamón crudo, morrón, tomate y huevo.
Para el postre, su elección es el goxua, una preparación a base de crema pastelera.
Y para acompañar, aparece una bebida tradicional: el zurracapote.
“Todo es muy calórico, después lo quemamos bailando”, bromeó Maite.
Entre tradiciones, música, danzas, gastronomía y encuentros, la historia de Baztán refleja la manera en que una identidad cultural puede mantenerse viva a miles de kilómetros de su lugar de origen. Para ella, el Centro Vasco no es solamente una institución: es el espacio donde encontró amigos, familia, pertenencia y una forma de mantener presentes las raíces que llegaron a Comodoro Rivadavia hace más de un siglo.
“Mi corazón está con ellos y los voy a defender siempre”, resume al hablar de los jóvenes que hoy sostienen buena parte de la vida de la colectividad.
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