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Dolor por Ucrania

12/04/2022

Ante los terribles sucesos que azotan Ucrania y que están haciendo temblar al mundo, Arantzazu Amezaga reflexiona a partir de episodios de la historia de Navarra sobre la guerra y el ataque del ejército ruso bajo las órdenes de Putin a la población civil y las ciudadades ucranianas. Estas líneas fueron escritas al poco del inicio de los bombardeos y antes de que ocurrieran algunos de los episodios más salvajes de la invasión rusa de Ucrania.

El Reino de Nabarra fue invadido en 1512 por tropas del duque de Alba, bajo el mando de Fernando el Católico, y perdió su independencia, prenda de alto valor, como nos recuerda la estrofa del Paloteado de Monteagudo, de José Jarauta. Llegamos al siglo XIX con ciertas franquicias forales que, ante la amenaza de liquidación por parte del gobierno central, provocaron las llamadas guerras carlistas. En guerra de guerrillas se enfrentaron los baskones a los ejércitos de un Imperio español que empezaba a no ser dueño del mundo, tras la independencia de las colonias americanas. Los que perdieron la guerra de América, los Ayacuchos, lograron que perdiéramos la guerra y el Fuero, tratando de consolidar el imperio peninsular.

Tras esas guerras quedó un fleco fiscal que el ministro de Hacienda del gobierno central, Germán Gamazo,1893, decidió ultimar. Los nabarros en concreto, respondieron con civilidad extraordinaria: se manifestaron en sus plazas de forma multitudinaria y pacifica y 120 mil personas firmaron en el Libro de Oro de los Navarros, dirigido a la reina regente María Cristina, estas razones: …debe comprender que Nabarra tiene a su lado a las tres Vascongadas... ¿vale la pena que por sostener la actitud de una Ministro de Hacienda... corramos el riesgo de una guerra civil que por poco que durase causaría males sin cuento a la Nación, quebrantos al trono y gastos muchos mayores que la cantidad que Gamazo quiere recaudar en Navarra?....

Los nabarros enviaron a Madrid a sus representantes, entre ellos el polifacético escritor, historiador, euskerólogo, Arturo Campion. Allí defendieron esos representantes su causa con la palabra: no fueron atendidos, menos entendidos, cierto es, pero al regreso a la estación de Castejón, una multitud recibió a sus mediadores con entusiasmo febril, al grito de Paz y Fueros. Suceso ejemplar en sí mismo. El pueblo calibró la valentía y honestidad de sus representantes, valoró su esfuerzo, analizó su causa y todos se comprometieron a la paz sin renunciar a la lucha política por sus derechos esenciales que conllevaba ante todo felicidad pública.

Lo recuerdo, hay paralelismos evidentes, en estos días protagonizados por la invasión rusa a Ucrania. Vimos las manifestaciones en Moscú rechazando la guerra, afirmando la paz mediante negociaciones, delatando la exuberancia del gasto militar y la militarización social, menguando la voz de un líder mesiánico, quien a resguardo en su bunker de Siberia, airea ideas imperialistas de tiempos pasados, comenzando esta injustificable invasión. Putin y su cuadrilla envían a adolescentes en servicio de tropa, someten  a bombardeos inclementes a la población civil, a los corredores humanitarios. Pero lo inesperado es que Ucrania está resultando resistente en la defensa de su soberanía. Y contemplamos a un sombrío Putin que con desconcierto y poco acierto amenaza a la Unión Europea y Estados Unidos con un conflicto global de armas nucleares, en el afán de meternos a todos en el callejón hórrido de la guerra. De la muerte. De la pobreza. De la evacuación.

Con el corazón estremecido voy viendo minuto a minuto, casi presencialmente merced a los modernos medios de comunicación, ciudades acosadas por un bombardeo inclemente, volados edificios civiles, hileras de tanques taponando avenidas y calles, bloqueadas estaciones impidiendo la salida de población que pretende huir de la muerte, gasolineras sin suministro, supermercados sin comida, cajeros sin dinero, farmacias carentes de medicinas. Veo a la gente durmiendo en inhóspitos pasadizos del metro o caminando por carreteras arrasadas. El llanto de los niños taladra mis oídos, el grito de las mujeres me muerde el corazón. Los hombres llamados a filas... Me sacude una pesadilla interior pues pienso en mis hijos y nietos, en los hijos y nietos de los demás, que dejan a sus familias a salvo en tierra polaca, para regresar al frente de guerra, en defensa de su nación.

En medio de tal pesadilla, fijo mi atención en Putin, personaje siniestro, su biografía provoca espanto, encarnación de tantos dirigentes dogmáticos que hemos soportado, aquellos que diseñan en sus mapas y a buen cobijo fronteras para su imperio, es decir para sí mismos, incitando a la conquista militar, la matanza, manipulando un ideal sobrenatural en el que los primeros en no creer son ellos. La descalificación de la razón del adversario para iluminar su sinrazón. La mentira disfrazando la verdad. La utilización de la fuerza militar porque resultan incapaces de mantener diálogo alguno.

¿Hasta cuándo aguantaremos la Humanidad que hombres como Putin disloquen nuestras vidas? ¿Que nos hagan más pobres y no solo económicamente sino moralmente? ¿Hasta cuándo hemos de sufrir el castigo que nos imponen el terrible autismo de esta calaña de personajes megalómanos que ha escrito las páginas más negras de nuestra historia? Julio César conquistando la Galia, Carlomagno Europa, Fernando El Católico construyendo un imperio en Europa y América, Napoleón traspasando fronteras a cañonazos, y el más reciente y a quien imita Putin, el terrorífico Hitler, para no hablar de Mussolini y la conquista de Abisinia, de Stalin y su régimen de terror, de Franco y su guerra maldita. Escribo estas líneas el mes del Día de la Mujer y reivindico el derecho de que los hijos que hemos parido con dolor y criado con amor, tengan un futuro amplio y bueno, no el de morir en un campo de batalla. Somos alumbradoras de la vida.

En esta tarde tarde de finales del invierno, lluviosa pero con ocaso luminoso, contemplo el florecimiento de los ciruelos que inician la primavera... y evoco la fiesta democrática de Castejón, el limpio encuentro entre pueblo y dirigentes, el discurso político conjugado en verbo democrático, la exigencia fundamental de nuestro Fuero de no incurrir mas allá de nuestra fronteras, la altivez con que Nabarra recordaba a sus reyes y reinas, que no valían más que ninguno de los suyos, el lema de los Infanzones de Obanos: Hombres (añado mujeres) libres en Patria libre... son alardes históricos de los que me mantengo orgullosa, porque hablan de civilidad, razón, entendimiento, dialéctica, asombrosas cualidades de la Humanidad como especie y de las que nos quieren despojar quienes utilizan la imposición de la guerra.



Comentarios

  • Dolor

    No hay punto de comparación. En lo que omite decir Arantza es que los tales llamdos ucranianos y los rusos son la misma gente, son RUS! Por qué omite???

    Bittor Erraul Larrea Zena (Baltimore), 13/04/2022 20:01

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Arantzazu Ametzaga

Arantzazu Ametzaga

Arantzazu Ametzaga Iribarren es bibliotecaria y escritora. Escribe desde Errikotxiki, en el Valle de Egues, en Navarra

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