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Rincones vascos en Cuba: Hemingway, Sinatra y Castro comieron en el Centro Vasco de La Habana

21/10/2010

Fachada del restaurante Centro Vasco, que recuerda un baserri (foto MM)
Fachada del restaurante Centro Vasco, que recuerda un baserri (foto MM)

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La Habana, capital de la isla, fue lugar de asentamiento de una parte importante de los vascos que vivieron en Cuba, y su presencia ha dejado huellas en algunos lugares de la ciudad. Estos rincones vascos son su legado más visible. En el siguiente artículo de Josemi Arrugaeta, publicado en euskera en el diario Berria, realizamos un recorrido siguiendo el rastro que dejaron los euskaldunes en la ciudad. Comenzamos por la céntrica Plaza de Armas y una irónica dedicatoria al rey español Fernando VII.

Josemi Arrugaeta/La Habana, Cuba. Situada en La Habana Vieja, la Plaza de Armas (la primera de la ciudad) contiene en uno de sus laterales una edificación de mediano tamaño, en cuyo frente ajardinado se alza un enorme árbol, una ceiba cubana, se trata de El Templete. A cualquiera de nosotros su imagen nos resulta familiar a simple vista, y no es ninguna casualidad. Efectivamente, es como una reproducción a pequeña escala de la Casa de Juntas de Gernika, incluyendo su propio árbol nacional.

Diseñado y mandado a construir por el Obispo alavés Espada y Landa, sobre 1820, la edificación está dedicada, no sin bastante ironía, al rey absolutista Fernando VII. Este Obispo vasco, profundo liberal, promovió en Cuba la Ilustración, reformó la educación, adecentó la ciudad, gastó todos sus ingresos en obras públicas y sociales, y es recordado por los cubanos con cariño y respeto, a pesar de haber sido autoridad colonial.

Erigió El Templete a manera de pequeña “Casa de Juntas”, en un puro estilo neoclásico, e hizo de la ceiba el símbolo de las ”libertades” de la Villa y sus habitantes, coronando finalmente sus columnas perimetrales con unas exóticas piñas de bronce. La intencionalidad política y su inspiración en nuestras tradiciones de libertad resultan evidentes pero además, para que no queden dudas, están consignadas por los más serios investigadores cubanos.

Rincones vascos en La Habana 3

[El Templete, situado en la céntrica Plaza de Armas de La Habana Vieja (foto MM)]

La Virgen de Begoña

Moviéndonos hacia el corazón de la misma Habana Vieja, y entre sus numerosas edificaciones religiosas, podemos encontrar la iglesia de San Francisco el Nuevo, en la esquina de las calles Cuba y Amargura. A pesar de que el estilo ecléctico de su interior tienda a confundirnos sobre su antigüedad, en realidad la impresionante edificación es un magnífico ejemplo del trabajo y la tenacidad de los franciscanos vascos en Cuba durante buena parte del siglo XX, aportando a la cultura, siempre fieles a su tradición.

El enorme recinto religioso es obra, inspiración y fruto del esfuerzo del padre Pujana, quien se empeñó en reconstruir la iglesia y, en 1925, consiguió inaugurar la nueva iglesia, que un obispo de aquella época describió como “un milagro en piedra”. Realmente la impresión no es para menos, pero para que además quede constancia de lo vasco, a pocos metros de su entrada, y a la derecha, podemos encontrar toda una pared dedicada a la Virgen de Begoña.

Rincones vascos en La Habana 2

[Iglesia San Francisco el Nuevo (foto MM)]

La enorme pintura mural data de 1955, su autor fue un artista de nombre Martínez Andrés y el retablo fue encargado por el “Comité de Damas de la Asociación de Beneficencia Vasco-Navarra”. Cuatro ángeles sostienen los escudos de nuestras provincias del Sur, mientras que el resto de la pared nos muestra una reproducción de la Basílica de Begoña, y sus zonas aledañas.

A los pies de los cuatro ángeles, el escudo de la Vasco-Navarra muestra su lema: Jaungoikoa ta Foruak/Euskal Erria-Caridad. Su figura central es una escultura que reproduce a la Virgen de Begoña, de algo más de metro y medio de altura, con su niño en brazos, y cubierta con su tradicional manto blanco y oro.

Lauburus anónimos

Caminando apenas unas calles, exactamente entre Acosta y Compostela, podemos encontrar el Arco de Belén (único en toda la ciudad), una especie de galería cerrada, que unía por encima de la calle, el convento del mismo nombre con un antiguo hospital de beneficencia. Construido por los padres betharramitas, en el siglo XVIII, conserva aun gran parte de su estilo barroco-americano. A la derecha del mismo Arco nos espera una verdadera curiosidad.

Alguien, desconocido, que participó en su construcción y quiso recordar su tierra lejana, dejó tallado, para la posteridad, en piedra caliza, un perfecto lauburu, casi minimalista por las proporciones, de unos 40 centímetros de diámetro, escoltado por dos flores de lis.

Rincones vascos en La Habana 1

[Arco de Belén, donde hay grabado un solitario lauburu en la columna de la derecha (foto MM)]

No muy lejos de allá y cerca de la Plaza Vieja, entre San Ignacio y Santa Clara, cuatro deteriorados lauburus, esculpidos a los dos lados del arco de entrada interior de una casa, nos dan la bienvenida a lo que debe haber sido la mansión de alguno de los numerosos comerciantes vascos del siglo XVIII, que quiso dejar claro su origen, actualmente es una casa de vecindad, o cuartería, en muy mal estado.

Palacio de los Gritos

Moviéndonos hacia Centro Habana, en la confluencia de las calles Lucena y Concordia, nos vamos a encontrar con el que fue considerado el frontón más importante del mundo, por lo menos desde 1930 hasta fines de 1950. El Palacio de los Gritos, como se le conocía popularmente entre los habaneros, fue abierto en 1901 y cuenta con una impresionante cancha de 64 metros que se encuentra en un alarmante estado de ruina, abandono y agresión.

La estructura exterior presenta ya serias fallas estructurales, mientas que el frontón propiamente dicho, aun recuperable, está en la frontera de perderse para siempre. Los mejores pelotaris del mundo, de varias generaciones, gran cantidad de ellos vascos, formaron parte de sus carteleras habituales, y no fueron pocos los que “chocaron” con la dureza y exigencia del material del que está hecho. Personajes famosos lo frecuentaron, como el Nobel de literatura Ernest Hemingway, que nos legó sus impresiones, sobre sus veladas en este reciento, en forma de entrevista.

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[El edificio del frontón presenta un alarmante estado de ruina (foto MM)]

Restaurante Centro Vasco

Bordeando el Malecón hasta el céntrico barrio de El Vedado, en la intersección de las calles 3ª y 4 vamos a encontrarnos con el Centro Vasco, abierto en 1954. Su fachada reproduce un caserío de considerables proporciones, en el frontis el escudo de Euskal-Herria. Edificado por Juan Saizarbitoria, natural de Mutriku, exiliado de la guerra devenido en próspero empresario.

A pesar de que su nombre nos llame a engaño la edificación nunca fue exactamente una euskal-etxea, en su sentido de centro social, sino un restaurante privado, sin dejar de remarcar por eso que fue lugar de encuentro y referencia para pelotaris, los numerosos marinos mercantes vascos que recalaban en esa época y parte de la colonia vasca de esos años, además de ser frecuentado por conocidas personalidades como el citado Hemingway, Josephine Baker, Frank Sinatara y el mismo Fidel Castro, durante su etapa universitaria.

Intervenido por la Revolución en la década de 1960, pasó a ser de propiedad estatal, sin perder su función de centro gastronómico. Tanto el exterior como su interior mantienen un buen estado constructivo, fiel al original, y en los últimos seis años ha servido de marco a las celebraciones y actividades de la pequeña comunidad vasco-cubana, como son el Aberri Eguna, y los ya regulares encuentros de la Peña Athletic de Cuba.

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[Inauguración del restaurante Centro Vasco de La Habana (foto MM)]

Todas las paredes del amplio restaurante, situado en la parte inferior del edificio, están decoradas con cinco enormes y muy interesantes pinturas, óleos sobre tela de unos 4 metros por 1.80 cada una, realizadas por el artista Teo Carrasco. Su figuración representa todo un catálogo de escenas vascas: Las regatas de Donostia, el puerto de Elantxobe, caseríos e iglesias rurales, paisajes que a su vez están poblados por una numerosa galería de personajes típicos de nuestra cultura: baserritarras, harrijazotzailes, segalaris, arrantzales…

El Panteón Vasco-Navarro

Subiendo desde el Centro Vasco hasta la ligera altura que corona el mismo barrio, llegamos al Cementerio de Colón, cuya entrada está situada en Zapata y calle 12. En el interior de este amplio y soleado recinto, que es Patrimonio Nacional, vamos a encontrar el Panteón Vasco-Navarro, que aun es propiedad de la asociación de beneficencia del mismo nombre. Su construcción comenzó en 1890 y se terminó en 1902, siendo el primero de carácter social del camposanto.

La parcela enrejada, de unos 70x70 metros, contiene algo más de 25 tumbas alineadas como formando camino hacia la pequeña basílica que se erige en su fondo, y que actualmente esta en fase final de reparación. Sin embargo no es ese el caso de la cripta situada en su subsuelo, que a pesar de que no se vea, se encuentra en un pésimo estado y sirve aun de lugar de reposo a los restos de más de 600 vascos y vasco-cubanos, que vivieron y murieron en Cuba a todo lo largo del siglo XX.

Los lugares citados son algunos de los más significativos, aunque también podríamos añadir al listado sonoras calles como Ayestaran, Zulueta, San Ignacio o Aranguren, los nombres de pequeños bares o cafeterías como el Bilbao, el Toki-Eder o el Toki-Ona, o la propia casa del Obispo Espada, rastros también de la vida de los vascos en la ciudad. Todos estos rincones vascos en la Habana son parte de nuestra historia, una faceta muy poco conocida de nuestro patrimonio cultural que es preciso dar a conocer, cuidar y rescatar en la mediada de lo posible, para acordarnos que fuimos, y somos, también un pueblo de viajeros, emigrantes y exiliados.



Comentarios

  • Palacio de los gritos

    Hola Josemi, gracias por tu artículo. Me gustaría aportar algunos datos: El Frontón de La Habana, también llamado "Palacio de los gritos" fue construido gracias a la iniciativa del torero elgoibarres Luis Mazzantini quien, junto a su hermano y otros socios, obtuvo la concesión del terreno -que era del Ayuntamiento- en el año 1898. Aunque el permiso original fue retirado, Mazzantini, por entonces integrando con Basilio Zarasqueta la sociedad Frontón Jai Alai, lo renovó en el año 1900. La obra fue inaugurada, al son del Gernika´ko Arbola, el 3 de marzo de 1901. Allí se realizaban partidos a beneficio de las obras sociales de la Asociación Vasco Navarra de Beneficencia. Este frontón dejó de ser explotado por esta sociedad al vencer la concesión municipal a mediados de 1910.

    Alberto Irigoyen, 21/10/2010 16:06

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